Luis del Olmo, Alma del Bierzo, corazón de León



Luis Del Olmo

En Diario de Leon leemos: En Ponferrada nací dos veces: nací como ser humano y nací como comunicador de radio. Nací para la radio cuando gané un campeonato de ping pong y me entrevistaron en Radio Juventud de Ponferrada. Después de la entrevista, me olvidé de todo lo demás, pasaba todos los días por la emisora a ver si tenían algún trabajo que hacer. Tanto insistí que me lo dieron.

En aquella época, una emisora de provincias vivía con lo mínimo. Las unidades móviles eran de tracción humana, como el coche de San Fernando, unos ratos a pie y otros andando. Eso sí, acarreando un pesado magnetófono, camino de la estación, para entrevistar a algún famoso, para hacerle unas preguntas.

Después de una breve temporada en Radio Asturias, conseguí trabajo en la radio en La Voz de León, donde estuve cinco maravillosos años. Ya tenía claro que en vez de ingeniero de minas, que estudia el fondo de la tierras, iba a ser ingeniero de ondas. A estas alturas de mi vida miro hacia atrás y compruebo que, a pesar de la distancia, he construido un Bierzo personal y un León íntimo, a base de recuerdos, de cariño y de dedicación. No ha sido exclusivamente mérito mío: mis queridos paisanos me han considerado profeta en mi tierra y esto es algo que nunca olvidaré. Es más, me obliga a seguir profesando un amor constante, profundo y leal a mi querido Bierzo y a mi inolvidable León que por linaje, historia, arte y esplendor destaca entre los paisajes de nuestra querida España.

Lo mejor del Bierzo es que está en León. No es la primera vez que lo digo. Un buen leonés no sólo se limita a serlo: ejerce de ello. Siempre que tiene ocasión, se convierte en pregonero y propaga las excelencias de una tierra magnífica por su historia, asombrosa por su paisaje y acogedora por sus costumbres, promoviendo en lo posible el interés y el deseo por conocerla bien de cerca. León tiene mucho que ofrecer. Fue reino de luchadores, retiro de eremitas, patria de artistas y su historia ha marcado un sello indeleble en su geografía. La mística del Valle del Silencio se mezcla con la esplendidez de una gastronomía donde brillan por su presencia el botillo berciano, el cocido maragato, las truchas del Órbigo y la gran variedad de caza, mayor y menor.

La nobleza recóndita de una historia y un arte dignos de asombro y reverencia se une a una diversidad de paisaje donde toda la Montaña contrasta con el Páramo, la Meseta se complementa con la Ribera y la Maragatería compite con El Bierzo. Y todo ello presidido por una ciudad bimilenaria como León, que es visita obligada, tan sólo por su catedral, la Pulcra Leonina, la más bella joya del gótico español, y por el Panteón Real de la Colegiata de San Isidoro, la capilla sixtina del arte románico.

Mis dos amores son así, tanto monta, monta tanto El Bierzo como León. El Bierzo es León y León es El Bierzo. Cuando llegó la pandemia y se inmovilizó el país, El Bierzo tenía pendiente muchas exigencias incumplidas. La primera, la energía. La culpa la tiene la crisis del carbón y el cierre de las centrales térmicas. Lo de Endesa no tiene nombre. Las promesas que hizo Endesa de crear centros de energía alternativa para El Bierzo se han quedado en el aire, no en forma de energía eólica, sino en forma de palabras que se las ha llevando el viento. No queda nada de aquella Ponferrada que llamaban la Ciudad del Dólar por los trenes llenos de carbón que salían para todas las partes de España.

Espero que después de la pandemia, cuando llegue la era de la reconstrucción, los tres gobiernos, el estatal, el autonómico y el provincial, apoyen a la comarca del Bierzo y a León mucho más de lo que han hecho. Nuestras reivindicaciones las han cambiado por promesas que no se han cumplido, palabras para salir del paso.

La Junta de Castilla y León es demasiado castellana y poco leonesa y esto no se puede consentir. Cuando se permita la movilidad y se abran las fronteras, hay que recuperar el potencial turístico de nuestra tierra. Está demostrado palpablemente que el turismo del futuro no será el de playa y sol, sino el de paisaje, historia, ecología y gastronomía.

León y El Bierzo tienen mucho que ofrecer en ese terreno. Historia de templarios, paisaje de valles, montañas, pueblos únicos, y sobre todo la Medulas, el único Patrimonio de la Humanidad de la provincia de León que no está cuidado como se merece y necesita mas recursos económicos para convertirlo en cita obligada de todo viajero.

No me quiero olvidar del expresidente Zapatero, que me prometió asistir a la inauguración del tren AVE en Ponferrada. Todo aquello quedó en agua de borrajas. Hoy, por fortuna, no se puede hablar de progreso sin un cuidadoso respeto al entorno natural. La ecología no es un concepto, sino un sentimiento, no circula por las cuentas de resultados, sino que pertenece a la parcela del corazón. La ecología está grabada en nuestros castros prerrománicos, flota en nuestras lagunas, dibuja el vuelo de las águilas, mantiene vivas las casonas de piedra y pizarra, se enorgullece de sus espacios protegidos, protege la riqueza de sus riquezas naturales, y enarbola el estandarte de sus tradiciones. En definitiva son un reflejo exacto del alma y el corazón de nuestras tierras. Alma libre y generosa, corazón noble y apasionado. Alma del Bierzo, corazón de León.

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