Radio Liberty, entre el derribo o un centro de la guerra fría



Radio Liberty

Una detonación con 16 kilos de explosivos puso fin el 22 de marzo del 2006 a 46 años de existencia de las antenas de Radio Liberty, el centro emisor desde donde el gobierno norteamericano lanzaba mensajes de propaganda a países de la órbita soviética entre los años 1959 y 2001. Las trece mastodónticas antenas, de entre 87 y 165 metros, dejaron de formar parte de la postal de la segunda línea de mar de Pals, pero quince años después siguen en pie, en un estado de conservación deplorable, los edificios que emplearon hasta 250 personas.

Desde la demolición de las antenas por parte del Ministerio de Medio Ambiente, el complejo ha sido objeto de los grafiteros, de saqueos y expolios del material de valor, de actos vandálicos y de botellones hasta convertirse en un esqueleto en el que se hace difícil imaginar que sus paredes acogieron la más potente de las emisoras que tenía el gobierno de Estados Unidos para enviar información a países comunistas.

El Ayuntamiento quiere dar a conocer los valores naturales, arqueológicos y la historia del espacio
Varios carteles advierten del peligro de unas instalaciones ruinosas. El Ayuntamiento de Pals ha reclamado en varias ocasiones al Estado y a la Generalitat, las administraciones competentes, que pongan vigilancia en la zona, sin éxito. “En verano es un peligro con los botellones y la gente que se encarama a las edificaciones”, esgrime el alcalde, Carles Pi.

¿Por qué se ha permitido la degradación de un espacio que ocupa 33 hectáreas de terreno virgen al pie de la playa de Pals?
Nueve meses después del derrumbe de las antenas, la entonces ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, y el conseller de Medio Ambient, Francesc Baltasar, firmaban un convenio de vigencia indefinida que obligaba a ambas partes a una serie de obligaciones con las instalaciones y el espacio. El Estado, en tanto que propietario de los terrenos, se comprometía a llevar a cabo “todas cuantas acciones requiera el adecuado tratamiento ambiental de este tramo de costa –incorporado al dominio público marítimo terrestre– y a “efectuar en él las inversiones necesarias para garantizar la óptima conservación del mismo”. Entonces ya tenía una propuesta de retirada de diversas instalaciones del recinto y se comprometía a financiar el proyecto que resultara de la restauración ambiental y el derribo del resto de edificios con un importe máximo de dos millones.

Desde el adiós a las antenas ha habido dos intentos para dar un nuevo uso a la finca, clasificada como suelo no urbanizable con calificación de zona verde. El más avanzado aunque finalmente quedó descartado fue el proyecto Aquam, un centro de interpretación de la biosfera, impulsado por la Fundació Mar. En el 2002, el entonces rector de la UdG, Joan Batlle, propuso convertir el espacio en un centro de referencia internacional de la historia de las telecomunicaciones y la guerra fría. Entonces todavía mantenía maquinaria de la que hoy no queda rastro.

La última propuesta es la liderada por el Ayuntamiento de Pals en colaboración con otras entidades como Salvem la Platja de Pals y el Centre Català d’Història que pasa por mantener y rehabilitar el edifico central, la antena parabólica y el acceso principal. Quieren que el lugar se convierta en un centro de interpretación de la guerra fría, pero también que sea un punto para dar a conocer los elementos arqueológicos de valor de la finca que fue el antiguo puerto de Pals siglos atrás y los valores naturales del espacio, integrado en el parque natural del Montgrí, Illes Medes i Baix Ter. La zona cuenta con flora y fauna en peligro de extinción como el chorlitejo patinegro, la stachis marítima, una especie característica de los sistemas dunares litorales como los que hay Pals, los más extensas del Mediterráneo sin urbanizar. “Hay que poner en valor el espacio, no podemos desaprovechar ni destruir patrimonio”, explica Eva Sans, responsable de investigación del Centre Català d’Història.

“Estamos convencidos que la mejor solución no es derribar todo lo que queda del complejo”, esgrime el alcalde, que teme las intenciones del ministerio. El portavoz de Salvem la Platja de Pals, Pau Bosch, considera que tirar los edificios de Radio Liberty “atenta contra la ley de la memoria histórica” y que “el vandalismo continuará”. El subdelegado del Gobierno en Girona, Albert Bramon, afirma que el Estado está “a punto de licitar el proyecto de rehabilitación de la zona”, aunque no concreta si eso pasará por derribar todo el complejo. “Derrumbe habrá seguro, falta ver si será total o parcial”, dice el director general de Polítiques Ambientals i Medi Natural de la Generalitat, Antoni Ferran. La Generalitat quiere tomar la iniciativa y reunir a todas las partes para desencallar un problema que se ha eternizado.

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