Fernandisco, locutor (Los 40 Classic): “Ya no hay cintas de casete en las gasolineras, pero las radios siguen encendidas y la gente continúa escuchando música en el coche”

Fernando Martínez

15.6.2026.- Eduard Buil leha entrevistado para lavanguardia.com: El también DJ explica que cuando hace radio “el algoritmo soy yo; soy quien decide cuándo poner una canción concreta en cada momento” .

La radio musical española nunca volvió a sonar igual después de la aparición de un joven, procedente de Badalona, llamado Fernando Martínez Teruel. Su llegada supuso un antes y un largo después que, a día de hoy, alguna que otra década más tarde, sigue marcando a generaciones enteras bajo el nombre por el que todo el mundo lo conoce: Fernandisco.

Había algo en él que conectó de inmediato con millones de personas. Fernandisco transmitía una pasión auténtica porque la música no era simplemente su trabajo: era su forma de vivir. Resulta imposible entender la explosión de la radio musical en España sin detenerse en todo lo que representa su figura desde los 80 hasta hoy. Con su llegada, Los 40 dejó de ser únicamente una emisora de radio para convertirse en una parte reconocible de la vida cotidiana de toda una generación. Fernandisco estaba en medio de aquella revolución. Primero como un chico obsesionado con las emisoras americanas y más tarde como una de las voces más populares del país. Hoy vamos a descubrir su parte menos reconocible.

Fernandisco, ¿Cuál era el coche que soñabas tener cuando eras un niño en Badalona?
El coche con el que soñaba lo llegué a tener, aunque no era mío. Era un Renaut 5 que me dejó mi tío Quimet con toda confianza cuando me saqué el carnet de conducir a los 18 o 19 años. Y ahora cuando veo el nuevo R5 me acuerdo del que fue mi coche de Badalona.

¿En tu casa se viajaba mucho o las vacaciones eran algo excepcional?
Mi familia era muy humilde y no había dinero para grandes viajes, aunque tampoco sería justo decir que no salíamos nunca. Teníamos familia en Peñíscola, en Castellón, y muchos veranos íbamos allí, mis padres y yo, que soy hijo único. Para mí es un lugar lleno de recuerdos; cuando tenía 17 años pinchaba en el surfing de allí. Lloret de Mar, por mi tío Quimet y mi tía Paquita, también ocupa un lugar muy especial porque, cuando empecé a trabajar en Radio Barcelona, pasé muchísimos sábados pinchando en pleno centro durante una época muy bonita de mi vida. La sensación que me ha acompañado siempre es que he trabajado más de lo que me he ido de vacaciones.

¿Y cómo has vivido esto de trabajar tanto?
La radio ha sido un veneno que me ha acompañado toda la vida. Intento descansar cuando puedo, pero me gusta mucho lo que hago. Es uno de los oficios más bonitos que existen, sobre todo con los maestros que he tenido, como Constantino Romero, Joaquín Prat padre y Pepe Navarro. Siempre comparto una frase con mi mujer, Isabel: “Acércate a los buenos, que siempre vas a aprender algo”. Si te acercas a los malos, no te llevarás nada.

¿Qué pedías más en casa, un coche, una moto o un tocadiscos?
De pequeño pedía juguetes pero, con 8 o 9 años, mi abuela Francisca me regaló un transistor, que me cambió la vida para siempre y todavía conservo. Empecé a escuchar la radio y a preguntarme qué había dentro y de quién eran aquellas voces. Con el tiempo fui entendiendo qué era todo aquello y acabé dedicándome a la radio. También te tengo que decir que soy un gran amante de la televisión. He trabajado muchos años en ella y me apasiona, pero si tuviera que repartir porcentajes, sería un 70% radio y un 30% televisión.

¿Qué viajes en coche son los que no vas a olvidar?
Los viajes en coche que más recuerdo son los que hice de niño en los que me ponían la radio. Aquellos momentos eran fundamentales para mí porque era un auténtico enfermo de la radio. Escuchaba a gente hablar y me volvía loco. Escuchaba Radio España de Barcelona y a profesionales como Albert Malla, Mario Gargallo, Ernestina Guillén o Fernando Del Collado, personas que me marcaron y me aficionaron a este medio.

