5.6.2026.- Ángel Mor informa desde mundodeportivo.com que SER Podcast estrena ‘Gol de Estado’, un proyecto para comprender la geopolítica del fútbol mundial. El nuevo formato de Antonio Martín y SER Podcast analiza la cara política del fútbol mundial y arranca con un caso concreto: las restricciones migratorias en Estados Unidos y su impacto en los aficionados de todo el mundo. Ocho capítulos conforman ‘Gol de Estado’.
El fútbol nunca es solo fútbol. Esa es la idea central de ‘Gol de Estado’, el nuevo proyecto de Antonio Martín, producido por SER Podcast, que explora cómo la política, la economía y los conflictos internacionales atraviesan el deporte más global del planeta. ‘Mundo Deportivo’ ha podido hablar con Antonio de este nuevo proyecto.
¿Por qué ahora un podcast como ‘Gol de Estado’? ¿Qué tiene este Mundial de 2026 que lo convierte en un evento especialmente político?
El fútbol ha tenido vinculación con la política desde hace décadas, una vinculación que se ha ido reforzando con la celebración de los Mundiales. Aun así, la situación actual del mundo hace aún más necesario reflexionar sobre la influencia que tiene el deporte más global con las decisiones de algunos gobernantes, países u organismos internacionales.
En el podcast contamos que en Gaza se sigue jugando al fútbol, cómo los países petroleros árabes lo usan para esconder su falta de respeto a los derechos humanos o cómo la ausencia de Italia ha llegado incluso a un debate parlamentario. Pero por encima de todo está que Estados Unidos sea una de las sedes justo bajo el mandato de Trump. Que este país acoja un campeonato del mundo cuando millones de personas de naciones clasificadas como Haití o Irán no pueden ir a ese mismo país convierte a este Mundial en un macroevento político.
El Mundial siempre ha tenido una dimensión política, pero ¿dirías que en 2026 esa dimensión es más evidente que nunca?
Aún es pronto para saber si será más evidente que lo que fue, por ejemplo, el de Argentina ’78 bajo la dictadura de Videla. Trump no es aficionado al fútbol, por lo que está por ver cómo utilizará el evento dentro de su maquinaria propagandística. Pero lo que sí está claro antes de empezar es que esa dimensión política ya es un elemento más del debate previo a que empiece el campeonato. El premio de la paz que Infantino se inventó para darle a Trump o las dudas sobre si finalmente Irán va a competir en el país que le está bombardeando forman parte de la previa del campeonato tanto como lo puramente deportivo.
Cuando decís que el torneo «se juega mucho más allá de los estadios», ¿qué historias concretas queréis contar?
Las historias de millones de personas que van a estar unidas por un evento conjunto durante varias semanas. Vamos a poder escuchar cómo el fútbol evita que algunos adolescentes de la capital de Haití acaben en manos de las bandas violentas, preguntaremos cómo vive un país como Bosnia, donde sigue habiendo una fuerte tensión étnica y religiosa, que su selección nacional esté en el campeonato. Hablamos con una fan de Francia de origen latinoamericano que está acabando de hacer cuentas para poder ir a ver a Les Bleus a los que ha seguido in situ en los mundiales de Rusia y de Catar. Y veremos cómo interactúan Trump y el resto de mandatarios mundiales, o cómo que el rey Felipe vaya a un partido es un gesto que puede significar el acercamiento entre España y México después de un tiempo convulso en los mensajes entre ambos. Todo esto rodea al fútbol, pero es más que el fútbol en sí mismo.
Queremos mostrar cómo hay quienes quieren apoderarse del fútbol, obtener beneficio económico o prestigio personal a costa de una pasión que en realidad no les pertenece, sino que es patrimonio de aquellos millones de personas que van a seguir los partidos en ciudades, pueblos y aldeas de todo el planeta.
¿Qué diferencia a ‘Gol de Estado’ de una cobertura deportiva tradicional del Mundial?
Creo que en los ocho episodios no nombramos a más de una docena de jugadores que van a participar en el campeonato del mundo. No entramos a valorar quién juega o quién no, quién tiene más posibilidades de ganar el torneo o quién será el mejor jugador. Nos interesa, por ejemplo, el Noruega-Senegal del 23 de junio por la brutal diferencia que hay entre el PIB de ambos países, no porque vaya a jugar o no Haaland.
El fútbol presume de ser universal, pero el acceso al torneo no siempre lo es. ¿Este Mundial puede evidenciar esa contradicción?
