Jordi Basté (RAC 1): “La radio es un antidepresivo”



Jordi Basté - Foto: Pol Alfageme

Cada mañana despierta a unas 700.000 personas y es, indudablemente, una de las voces más conocidas de la radio en Catalunya. Con una larga trayectoria que se inició en Radio Juventud de Barcelona, Jordi Basté lleva ahora 12 años al frente del programa matinal líder en catalán, El Món a RAC 1. Reconocido con dos premios Ondas, entre otros, también ha hecho incursiones en el mundo de la televisión y el de la narrativa. En este sentido, la presente temporada la hemos visto presentando No pot ser! en TV3, un programa sobre tecnología y que se plantea hacia dónde va el mundo. Le ha entrevistado Julia Solé para Comunicacio 21 con foto de Pol Alfageme.

  • Dicen de usted que es un catacaldos, no sé si maliciosamente, porque por otra parte parece que es capaz de llevar a cabo cualquier reto que se le presenta.
  • Esto de catacaldos me gusta mucho porque recuerdo que un amigo -una persona con la que trabajé muchos años en Catalunya Ràdio que ya se ha jubilado, Jaume Boix- cuando yo tenía 20 años me dijo una frase que se me ha quedado marcada y que mucha gente de aquella redacción histórica de deportes de Catalunya Ràdio recuerda: «Tu niño -porque todavía me dicen niño-, eres como las moscas; vas de mierda en mierda». Esto es la definición de lo que sería catacaldos. Y yo … es que soy muy inquieto! El jefe, a veces, va más rápido que todo. Pero, por ejemplo, de televisión había hecho muy poca. Es verdad que había hecho el Gol a gol, pero un programa en TV3 semanal, no. Y creo que tocaba hacer, ¿no? Todo lo que se me ponga por delante … Hay cosas que quizás no haría pero probar, probar, está muy bien. Y también, por tanto, descartar.
  • Hablando de cómo va el mundo; ¿que ha extraído de todos estos programas?
  • Cuando me vinieron a buscar (porque este programa no lo llevo yo, sólo lo presento, la directora, que es espléndida, es Rosa Olucha) la idea era muy buena porque era un personaje que habla mucho de tecnología, le gusta mucho, pero no tiene ni puñetera idea del tema, que soy yo, claro. Es decir, yo estoy todo el día con el móvil, me gusta la tablet, todos estos temas me parecen fascinantes: hablar de compartir me parece fantástico, hablar de los avances que hacen que la medicina en estos momentos sea exponencial me parece fantástico, hablar de la inmortalidad me parece inquietante, del big data … pero no tengo ni idea de tecnología. Pero, también, cuanto más tecnología más solos estamos: te vallas a tu mundo, te tiras en la cama, coges tu móvil, coges tu tablet, estás allí … Nos hace muy poco cómplices. Deberíamos empezar a pensar que, por ejemplo, tal vez en un restaurante no debería haber móviles. Ya hay gente que lo hace, grupos de amigos que dicen «el móvil se queda fuera», «no lleves el móvil», «quien la ponga en marcha, se va fuera». Cada vez estoy más de acuerdo porque hay grupos de gente aislados; la gente joven vive aislada …
  • Siguiendo con la tecnología; ¿qué piensa del papel de las redes sociales en la manera actual de hacer periodismo?
  • Aquí tengo más dudas … Con Twitter tenemos esta agencia de noticias y, en lugar de ser Efe, Europa Press, Reuters, es todo el mundo periodístico: La Vanguardia, El País, El Nacional, El Mundo, todos los periódicos que quieres, The Times, el New York Times … Pero después tienes gente que no es periodista que hace de periodista (o que quiere hacer de periodista) y nosotros, como receptores lo creemos poner todo a la misma altura. Y es un error. No es lo mismo el trabajo de una persona que pasaba por la calle que la de un periodista. Twitter nos ha puesto delante del espejo a los periodistas; esto es positivo, es verdad, pero otras veces ha comenzado una cacería salvaje hacia la persona (que puede ser desde alguien que gana mucho dinero haciendo no sé qué a una persona que está haciendo un stand up en un informativo cobrando 1.000 euros). Y la crítica que recibe del espectador, que es aquel que hace el tuit, es de una manera casi salvaje. Aquí hay que saber diferenciar … pero yo creo que, en general, el Twitter es muy beneficioso, el Facebook creo que está claramente en decadencia e Instagram es lo que nos gusta hacer de vez en cuando, que es mostrarnos, desnudarnos delante de la gente.
  • Y hablando del futuro, después de tantos intentos de matarla, ¿podemos dar la radio por viva definitivamente?
