Madrid ya tiene más estudios de grabación de podcasts que cines: el negocio explota con precios que van de los 50 a los 600 euros por preparar cada capítulo

Podcast

11.1.2026.- Daniel J. Ollero escribe en elmundo.es que Madrid capital cuenta hoy con 29 cines en funcionamiento. Frente a ellos, el número de espacios donde se graban pódcast roza ya el medio centenar. No todos aparecen en Google Maps ni figuran como estudios al uso: hay pisos adaptados, oficinas vacías que buscan rentabilidad, salas dentro de coworkings y locales que se anuncian directamente en Wallapop o redes sociales. El resultado es un mercado disperso pero en plena expansión, donde es más fácil alquilar un micrófono que encontrar una sala de proyección.

El negocio es sencillo y repetido. En su versión más básica, se alquila el espacio por horas con cámaras, sonido e iluminación incluidos. En Madrid, grabar un episodio de entre 45 minutos y una hora cuesta desde 50 euros si se entrega el material en bruto hasta 500 o 600 euros cuando se contratan servicios adicionales como realización multicámara, edición, adaptación a formatos verticales y publicación en plataformas. El pódcast se compra cada vez más como un producto casi terminado.

En el tramo más barato operan estudios low cost al margen de los circuitos tradicionales. «Por 50 euros la hora ofrecemos un estudio completamente equipado para que cualquiera pueda grabar sin inversión previa», explican desde uno de estos espacios. «La idea es eliminar barreras de entrada: el cliente llega, graba y se va». Estos estudios permiten sesiones largas y grabaciones con uno o dos invitados, con precios cerrados por bloques de horas. La edición y los clips para redes se pagan aparte.

En el otro extremo están las productoras que han convertido el pódcast en un servicio de marketing integral. Aquí, el coste por episodio no baja de los 500 euros y puede alcanzar los 2.000 euros mensuales en paquetes de continuidad. Karlina Fernández, al frente de Karlina Producciones, trabaja con ese tipo de clientes. «No se trata solo de grabar. La mayoría busca autoridad, no audiencia masiva», explica. De este modo, psicólogos, psiquiatras, médicos estéticos o coaches de todo tipo de pelaje utilizan el pódcast como una herramienta de posicionamiento profesional. «Es una forma de demostrar conocimiento, generar confianza y retener a una audiencia que ya está predispuesta».

Ese perfil se repite en los servicios más caros. Quienes pagan 500 o 600 euros por episodio no lo hacen para monetizar el pódcast en sí mismo. Son empresas o profesionales liberales que lo integran dentro de una estrategia comercial más amplia. El contenido funciona como escaparate estable para vender otra cosa: consultas, tratamientos, cursos, formaciones, asesorías o servicios especializados. El retorno no se mide en descargas, sino en clientes.

En la mayoría de los casos, de quienes recurren a los estudios premium, el pódcast no es un negocio autónomo, sino un coste asumido dentro del presupuesto de marketing. «No viven del pódcast, viven de lo que el pódcast les ayuda a vender», explica a GRANMADRID fuentes de una agencia de publicidad. La lógica es la de la notoriedad: aparecer de forma recurrente, construir una imagen de experto y ocupar un espacio en plataformas donde el consumo es largo y continuado.

Los números sostienen ese planteamiento y una feroz competencia. En España se estima que hay cerca de 500.000 podcasts y aproximadamente una cuarta parte se producen en la Comunidad de Madrid. Solo en los últimos dos años se han lanzado más de 140.000 nuevos programas en español. La periodicidad más habitual es semanal y la duración dominante oscila entre media hora y dos horas. El perfil del creador es mayoritariamente de hombre adulto y compatibiliza el pódcast con otra actividad profesional.

La audiencia acompaña. Seis de cada diez internautas españoles escuchan audio digital y más de la mitad consume pódcast de forma habitual. El oyente medio ronda los 40 años, escucha unos cuatro episodios por semana y concentra su consumo en Spotify, YouTube e iVoox, casi siempre desde el móvil. El formato es (generalmente) gratuito para el público, pero sostenido por una industria que factura por horas.

El resultado es un ecosistema fragmentado pero denso, donde conviven grabaciones improvisadas, podcasts semiprofesionales hechos por amor a una temática y productos altamente profesionalizados que ni son fruto de un hobby, ni buscan ser un negocio en sí mismo. De este modo, Madrid, con menos salas de cine que estudios de pódcast, se ha convertido en el principal polo de una industria que se mide en horas de conversación en las que, a diferencia del cine, la rentabilidad de un podcasts no está directamente asociada al volumen audiencia que lo ve y escucha.

89314

https://www.tierragalana.es

Sé el primero en comentar este artículo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*