Absolutamente. Las entradas de este año son absolutamente prohibitivas; el Mundial no está al alcance de los aficionados. Hay un episodio entero del podcast dedicado a este asunto. En él, fans o periodistas de distintos países nos cuentan lo difícil que va a ser para ellos poder acceder a los partidos. Pero, al mismo tiempo, analizamos cómo hay unas determinadas élites, por ejemplo de la construcción o del sector inmobiliario, que ya se están enriqueciendo gracias a la elección de estos países como sede del Mundial.
Infantino quiere hacer creer que bajo su mandato está globalizando el fútbol, pero lo que en realidad está haciendo es buscar el apoyo de países y federaciones porque en la FIFA cuenta lo mismo el voto de cada nación. Le interesa favorecer a determinados gobiernos como el de Estados Unidos ahora, el de Rusia o el de Catar en ediciones anteriores, antes que universalizar realmente el fútbol.
¿Crees que veremos un choque entre el discurso inclusivo de la FIFA y la realidad política de Estados Unidos?
El discurso inclusivo de la FIFA no es tal. Se ha limitado a decir que si ve alguna irregularidad avisará a las autoridades nacionales, pero si no vio las irregularidades en Catar en donde murieron miles de trabajadores inmigrantes que construyeron los estadios del Mundial dudo mucho que vaya a ver las consecuencias de las políticas de Trump, que son evidentes, públicas y notorias desde que volvió a la Casa Blanca.
Infantino y Trump llevan mucho tiempo caminando de la mano y en el Mundial seguirán en la misma senda. A Infantino le interesa que el proceso judicial del FIFAgate se mantenga frenado bajo el mandato de Trump y al presidente de Estados Unidos le interesa que el país sea el escenario principal del mayor espectáculo deportivo que existe.
¿El Mundial puede seguir presentándose como un espacio neutral cuando hay países excluidos, conflictos abiertos y gobiernos usando el torneo para proyectar imagen?
De ninguna manera. El Mundial no es en absoluto neutral desde el momento en que, por ejemplo, Rusia no se puede clasificar, mientras que Israel sí ha tenido esa oportunidad. Ya hemos visto que la FIFA no ha sido nada neutral en el pasado, como cuando quiso evitar que los capitanes de varias selecciones llevaran un brazalete arcoíris en el Mundial de Catar.
En el podcast nos preguntamos si la prohibición de la participación de algunos países es realmente una solución. El caso de Rusia o Israel es el más evidente, pero si miramos a la falta de cumplimiento en materia de derechos humanos, ¿deberían participar Irán o Arabia Saudí? El sistema actual es absolutamente arbitrario y favorece determinados intereses; basta recordar que Arabia será sede mundialista en 2034.
Se habla mucho de sportswashing. ¿El Mundial es el mayor escaparate posible para que un país mejore su reputación internacional?
Es otra de las preguntas que nos hacemos en el podcast. La conclusión es que indudablemente favorece a los organizadores en cuanto a ingresos, y también da una visibilidad mayor a determinados países de los que no hablamos nunca. ¿Habría alguna noticia de Curazao, Cabo Verde o Uzbekistán este año en los medios si no fuera por su presencia en el Mundial?.
Los casos de Arabia o Catar son los más evidentes en los que hay una estrategia de Estado para dar una determinada imagen al mundo gracias al deporte. Por suerte, no solo tenemos esas fuentes de información, y por eso es importante un podcast como ‘Gol de Estado’. Cuando Arabia juegue en el Mundial contra España, debe ser lo deportivo lo que ocupe la mayor parte del análisis, pero creo que cualquier aficionado o aficionada se enriquece en su manera de ver el partido si es consciente de que España ese día juega contra un país donde no se respetan los derechos humanos.
¿Se puede disfrutar del Mundial y, al mismo tiempo, ser consciente de todo lo que hay detrás?
Por supuesto. Al final lo maravilloso del fútbol es que durante el Mundial vamos a compartir las mismas emociones, nervios, alegrías y decepciones en una ciudad como Toronto, en un pueblo de Sevilla o en un bazar de Ammán. La intención del podcast es situar el fútbol dentro del escenario en el que vivimos, alejar esa falacia de que el deporte no se debe politizar. Viene politizado ya de serie.
Encajar el fútbol en el mundo actual también es un incentivo para disfrutar más el campeonato. Tengo curiosidad por ver si Senegal vuelve a ganar a Francia, su colonizadora, como pasó en 2002, si Estados Unidos e Irán van a enfrentarse en los cruces, si Marruecos puede ser realmente candidata al título gracias a que sus jugadores nacidos en otros países quieren defender la camiseta de sus raíces. Es disfrute, pero con un foco más amplio.
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