Cuando cumpliste la mayoría de edad, ¿te sacaste rápidamente el carnet?
Sí, me lo saqué pronto. Antes de los 19 ya lo tenía y mi tío Quimet me dejó el coche apenas dos semanas después. Para mí fue muy importante que se fiara de mí. Tengo un gran recuerdo de él. Era un gran profesional, pero sobre todo una gran persona, de esas que dejan huella y marcan el camino, de las que ves y quieres parecerte a ellas en todo lo que hacen. Mi tío era así, igual que mi yayo Ferran, que fue una referencia en mi vida y al que tampoco olvidaré nunca, porque creo que las personas que ya no están siguen aquí mientras te acuerdes de ellas.

¿Qué coche tienes ahora?
Un Toyota C-HR híbrido. Lo compré porque pensé que era el que mejor me encajaba. Es un coche curioso, pero nunca he sido un obsesionado de los coches ni de tener un maquinón. Me gusta llevar algo que esté bien, normal.

¿La radio se escucha distinto conduciendo?
Sí, la radio se escucha de una forma distinta cuando conduces. Me pasa escuchando a mis compañeros de Los 40 Classic, porque me hacen sentir algo muy especial: es como si me estuviera escuchando a mí mismo en la voz de otros. Además, la radio tiene algo que ninguna plataforma puede ofrecer. Cuando escuchas a profesionales como Penedo, Andrea o Juanito, no estás escuchando una lista que te marca un algoritmo. Estás escuchando a personas. Yo siempre digo que, cuando hago radio de 11 a 14 h, el algoritmo soy yo. Soy quien decide cuándo poner una canción de Queen, de Chris Isaak, de Christopher Cross o de Mecano. Sé cuándo toca cada una porque conozco a la gente y sé lo que le puede apetecer escuchar en cada momento. Eso es lo que me apasiona de este oficio.

Durante años enlazaste programas, conciertos y discotecas prácticamente sin descanso. ¿Hubo una época concreta en la que vivías más dentro del coche que en casa?
¡Ya lo creo! Esa descripción encaja perfectamente con la época en la que hacía Del 40 al 1 en Canal Plus y enlazaba constantemente televisión y radio. Estuve 12 años al frente del programa musical número uno de España y prácticamente no tenía vacaciones. Mi mujer tuvo una paciencia infinita porque durante todo ese tiempo apenas podía desconectar. No podía irme quince días porque cada semana había que grabar la lista de Los 40 Principales, así que, con suerte, tenía cuatro o cinco días libres. Viví muchísimo tiempo dentro del coche.

Fernando, tengo entendido que un viaje que te marcó especialmente fue a Londres
Estuve aproximadamente 21 días en Londres haciendo un curso con Mike Allen, un presentador que hacía un programa nocturno. Éramos cuatro personas, dos españoles y dos italianos, y estábamos con él mientras hacía radio en un estudio espectacular para aquella época. Recuerdo que nos dijo: “Ahora me estoy preparando, pero cuando empiece lo sabréis”. Arrancó con una canción de Johnny Mathis que utilizaba como sintonía y se me pusieron los pelos de punta. Ver cómo hacía un programa de noche, con aquel sentido del ritmo y esa voz increíble, fue toda una lección.

La radio musical de los 80 y los 90 tenía algo muy físico: carretera, madrugada, gasolineras abiertas, cintas grabadas directamente de la radio… ¿Qué se ha perdido de aquella manera de escuchar música?
A lo mejor se ha perdido un 20% de aquella espontaneidad, pero si te fijas, sigue ocurriendo lo mismo. Ya no hay cintas de casete en las gasolineras, eso ha desaparecido, pero las radios siguen encendidas y la gente continúa escuchando música en el coche. Cuando voy a festivales, siempre hago la misma broma diciendo que “Yo soy el locutor de la caja de zapatos”. Se quedan mirándome y preguntan qué quiero decir. Entonces les explico que muchos tienen todavía cintas de casete grabadas de mis programas guardadas en una caja de zapatos en algún rincón de casa. Creo que la radio ha cambiado, pero sigue conservando ese rescate emocional del que hablábamos antes. Tecnológicamente, hemos avanzado muchísimo. Ahora puedes escuchar una emisora desde una aplicación, desde la TDT o desde cualquier dispositivo, pero la esencia sigue siendo la misma: una persona contando historias. Da igual el formato que utilices: La radio sigue siendo especial porque tiene algo que no tienen las plataformas.

