Yolanda Ordás (Onda Bierzo): “Sin un micrófono delante me siento desnuda”

Yolanda Ordás

Irene Hernández Velasco ha entrevistado para El Mundo a Yolanda Ordás, probablemente la más veterana de las locutoras en activo en España.

¿Cómo empezó en la radio?
Empecé en la estación Escuela número 29 del Frente de Juventudes. Ignacio Linares, quien después sería mi marido, iba allí con Luis del Olmo a ‘jugar a la radio’, como decían ellos, y yo también empecé a ir. Pero de forma continuada, trabajando, desde el año 57.

¿Alguna vez la han censurado?
No recuerdo que me hayan prohibido nunca nada. Durante el franquismo, eso sí, teníamos que dar todas las noticias de Franco y de la Sección Femenina. Eran tiempos muy distintos. Para poder casarme, por ejemplo, tuve que hacer el llamado servicio social. Me tocó en un hospital, tenía que ir todas las tardes a controlar los medicamentos caducados. Si no hacías el servicio social y el cursillo prematrimonial, no te casabas.

¿Se ha sentido alguna vez discriminada por ser mujer?
Nunca, ni por mis compañeros ni por nadie. Y nunca he ganado menos que los demás por ser mujer. Es más: en ocasiones he cobrado más que algunos compañeros hombres, también porque hacía más trabajo que ellos. Y sólo he estado de baja cuando he tenido a mis hijas, nada más. Con catarro, con gripe, con dolor de garganta, he ido siempre a la radio.

¿Era difícil compaginar trabajo y vida familiar?
Me sorprenden a veces las madres de hoy en día, que se quejan de lo mucho que les cuesta compatibilizar el trabajo con el cuidado de sus hijos, y cuando les preguntas resulta que tienen sólo dos hijos. Yo tenía cinco, y en una época en la que no existían los pañales desechables, eran de tela y había que ponerlos a hervir.

En el Bierzo usted es toda una institución…
No quiero ser presuntuosa, pero aquí me conoce todo el mundo, si no en persona, por la voz. La de veces que me ha ocurrido entrar en una tienda y que me reconocieran al oírme hablar…

¿Lo mejor de la radio?
El contacto con la gente, la cercanía. Lloro mucho cuando escucho las cosas que les pasan, lo que me cuentan los oyentes. Lloro mucho. Por eso no podría hacer televisión. Pero en la radio soy capaz de seguir adelante mientras me resbalan los lagrimones por las mejillas.

¿Qué le saca de quicio?
La mala dicción. Antes se daba mucha importancia a la voz, a tener una buena dicción. Hoy cualquiera se pone delante de un micrófono y hay gente a la que no se le entiende. Eso me pone de los nervios.

Sin un micrófono delante usted…
Sin un micrófono delante me siento desnuda. Cuando a veces me piden que dé una charla en un colegio, si no hay micrófono lo pido, lo necesito para sentirme cómoda.

¿Qué noticia le ha impresionado más?
El golpe el 23-F. Estuvimos todo el día en la emisora poniendo marchas y música clásica, no nos dejaban dar nada. Fue un día muy largo, estuvimos hasta las 3 de la madrugada todos pendientes de lo que ocurría.

Entrevistas, reportajes… ¿cuál es su género?
Me gusta todo, todo, todo. No sé si es bueno o malo, pero le confieso que nunca preparo las entrevistas. Cuando alguna vez un entrevistado me ha dicho que si le podía pasar antes las preguntas le he dicho que ni hablar, porque las entrevistas se hacen a pecho descubierto y porque no hay preguntas preparadas, yo improviso sobre la marcha.

Hace unas semanas cumplió 80 años y sigue al pie del cañón, haciendo radio. ¿No se plantea jubilarse?
No. Seguiré hasta que el cuerpo aguante. Tengo todavía voz y ganas.

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