Josep María Bigas (Ràdio Gracia): “Vivo con una pensión de 850 euros, en la radio no cobro casi nada, pero hacer el programa me salvó la vida”

Josep María Bigas

21.3.2026.- Lavanguardia.com publica que la historia de Bigas está marcada por pérdidas, conflictos familiares y una profunda depresión que logró superar, en gran parte, gracias a retransmitir partidos de deporte base en Ràdio Gràcia.
Llegó a los cincuenta años con la vida completamente rota. Una separación, la muerte de su madre y una depresión profunda. Hubo momentos en los que pensó que no quería seguir viviendo. Tardó tiempo en salir, con ayuda médica y aferrándose a una herramienta inesperada: el compromiso. Un programa de radio sobre deporte local al que siguió asistiendo incluso cuando no tenía fuerzas ni ganas, simplemente porque lo había prometido. Ese gesto, casi mecánico al principio, fue el hilo del que tiró para volver poco a poco a la vida.

Hoy, a punto de cumplir los setenta, es un voz querida en el barrio de Gràcia. Lleva casi dos décadas retransmitiendo partidos de deporte base, escribiendo crónicas y compartiendo su mirada en redes sociales. Es director y presentador de la sección Gràcia Multiesports en Ràdio Gràcia y coordina el canal temático Gràcia en Joc, además de gestionar el canal de Instagram Esport gracienc t’estimo.

Apenas cobra por su trabajo: paga de su bolsillo los desplazamientos y las dietas y vive con una pensión de 850 euros. Aun así, asegura que nunca ha sido tan feliz. Acaba de operarse el pie y tiene órdenes médicas estrictas de hacer reposo. Su doctora le llama la atención cuando le confiesa que ha caminado 30.000 pasos en un fin de semana, y él se encoge de hombros. Hace más de treinta años que no ve a su hija.
Muchos lo perciben como un hombre serio, al que le cuesta sonreír. Todo eso es cierto. Pero Josep María es, sobre todo, la historia de alguien que aprendió a encajar los golpes sin dejar de moverse. Y parece que no tiene ninguna intención de parar.

¿Quién es hoy Josep María Bigas a punto de cumplir los 70 años?
Soy una persona que ha pasado momentos muy duros en la vida. Me separé, mi madre murió y me quedé solo sobre los cincuenta años. Aquello me llevó a una depresión muy fuerte. Hubo momentos en los que pensé que no quería seguir viviendo. Pero con ayuda médica y con esfuerzo personal conseguí salir adelante. Hoy soy alguien que es feliz haciendo lo que le gusta.

¿Qué le ayudó realmente a superar aquella etapa tan difícil?
El Hospital de Sant Rafael fue clave. Durante un mes estuve yendo cada día, de ocho de la mañana a tres de la tarde. Me acompañaron psiquiatras, psicólogos y personas que estuvieron muy pendientes de mí. Pero también me ayudó comprometerme con cosas. Yo soy muy serio con los compromisos: si digo que haré algo, lo hago hasta el final. Y estaba comprometido con el deporte, mi pasión desde siempre, en un programa de radio local.

¿El deporte y la radio fueron su vía de salvación?
Sí. Cuando estaba mal, ya tenía un programa de radio, aunque en aquel momento no tenía ninguna gana de hacerlo. Pero me había comprometido y seguí yendo. El programa se llama Gràcia Multiesports. Mantener esa responsabilidad me obligó a salir de casa, a moverme, a no quedarme encerrado dándole vueltas a la cabeza. Poco a poco me fue ayudando a levantarme. Yo siempre digo que, en cierto modo, me salvó la vida. Han pasado casi dos décadas desde entonces.

¿Cómo es hoy su vida cotidiana? Es muy activa. Cada semana cubro partidos, hago fotos de los eventos deportivos, escribo crónicas y publico en redes sociales. Estoy en contacto con mucha gente a diario. Aparte, camino muchísimo, aunque ahora tengo problemas en un pie, porque me han operado. Pero aun así, he hecho 30.000 pasos este fin de semana. La verdad es que no paro. Mi doctora me echa la bronca, pero ya le he dicho que no pienso parar. Para mí estar en movimiento es la mejor medicina.

Además, su trabajo como periodista deportivo lo realiza de forma voluntaria…
Sí. No cobro prácticamente nada. Vivo con una pensión de unos 850 euros al mes y muchos de los gastos —transporte, comidas— salen de mi bolsillo. Pero lo hago porque me da vida. Estar en los pabellones, en los campos, rodeado de gente joven y de deporte me hace sentir útil, conectado. Mientras pueda seguir moviéndome y contando lo que pasa en el deporte de barrio, siento que sigo teniendo un lugar en el mundo. Y eso, para mí, es la verdadera felicidad.

¿Qué significa el barrio de Gràcia de Barcelona en su vida?
Mucho. Aquí la gente me conoce y confía en mí. Me paran por la calle para preguntarme cosas sobre los clubes o los partidos. A veces tardo más de una hora en recorrer diez minutos de trayecto reales, porque todo el mundo quiere hablar conmigo. Eso me hace sentir parte de algo.

¿Cuándo empieza su vínculo con el deporte?
Desde muy pequeño, especialmente con el baloncesto. En mi casa siempre decían que yo ya estaba metido en el mundo del básquet antes incluso de nacer. No fui un gran jugador, pero sí árbitro durante muchos años y después trabajé en clubes y entidades deportivas. El deporte ha sido siempre mi lugar, donde me siento útil y donde he encontrado fuerzas para seguir adelante en los momentos difíciles.