Fernando, ¿Con qué estrella del rock o del pop has compartido un viaje en coche inolvidable, para bien o para mal?
En el coche no recuerdo haber compartido muchos viajes con artistas, aunque sí he coincidido con Jordi de OBK, que es un tipo genial y está en la gira del 35 aniversario. Ahora bien, hay muchísimos artistas que han estado conmigo en el coche, de otra manera, durante toda mi vida. Freddie Mercury, Elton John, Tina Turner, Depeche Mode, Paul McCartney o Phil Collins han viajado conmigo cada vez que he escuchado sus canciones.
Cuando suena Rocket Man, me acuerdo del tiempo que me dedicó Elton John. Si escucho Don’t Look Back in Anger, recuerdo la entrevista con Oasis. Cuando oigo Personal Jesus, vuelvo a mi conversación con Depeche Mode. La música tiene esa capacidad de transportarte a momentos concretos de tu vida. Son artistas irrepetibles, gente que marcó una época y que sigue muy presente muchos años después.

Los viajes en coche crean una intimidad muy importante con las personas que van a tu lado, ¿Recuerdas alguna conversación en coche que no vayas a olvidar?
Las conversaciones que he tenido con mi mujer durante todos estos años son las que nunca podré olvidar. Es la persona a la que amas, con la que vives y con la que compartes absolutamente todo, así que cuando viajamos juntos surgen pensamientos y reflexiones maravillosas. Siempre le he dicho a Isabel que las conversaciones que mantenemos en el coche, cuando vamos a trabajar o a cualquier otro sitio, son especiales. Cuando llevas 35 años casado, imagínate todo lo que puede haber salido por nuestras bocas. A veces ponemos en un segundo plano a las personas más importantes de nuestra vida porque las damos por hechas, cuando en realidad son las que merecen estar en el pedestal.

Teniendo en cuenta que tu voz es inconfundible, ¿Qué conversación con un taxista que te haya reconocido no olvidarás?
Recuerdo a un taxista, hará aproximadamente un año, que me llevaba en su coche y no paraba de mirarme de reojo. Ya sabes que los mejores psicólogos del mundo son los taxistas. Empezamos hablando del tiempo, de cómo iba el día, de las horas que llevaba trabajando y de que ya tenía ganas de volver a casa. Al cabo de unos veinte minutos se giró y me dijo: “Oye, ¿tú no serás Fernandisco?”. Le dije que sí y respondió: “¿Cómo no me he dado cuenta antes?”. Entonces le dije: “Pues llevas veinte minutos observándome y podías haberlo preguntado antes”. Se echó a reír y me contó que había crecido escuchándome. Me decía que salía de fiesta los viernes, llegaba a casa de madrugada y que los sábados por la mañana no se perdía Del 40 al 1 en Canal Plus.
Lo más divertido fue cuando me confesó que algunas noches volvía tan perjudicado que le costaba encontrar su casa. Le pregunté si se refería al rellano y me respondió: “No, no, al bloque. Me confundía de edificio”. Aquello me hizo muchísima gracia. Al final, era alguien que me había seguido de joven, que seguía escuchándome en Los 40 Classic y que no sabía cómo preguntarme si realmente era yo. Fue una conversación muy divertida porque, además, era un tipo encantador y muy educado.

¿Por cuál de estos coches cambiarías tu Toyota: K.I.T.T. – El Coche fantástico – la furgo del Equipo A, el DeLorean de Regreso al futuro o el Ferrari de Magnum P.I…?
No me habían hecho nunca esta pregunta. El coche fantástico significa muchísimo para mí. De hecho, Michael Knight marcó a toda una generación. Pero, además, hace un año y medio, cuando volví a Los 40, el equipo de marketing preparó una acción espectacular con una réplica auténtica de KITT. Grabamos en Barcelona y el coche incluso tenía un software que me saludaba diciendo: “Hola, Fernandisco, bienvenido a tu casa, a Los 40”. Se me pusieron los pelos de punta.
Me monté, lo conduje y grabamos el vídeo de mi regreso a la emisora llegando precisamente en El Coche Fantástico. Fue una experiencia increíble porque era un coche que siempre había querido ver de cerca y nunca había tenido la oportunidad. Poder sentarme al volante y conducirlo, aunque fuera durante la grabación, fue uno de esos momentos que no se olvidan.

