Rosa María Molló deja de presentar «24 Horas» en Radio Nacional de España

Rosa María Molló

22.5.2026.- David Lozano escribe en esdiario.com que hay crisis que no hacen ruido inmediato, pero se van acumulando como una grieta lenta en una pared antigua hasta que, sin apenas darse cuenta, el desconchón deja de poder disimularse. Algo de eso parece estar ocurriendo en Radio Nacional de España, donde el último episodio ha sido la búsqueda de un nuevo director para el histórico 24 Horas tras una etapa marcada por la inestabilidad, los relevos constantes y una sensación generalizada de desorden interno en la emisora pública. Ahora, tal y como publica PRNoticias, Rosa María Molló deja la dirección.

En apariencia, podría tratarse de un simple movimiento de parrilla dentro de un medio que ajusta contenidos. Sin embargo, en el sector se interpreta como un síntoma más de una radio que lleva años buscando un rumbo claro sin terminar de encontrarlo, y donde cada cambio en un espacio emblemático como el 24 Horas acaba leyendo como parte de un problema estructural más amplio que afecta a la propia identidad de RNE.

El 24 Horas no es un programa cualquiera, sino uno de los espacios históricos de la información radiofónica en España, diseñado durante décadas como un referente de la radio pública en los informativos de noche y madrugada, capaz en su día de competir en credibilidad y presencia con las grandes privadas. Su evolución reciente, sin embargo, ha estado marcada por una sucesión de cambios de dirección, ajustes de formato y etapas relativamente breves que han ido erosionando su continuidad y su capacidad de consolidar una línea reconocible para el oyente.

En los pasillos del sector radiofónico se repite una idea cada vez más extendida: cuando un programa de estas características encadena tantos cambios en tan poco tiempo, el problema deja de ser de nombres o de ajustes puntuales y empieza a ser de modelo. Y es ahí donde la mirada se desplaza inevitablemente hacia la propia estructura de RNE, que en los últimos años ha vivido en una especie de transición permanente, con renovaciones de parrilla, cambios de voces y reorganizaciones internas que no siempre han ido acompañadas de una estrategia comunicativa estable o reconocible.

El resultado es una sensación de provisionalidad que afecta tanto a la audiencia como a los propios profesionales, en un contexto en el que la radio pública compite en un mercado altamente consolidado, con operadores privados que mantienen identidades claras, equipos estables y productos informativos muy definidos. En ese entorno, la falta de continuidad se convierte en una desventaja evidente, porque la radio, más que otros medios, necesita rutina, reconocimiento de voces y fidelidad narrativa.

A este escenario se suma un debate cada vez menos silencioso en el ámbito mediático y político sobre el papel que ocupa RNE dentro del conjunto de RTVE. Desde hace tiempo es evidente que el Gobierno presta más atención estratégica a la televisión pública que a la radio, algo que en el sector se percibe como un desplazamiento progresivo de prioridades. Incluso hay quien teme, en voz baja, que esa falta de atención derive en una especie de abandono que aboque al cierre.

Sea cual sea la interpretación, lo cierto es que el resultado es visible: una RNE que encadena cambios sin consolidación clara, con espacios históricos que pierden estabilidad y con una sensación creciente de que el conjunto de la emisora avanza más por inercia que por dirección estratégica. Y en ese contexto, el caso del 24 Horas funciona casi como un termómetro especialmente sensible, porque toca uno de los espacios más simbólicos de la casa.

El problema de fondo, sin embargo, no es únicamente de programación, sino de proyecto. La radio pública no compite solo por audiencia, sino por relevancia y credibilidad, algo de lo que ya carece.

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