16.7.2026.- Marco Bittner escribe en eldiario.es que la noche del 28 de abril de 2025, cuando el gran apagón dejó a la península sin luz, sin telefonía y sin televisión, en Calp solo funcionaba una cosa: un generador que varios concejales y un técnico municipal habían subido a pulso hasta la cuarta planta del ayuntamiento. Alimentaba un pequeño estudio de radio montado con equipos reciclados. Durante varias horas ininterrumpidas, el 107.4 FM fue el único canal de comunicación operativo del municipio: avisos, información y contacto con la población. Se repartieron transistores entre la policía local y algunos vecinos mayores. Quien aquella noche giró el dial y encontró una voz hablando de Calp probablemente no sabía que esa frecuencia llevaba cuarenta años intentando sonar.
La historia empieza a finales de los ochenta, cuando Manolo Santas llegó a Calp con oficio acumulado en la instalación de emisoras por toda la franja levantina. Encontró un municipio que crecía a velocidad extraordinaria —el turismo despegaba, las urbanizaciones se multiplicaban, llegaban vecinos de toda Europa— y del que, sin embargo, nadie contaba nada. Calp aparecía en los grandes medios por tormentas (naturales y políticas) o por sus cifras de ocupación estival. Su vida cotidiana era invisible incluso para sí misma.
De esa contradicción nació la propuesta de una radio municipal. El ayuntamiento inicialmente la acogió: se reservaron recursos, se formó a personal, se destinaron unas dependencias municipales para alojar los estudios —las mismas que hoy ocupa el vivero de empresas— . Todo estaba casi listo. Y entonces el proyecto, simplemente, dejó de avanzar. Nunca hubo un acuerdo que dijera «la radio no se hará». Quienes participaron en aquellos preparativos recuerdan recelos y presiones de emisoras comerciales que no veían con buenos ojos una radio pública de proximidad en uno de los destinos emergentes del Mediterráneo. La primera radio de Calp murió sin haber emitido una sola palabra.
Pero la inercia se había generado y el hueco lo ocupó la iniciativa privada. Surgió Canal 27, la televisión local nacida en los noventa que hizo durante más de una década lo que la radio municipal no pudo: hablar del Peñón, de la Salinas, de la pesca, de la pilota, de los Baños de la Reina, de los hoteles pioneros y de la gente que había construido el municipio. Sin proponérselo, fue levantando la memoria audiovisual de una generación entera.
Con el nuevo siglo y la liberalización de la TDT, el Ayuntamiento volvió a intentarlo, esta vez a lo grande: Radiotelevisión Calp, con plató, estudios profesionales, plantilla propia y una inversión notable para la época. Funcionó, y durante años produjo información diaria, retransmisiones y programas culturales y deportivos. Pero arrastró desde el principio dos lastres: una controversia política permanente sobre el uso partidista de la programación y unos problemas administrativos crecientes con la legalización de las emisiones de televisión. Cuando llegó la crisis de 2008 y el consistorio se encontró profundamente endeudado, los informes técnicos y la tendencia política al recorte recomendaron el cese. En 2011 se cerró el ente completo. La radio, que a diferencia de la televisión disponía de licencia para emitir —el 107.4 FM se había concedido— , cayó dentro del mismo paquete. Entre bastidores, los mismos motivos de hace dos décadas. La versión oficial diría: “O se cerraba todo, o no se cerraba nada”. Se cerró todo.
Los equipos fueron inventariados y almacenados en unas dependencias municipales. En las mismas oficinas, exactamente, que veinte años antes iban a alojar los estudios de la primera radio.
Pocos meses después del cierre, el exconcejal Juan Roselló dirigió una carta abierta al alcalde César Sánchez. No pedía que se salvara el transmisor ni las cámaras: pedía que se protegiera el archivo. En aquellas cintas había vecinos ya fallecidos, entrevistas irrepetibles, fiestas, plenos, procesiones, la transformación de un pueblo pesquero en un municipio cosmopolita. Una televisión local, venía a decir, deja de ser un medio de comunicación el día que pasan veinte años; a partir de entonces es un archivo histórico. El tiempo le ha dado la razón: por una parte gracias al trabajo de recuperación del investigador Andrés Ortolá, hoy pueden volver a verse parte del trabajo de Canal 27 y RTV Calp sobre las Salinas, el Hotel Las Salinas o los antiguos caminos, y las conversaciones con Joaquín Tur Banyuls, Vicente París, Genaro Calatayud, Mariano Ortiz o Bernat Banyuls. Por otra, el gobierno actual ya está trabajando en una recuperación y digitalización de todo el catálogo.
Mientras tanto, el Ayuntamiento hizo algo discreto pero decisivo: mantuvo viva la licencia del 107.4 FM. No fue por falta de intentos: entre 2015 y 2023 el proyecto se retomó varias veces, y otras tantas encalló en resistencias internas y falta de visión. Durante doce años la frecuencia no emitió, pero tampoco caducó.
En 2023 se decidió recuperarla, y nadie partía de cero. Había licencia vigente, había equipos recuperables y había, de nuevo, Manolo Santas, casi cuatro décadas después de imaginar la primera emisora. Lo que siguió fue trabajo poco vistoso: repasar el inventario partida a partida para ver qué se podía reutilizar, subir al repetidor de Toix, rehabilitar la antena, poner a punto transmisores viejos pero operativos, habilitar un ministudio con material reciclado por el departamento de informática.
Cuando el 107.4 FM empezó a emitir en pruebas ocurrió algo que ningún expediente había previsto: llegaron voluntarios. Hoy son más de quince las personas que, sin cobrar nada, cubren la parrilla —deporte, fiestas, música, cultura— con voces calpinas hablando de cosas calpinas. La participación activa de diversos departamentos ha ayudado a mantener la radio viva y que se convierta en una realidad. La radio ha participado en la primera edición del Calp Drumt, el concierto de marzo, así como en la creación de múltiples programas que sirven de lanzamiento a futuros profesionales y promesas radiofónicas locales.
Tras un año de emisión estable, el pleno municipal aprobó ayer el establecimiento del servicio y su reglamento. Es una aprobación inicial, con período de alegaciones por delante y retos evidentes: mejorar la emisión online, profesionalizar los equipos, asegurar un presupuesto de mantenimiento. Pero por primera vez en cuarenta años, la radio de Calp no es un proyecto: es un departamento municipal que ya ha demostrado para qué sirve. Lo demostró la noche del apagón, con un generador diésel en la cuarta planta y un pueblo entero escuchando. Manolo Santas propuso esta radio cuando aún había que explicar por qué hacía falta. 40 años después, ya no hace falta explicarlo.
A los departamentos que arrimaron el hombro, a los voluntarios que pusieron voz sin pedir nada a cambio, y a las entidades festeras, deportivas y culturales que han pasado por estos micrófonos: gracias por conjugar juntos el verbo más difícil, el que une presente y futuro en una sola voz. La de la 107.4 FM Radio Municipal de Calp.
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