¿Hubo algún viaje que te hiciera ver que tu vida había cambiado para siempre?
Lo tengo muy claro: el viaje de vuelta a casa cuando nació mi hija Paula y, después, cuando nació mi hijo Ferran. Recoger a Isabel en la Clínica Belén de Madrid y volver a casa con ellos fue algo que me cambió la vida para siempre. Eran trayectos cortos, de pocos kilómetros, pero llenos de incertidumbre. De repente eres padre y empiezas a preguntarte: ¿Y ahora qué? ¿Cómo se hace esto? ¿Cómo se vive a partir de hoy?”. Te das cuenta de que ya no eres el más importante de la casa. Ahora lo son tus hijos. Tanto en el primer viaje como en el segundo supe que mi vida había cambiado para siempre y que, a partir de ese momento, lo importante era ayudarles a convertirse en las mejores personas posibles. Fueron viajes muy cortos, pero tremendamente intensos, de esos que te marcan para siempre.

Has entrevistado a artistas gigantescos como George Michael, Bruce Springsteen, Elton John, Freddie Mercury, David Bowie o Kurt Cobain en momentos muy distintos de sus carreras. ¿Hubo alguno que te impresionara hasta el punto de estar hecho un flan antes de hablar con él?
No existe un locutor de radio que no se ponga nervioso cuando tiene que entrevistar a alguien. El que diga lo contrario, te está contando una milonga. Recuerdo la dulzura de Antonio Vega, los momentos en los que Antonio Flores me enseñaba sus maquetas, la tristeza quijotesca de Kurt Cobain, la majestuosidad de Elton John, la cercanía de Bruce Springsteen, la omnipresencia de Freddie Mercury o la personalidad de George Michael, un artista al que admirabas y hasta copiabas en la forma de vestir.
Pero si tengo que quedarme con uno, me quedo con Elton John. Le hice una entrevista larguísima y, cuando terminamos, descubrimos que no se había grabado. Hubo un problema técnico y se perdió todo. Elton John podría haber pasado de mí, pero accedió a repetir la entrevista entera por segunda vez. Nunca olvidaré ese gesto.

Fernando, ¿Qué ciudades relacionas automáticamente con cada una de las etapas de tu vida?
La primera etapa fue Badalona y Barcelona. La segunda, Madrid, donde he vivido los últimos treinta y tantos años y donde he desarrollado mi carrera. Tengo que decir una cosa que para mí es muy importante: a Madrid le debo mucho porque me lo dio todo. Me convirtió en profesional, me dio la oportunidad de equivocarme, de volver a empezar y de hacer las cosas lo mejor que supe. Siempre sentí que me decía: “Desarrolla tu carrera, Fernando, tira para adelante, que aquí estaremos para escucharte”. He aprendido muchísimo en sus calles y le estaré siempre agradecido. Por eso digo que soy “cataliño”, mitad catalán y mitad madrileño. Nunca voy a renunciar a mis raíces catalanas, pero también me siento muy madrileño. Le debo muchísimo a Barcelona y le debo mucho a Madrid.

¿Cuáles han sido, más allá de lo profesional, los viajes de tu vida?
Sin duda, el viaje de mi vida fue el de novios con mi mujer a Cancún. Me marcó profundamente y han pasado ya muchos años. Lo mejor es que me marcó por una razón bastante absurda: el primer día cogí una insolación tremenda y me pasé cuatro días metido en la cama, achicharrado por el sol de México. Todavía me pregunto cómo se puede ser tan memo. Aun así, fue un viaje maravilloso y también una lección que no he olvidado jamás. Tanto es así que al año siguiente Isabel y yo volvimos a Cancún como segundo viaje de novios y, esta vez sí, fui con protección 50.

