El techo de Radio Liberty convertido en un grafiti gigante

Radio Liberty

Se propuso dejar su huella artística en algún rincón de un lugar que le fascina: el edificio abandonado de la que fue una de las emisoras más potentes del mundo, Radio Liberty. En aquel edificio cerrado desde el 2001 y ubicado junto a la playa de Pals, en Girona, la artista Marina Capdevila empezó a explorar posibilidades. Magia y un cierto aura de misterio no le falta al lugar, construido a finales de los cincuenta por el gobierno estadounidense para emitir propaganda política a los países comunistas. Y buscando una pared para estampar alguno de sus rebeldes y entrañables abuelos pensó que en lugar de un muro, pintaría la cubierta. Durante dos semanas Capdevila ha estampado el grafiti más grande que ha pintado hasta ahora: un mural horizontal de 2.180 metros cuadrados que sólo puede apreciarse en plenitud desde el cielo. Lo ha explicado Sara Sans en La Vanguardia.

El mural es un homenaje a los locutores que trabajaron en esta radio, que emitía en 16 idiomas y que iniciaba a diario la programación con las palabras en ruso “Govorit Radio Svodoba” (Habla Radio Libertad). “Vi un documental y me impresionó la historia de la emisora; me atrajo la idea de hacer un tributo a la gente que trabajó aquí”, explica Marina.

Radio Liberty dejó de emitir en el 2001 y cinco años después se ­demolieron las gigantescas antenas. Sólo quedaron en pie los edificios del complejo. Los terrenos son propiedad del Estado y forman parte del parque natural del Montgrí, les Illes Medes i el Baix Ter y hasta ahora ninguno de los proyectos que se han presentado para dinamizar la zona ha prosperado.

La artista callejera Marina Capdevila ha pintado 2.800 m2 durante doce días

Marina Capdevila, que ha trabajado en Florida, Nueva York, California, Italia, Suiza, Australia y recientemente en Croacia, no había abordado nunca una superficie tan grande. Al proyecto, que idearon en noviembre con Delabrave, se sumó también el fotógrafo y disc-jockey londinense Mike Chaney. Ella pintaba y Delabrave y Chaney documentaban todo el proceso artístico con fotografías y vídeos en superficie y también desde el aire con un dron. “Será la única manera, si no es en avioneta, de ver el mural”, dice Capdevila.

A finales de agosto comenzaron a pintar. “Ha sido uno de los proyectos más duros que he hecho hasta ahora”, mantiene Marina. Más duro que la imponente medianera del edificio de 18 pisos que pintó en Belo Horizonte, en Brasil. Ahí estuvo dos semanas colgada en una especie de columpio para dar vida a Las carinhosas, el grafiti en el que tres ancianas celebran el carnaval. Para ese encargo pusieron a su disposición un equipo de cuatro personas.
Aquel fue un lienzo gigante de 652 metros cuadrados. El de Radio Liberty supera los 2.800. Y a diferencia de otros grandes murales de Capdevila, que son fruto de un encargo o de un festival –ya sea el Desvelarte de Santander, el ­Domina Domna de Bérgamo (Italia) o el Art Basel de Miami (uno de los más reputados de street art de todo el mundo)–, el de Pals ha sido un proyecto estrictamente personal.
Un divertimento artístico gigante. Una obra impulsada sin ningún patrocinio firmado y visible sólo desde el cielo. Han sido doce días de intenso trabajo desde primera hora de la mañana hasta el atardecer: primero transportando kilos y kilos de pintura desde el coche y hasta el edificio y luego pintando toda la superficie. La han ayudado cuatro personas, principalmente durante los dos primeras jornadas, cuando pintaron a brocha la cubierta del edificio. El estilo inconfundible de Marina Capdevila ha quedado plasmado en el tejado de Radio Liberty con las caras de cinco supuestos locutores –hombres y mujeres– y los elementos que les sitúan en un estudio de grabación, como micrófonos, auriculares o mesas de sonido.

“Me impresionó la historia del lugar, esto es un tributo a la gente que trabajó aquí”

El mural de Pals lo terminó hace sólo unos días, justo antes de viajar a Portugal, donde esta semana Marina Capdevila participa en el Urban Art Festival Estau. En este certamen, la grafitera de Falset ha preparado un mural reivindicativo. Lejos de los ancianos que flirtean, juegan a basquet, toman el sol o viajan en descapotables, en esta ocasión la artista ha situado a los abuelos, sus personajes fetiche, en el mar, rodeados de plásticos.
Licenciada en Bellas Artes en Barcelona, Capdevila trabajó primero como diseñadora gráfica produciendo camisetas para Bershka o Zara. Pero decidió dejarlo y empezó a trabajar como freelance de ilustradora –también ha diseñado etiquetas de vino para bodegas de su Priorat natal– y de ahí saltó al mural. Al tamaño XL. Durante los últimos tres años –desde que participó en el Art Basel de Miami– ha viajado por medio mundo estampando paredes, pero no ha dejado la ilustración ni el formato más reducido.
Su próximo proyecto, en el que empezará a trabajar de ­inmediato, es para un hotel de lujo de París. Le han encargado seis cuadros de gran formato (de 1,5 por dos metros) para ­decorar el establecimiento. “Serán seis obras originales de las que se imprimirán vinilos para tematizar cada planta del hotel”, explica Capdevila. Priorizó este proyecto de ­tamaño “mediano” a un nuevo grafiti en Colombia y mantiene como tarea pendiente una ­exposición de obras de pequeño formato.

53378