Su trayectoria profesional no ha sido lineal. ¿Cómo la recuerda?
Sí, ha sido bastante irregular. Trabajé muchos años en comercio y después en la administración de clubes deportivos. Pero nunca me sentía del todo satisfecho. Llegó un momento en que algunos trabajos me aburrían y decidí dejarlos. Durante mucho tiempo estuve buscando algo que realmente me motivara, algo que me hiciera levantarme con ilusión. Y al final lo encontré en el periodismo deportivo de barrio.

¿Diría que ahora ha encontrado su propósito?
Sí. Durante muchos años busqué la manera de dedicarme a lo que realmente me gusta, que es el deporte. Ahora lo hago, aunque no cobre. Voy a partidos de chicas y chicos, de todas las edades y de todos los deportes; lo único que no cubro son partidos de fútbol, no me gusta… y disfruto esté quien esté y gane quien gane. Para mí lo importante es estar allí, sentirme parte de ese ambiente. Eso me hace feliz y me da sentido a la vida.

Usted ha pasado por una depresión. ¿Qué papel cree que tienen la actividad física y el movimiento en la salud mental?
Es fundamental. Cuando una persona está mal, tiene que intentar hacer cosas, aunque no tenga ganas. Quedarse quieto en casa mirando la televisión solo empeora la situación. Al principio cuesta mucho, pero en cuanto sales, caminas o te implicas en algo, el cuerpo empieza a reaccionar y la mente también. Yo me obligo a levantarme y a moverme cada día. Para mí, seguir activo ha sido una forma de salvarme.

¿Qué consejo daría a alguien que atraviesa una depresión profunda?
Que se mueva. Que se comprometa con algo, aunque sea pequeño. Ir a ver un partido, caminar, hablar con alguien. La mente se bloquea cuando estás parado. El movimiento te obliga a pensar en otras cosas. Ha vivido también conflictos familiares muy duros.

¿Cómo han influido en su carácter?
Muchísimo. He tenido problemas con mis hermanos por temas de herencias y hace más de treinta años que no veo a mi hija. Son heridas que nunca terminan de cerrarse. He sufrido y he llorado mucho en la vida y quizá por eso ahora me cuesta sonreír. Mucha gente me dice que soy una persona seria, y seguramente lo soy. Esa seriedad nace de todo lo vivido, de las pérdidas y de las experiencias dolorosas que me han marcado profundamente.

A pesar de todo lo vivido, ¿se considera una persona feliz?
Sí. Ahora soy feliz. Recuerdo que el psiquiatra me preguntó una vez qué quería de la vida y yo le respondí: ser feliz. Y hoy siento que lo soy. Para mí la felicidad es poder hacer lo que te gusta; no necesito grandes cosas. El periodismo deportivo me ha dado ese sentido. No tengo el título de periodista, pero algunos profesionales, como Jordi Serra de la Cadena SER, me dicen que sé más que muchos periodistas deportivos. Eso me emociona y me anima a seguir.

¿Qué edad siente que tiene?
Me siento más joven de lo que dice el carnet. Pero, en realidad, la edad nunca me ha preocupado demasiado, ni la mía ni la de los demás. Tengo amigos jóvenes y mayores, y con todos me entiendo. Disfruto mucho viendo jugar a los niños pequeños, me gusta su inocencia y la forma tan limpia que tienen de vivir el deporte. Los adultos, en cambio, a veces nos complicamos por cosas sin importancia y eso me hace pensar que deberíamos aprender más de ellos.

¿Se plantea retirarse algún día de esta actividad?
No. Mientras pueda caminar, seguiré yendo a los partidos. Aunque tenga que ir en taxi o apoyarme en un bastón. No quiero quedarme encerrado en casa. Necesito sentirme activo, útil, en movimiento. Para mí, seguir vinculado al deporte es una forma de seguir viviendo.

Si pudiera mirar hacia atrás, ¿Qué cambiaría de su propia historia?
Que tardé demasiado en escucharme a mí mismo. Durante muchos años tomé decisiones pensando en lo que tocaba hacer o en lo que los demás esperaban de mí, sin atreverme a seguir realmente lo que sentía. Perdí tiempo en trabajos que no me llenaban y eso ahora lo veo claro. Hoy creo que uno tiene que buscar su camino sin miedo a lo que diga la sociedad o a decepcionar a otros. Cuando haces lo que de verdad te gusta, todo cobra sentido.

¿Qué significa para usted envejecer?
Para mí, envejecer mal es no tener proyectos y dejarse llevar por la rutina, pasar el día sin ilusión, mirando la televisión sin más. Yo apenas la veo, solo algún informativo o una película. En cambio, cuando tienes algo que hacer, algo que te motiva, sigues teniendo ganas de levantarte cada mañana. Los proyectos te mantienen activo por dentro y por fuera. Yo quiero seguir teniendo motivos para moverme, para salir, para sentir que todavía puedo aportar. Eso es lo que, para mí, te mantiene joven y hace que no envejezcas nunca.

Después de todo lo vivido, ¿Cómo definiría su vida? Como una lucha constante, pero también como un aprendizaje. He pasado momentos muy duros, he tenido que reinventarme muchas veces y no siempre ha sido fácil. Pero todo eso me ha hecho más fuerte. Hoy siento que, a pesar de las dificultades, he encontrado mi lugar en el deporte y en el barrio. Mientras pueda seguir activo y sintiéndome útil, creo que todo lo vivido habrá tenido sentido. Y por eso no pienso parar.

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1 Comment

  1. No lo entiendo si Radio Gracia emite un día y se pasa meses apagada

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