Sé que uno de esos viajes fue a Menorca, allá por los 90…
Menorca es un sitio espectacular. Siempre he pensado que es un lugar al que vas a aparcar las emociones y donde la vida transcurre un poco más despacio. Tenemos que aprender a vivir más lento porque vamos demasiado rápido y ahora, además, parece que la inteligencia artificial nos quiere llevar todavía más deprisa. Los viajes tienen algo muy valioso: te obligan a tomar tierra, a echar el ancla y a decirte que, si vas a estar una semana en un sitio, vas a disfrutarla. Te vas a bañar, vas a comer bien, vas a pasear y vas a convertir ese tiempo en tiempo de calidad. Muchas veces no le damos la importancia que tiene, pero el tiempo de calidad es fundamental. Yo siempre he pensado que hace que la vida se asimile mejor, como si las vitaminas llegaran más adentro.

Venimos de una época donde viajábamos sin móviles, GPS ni redes sociales. ¿Eso hacía que todo se viviera de una forma más intensa?
Sí, se vivía de una forma mucho más intensa. Ibas a un concierto a ver el concierto. Ahora mucha gente saca el móvil y se graba a sí misma mientras actúa el artista. Yo siempre pienso: estás viendo a El Último de la Fila y, en lugar de grabarlos a ellos, te estás grabando a ti. ¿De verdad es eso lo importante? Si haces un vídeo de treinta segundos porque una canción te está emocionando y quieres compartirla, lo entiendo perfectamente. Pero grabarte la cara durante el concierto… ¿A quién le interesa realmente? A veces pienso que nos hemos vuelto un poco locos.

Mucha gente piensa que el ser conocido es sinónimo de glamour, de éxito, pero detrás de eso hay muchísimo trabajo. ¿Cómo se gestiona esa dualidad de viajar siendo reconocido pero, al mismo tiempo, en soledad?
Con toda naturalidad. Tienes que ser consciente de que no eres tan importante. Eres la emoción que la gente guarda de ti, el recuerdo que conserva y lo que ha escuchado de ti a lo largo de los años. Cuando alguien quiere una foto, te haces una foto. Si alguien quiere saludarte o darte un abrazo, le correspondes. No hay más. Yo no soy famoso por otra cosa que por trabajar, y viva esa fama. No soy famoso por salir en un reality ni por hacer cosas extravagantes. Soy un tipo que ha trabajado muy duro, como trabaja muchísima gente todos los días en este país. Siempre digo lo mismo: yo no soy más que tú, pero tampoco soy menos que tú. El secreto de Fernandisco, si es que hay alguno, es muy sencillo: soy un tío normal.

Pregunta obligada. Si pudieras escoger un personaje de toda la historia, esté vivo o no, para hacer un largo viaje, ¿Quién sería?
Me lo has puesto muy fácil. Un personaje ya fallecido sería Edgar Allan Poe por la enorme influencia que tuvo su literatura en mi vida. Narraciones extraordinarias, El gato negro o El hundimiento de la casa Usher me marcaron muchísimo cuando estudiaba la carrera. Allan Poe ha sido una influencia muy grande para mí. Si pudiera añadir un segundo nombre, diría Leonardo da Vinci. Siempre he pensado que era una especie de extraterrestre en la corte del rey Arturo, alguien que no nació en su tiempo, sino en el futuro. Todo lo que hoy admiramos de una persona polifacética y capaz de hacerlo casi todo, él ya lo era hace muchísimos años.

Fernando, si esta charla se tuviera que ilustrar con una canción de los 40 Classic ¿Cuál sería?
Tengo una canción que creo que define perfectamente esto: Living on a Prayer, de Bon Jovi. Es una canción que tiene algo especial. Si te fijas, mantiene una constante en el estribillo cuando repite Living on a Prayer y consigue que cada persona la viva a su manera. Hay una especie de comunión que se crea entre la música y quien la escucha. Además, he tenido la suerte de entrevistar a Bon Jovi y puedo decir que es uno de los mejores tipos que he conocido, tanto como músico como persona.

Hablar con Fernandisco es recordar hasta qué punto una voz puede formar parte de la vida de un país entero. No desde la nostalgia fácil, sino desde algo mucho más difícil de conseguir: la conexión real con las personas. Mientras hablamos de música, de vinilos, de carreteras, de hoteles o de artistas gigantescos, entiendo rápidamente que detrás del presentador sigue estando el mismo niño de Badalona que quería emocionar a través del micrófono a quien escuchaba al otro lado.

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