  • Sí, yo creo que es inmortal. Bueno, digo esto y toco … hierro porque … yo creo que ha sobrevivido a todas las ideas de posible destrucción y todas las figuras apocalípticas que decían que la radio no tenía futuro. La radio tiene un componente que no tienen otros medios: es un antidepresivo; no hay cosa más maravillosa cuando tienes un problema que es que alguien te hable. Y, seguramente, alguien que te hable de lo que no sea tu problema. Y la radio tiene esto. Es decir yo, cuando estoy bajo de moral, escuchar un partido de fútbol por la radio me anima, escuchar a Clapés por la tarde me anima … lo mejor que puedes hacer es ponerte la radio al oído y que te hablen y que te digan cualquier estupidez. Por eso creo que no hay este conflicto de si vendrá no sé qué invento audiovisual y acabará con la radio. Lo han intentado la televisión, la televisión en color, internet … y no han podido con la radio. Por lo tanto, yo creo que tiene esta magia que difícilmente será destruida.
  • Tras 12 años al frente de El Món a RAC 1 y siendo líder de audiencia, ¿cuáles cree que son las claves del éxito de su programa?
  • Naturalidad es una palabra que yo creo es el concepto de la vida. Es decir, si tú haces radio, si tú lo haces natural, si eres como eres, habrá gente que le caerás muy mal pero habrá mucha gente que pensará: «pues mira, este piensa como yo», o «no piensa como yo pero lo dice de una manera que … «, o «estos comentan eso que … «. Y luego, otro de los logros que para mí es fundamental a la hora de hacer un programa o de trabajar en grupo: el «buen rollo». El tema grupal es básico; es decir, que haya un buen ambiente de equipo es fantástico, y, yo, hay veces que soy muy ciclotímico y que me aguanta … sólo tengo los del programa, que son una especie de secta. Yo creo que este es otro de los logros junto con la naturalidad a la hora de hacer el programa. Somos todos un poco el reflejo de lo que pasa en la sociedad: si hay una serie que tiene éxito, pues hablamos de aquella serie; si nos agota la política pues decimos, «hosti, hoy queremos hablar de otra cosa». Es decir, hemos dado una patada en el atril de lo que era la radio de aquellas voces chulas yo no tengo una voz bonita- ni aquellos tonos ni aquel lenguaje perfecto, de aquel catalán cuadrado … nosotros somos absolutamente imperfectos, muy naturales, como la gente. Esto ha hecho, seguramente, que la gente haya subido al carro de una idea de programa, digamos, «tal cual».
  • Por cierto, este su «tastaolletisme» al que hacíamos referencia al principio ¿acabará superponiéndose El Matí a RAC 1, en algún momento?
  • No sé … llevo 12 años … Siempre digo -hace 8 años que lo digo- que mi presencia tiene fecha de caducidad: soy como un yogur, o sea, con una fecha de caducidad. Ahora, la fecha no se cual es, eso es verdad. Puede ser ahora, puede ser dentro de un año … Yo necesito encontrarme a mí mismo, y decidir qué hago el próximo año, y el año que viene decidiré qué hago otro. Pero yo creo que mi final de las mañanas cada vez está más cerca, sí, evidentemente.
  • Antes de terminar, una pequeña incursión en cuanto a política. Ahora que se ha terminado el juicio del proceso, ¿cuál es la sensación de hacia dónde va Catalunya?
  • Depende de la sentencia que haya del proceso, a ver qué pasará en Catalunya; tengo mucho interés en ver qué hará la gente. España, como concepto de Estado, se ha pensado que aquí, con un juicio que dicen que es justo -que yo no me lo creo; para mí, muchas cosas de la sentencia están dictadas de antuvi- pues que … «bueno, pues ya está, ya lo hemos hecho callar, todo ello». No, no, no. A mí, de hecho, lo que me sorprende es que el tactismo político no ha permitido que haya reuniones de 40 días y 40 noches entre todos para ver cómo salimos de aquí. Porque necesitamos salir de aquí. ¿Cómo? No lo sé; yo creo que la mejor manera es contarnos, de forma vinculante. Vamos a contarnos de verdad. A ver, ¿cuántos somos? Yo creo que si lo hubiéramos hecho de entrada hubiera ganado el «no» claramente, pero es que cada día que pasa hay más gente que vota a favor de la independencia, y dos millones de personas en un país como este no los silenciaràs . Si es que desde Madrid no hay ni una caricia -es que ni una! -, una caricia que haga que digas, «ey, yo ya no quiero ser independiente». No, no, no, es que al contrario. Y ahora, como haya una sentencia condenatoria importante, yo creo que aquí puede haber un resultado espectacular. Veremos … no lo sé.
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