27.4.2026.- Lanocion.es informa que la historia de la emisora Radio Málaga, que fue incautada por los republicanos primero y después por los franquistas durante la Guerra Civil a su propietario, el republicano Ricardo Puente, que fue condenado a muerte, es rememorada en el libro ‘Carne de Radio. Historia de un botín de la Guerra Civil en Málaga’, del periodista Francisco García.
El Tribunal Supremo anuló en 2007 la sentencia de un Consejo de Guerra que en 1937 condenó al gallego Ricardo Puente (1892-1981) a la pena de muerte (posteriormente conmutada por seis años de prisión) por un delito de rebelión militar, debido a la propaganda en aquella emisora de su propiedad que acabaron incautándole en noviembre de 1936.
Emisora EAJ 9 – Radio Málaga
«Es el guion de una película la historia de la emisora ‘EAJ 9 – Radio Málaga’, surgida en la República, que se mantiene en la guerra, continúa hasta 1950 en la posguerra y hoy es Radio Nacional de España en Málaga», dice a EFE el periodista Francisco García, doctor en Periodismo y autor del libro.
El hijo de Ricardo, Fernando Puente Aguado, quiso dignificar a su padre, cuando este ya falleció, e intentó en 1983, a través del Senado, que se devolviera la emisora «porque seguía siendo un botín de guerra; pero no había herramientas, ni Ley de Memoria Histórica, ni nada que permitiera revisar la causa».
En 2004, Fernando Puente, con más de 80 años, escribió siete folios al Supremo para pedir que la condena a muerte se anulara porque su padre ya había sido juzgado unos meses antes y absuelto por el mismo delito.
El Tribunal Supremo anuló la pena de muerte, que fue la primera anulación de una pena capital dictada por tribunales franquistas, y dos años después murió Fernando.
«Si ya no hay condena a muerte, porque se ha limpiado el expediente de quien fue víctima de la guerra y no tiene ninguna causa, ¿Cómo se mantiene el botín de guerra?; es inocente», plantea Francisco García.
Reparación
«Si los nietos y bisnietos quisieran, que lo estudian, podrían pedir reparación. Este tema era tabú en la familia, Fernando vivió traumatizado con la represalia que sufrió su padre», señala.
Un informe de la ONU de 2014 sobre la calidad de las reparaciones en estados de guerra analizó a España «y el único caso que cita, todavía sin resolver, es el de Ricardo Puente».
Francisco García cree que el asunto podría derivar en la reclamación de una reparación económica o moral, mediante una placa, diploma o acto de desagravio y reconocimiento a la familia, a Ricardo y a Fernando.
Novedades sobre el fracaso del golpe del 36
El autor aporta novedades sobre el motivo del fracaso del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 en Málaga: «Los militares no sabían que en el Gobierno Civil conocían que ya se había producido el golpe en Melilla. En Málaga el intento de golpe duró cinco o seis horas».
Tal versión la halló en las memorias del murciano Antonio Martínez Nieto, colaborador de la emisora y funcionario de Telégrafos en Málaga, igual que el dueño de la radio.
Cuando «el golpe se mascaba, pero nunca se sabía cuándo sería», Martínez estaba de guardia en Málaga en Italcable, estación de amarre del cable transoceánico intercontinental Italia-América con conexiones con casi toda España.
Alerta el levantamiento en la cercana Melilla
«Estaban permanentemente viendo, a través del telégrafo, si había incidencias, y el 17 de julio observa un cablegrama de Melilla que dice que allí se han levantado los militares a las 5 de la tarde. Todavía no se sabía en el resto de España», detalla. Y Antonio acude al Gobierno Civil a contarlo.
Entonces «los republicanos se atrincheran» y montan «guardia en acuartelamientos de Málaga y en casas de mandos militares para ver cuándo iba a ser el golpe», explica García.
El reportero húngaro Arthur Koestler se percató, a primeros de febrero de 1937, que mientras avanzaba Queipo de Llano con los militares, «la propaganda republicana ocultaba la proximidad de los nacionales, que estaban a las puertas de Málaga».
Lo detecta el 6, dos días antes de que entraran a Málaga esas tropas, y preguntó al gobernador por qué no se pedía a la población desde la emisora que huyera.
«No le dejaron usar los micrófonos; si hubiera dicho que huyeran escalonadamente sin riesgo, no hubiera pasado ‘la Desbandá'», la huida de Málaga a Almería de 120.000 personas, miles de ellas bombardeadas por los sublevados, subraya.
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