15.6.2026.- Lecturas.com publica que la radio española no puede entenderse sin Luis del Olmo (89 años). Sin embargo, el locutor, hoy convertido en una de las grandes referencias del periodismo, orientó primero sus estudios hacia un camino muy distinto: la ingeniería. “Empecé a estudiar para facultativo de minas en una academia que había en la calle Real, número 15”, contaba en una entrevista para la web ‘Dialogados’.
Pero su relación con la profesión que ejerció hasta los 76 años parecía escrita de antemano. Cuando era un niño poseer una radio era un lujo. Con 7 años, el pequeño Luis se las ingeniaba para escuchar las emisiones infantiles de la Cadena SER, como ‘Matilde, Perico y Periquín’. En la casa de Don Leoncio, el practicante de Ponferrada y el único que poseía un aparato de la calle, descubrió lo que se convertiría en su pasión.
“Era el único médico y su mujer se encariñó de nosotros”, recuerda en el pódcast ‘Por el principio’. La llegada del aparato a casa, gracias a su tía, la vivió como una auténtica “fiesta”. “Siempre escuchábamos la Cadena SER, porque era la única emisora que se oía en la capital del Bierzo, Ponferrada. Así empecé a sentir el cosquilleo por el mundo del micrófono”.
Hijo del jefe de la estación de tren
Nacido en Ponferrada en 1937, el locutor creció en una localidad marcada entonces por la minería y el ferrocarril. Su entorno familiar estuvo estrechamente ligado al desarrollo del ferrocarril. El propio comunicador habló con orgullo de sus orígenes en el programa ‘Plano General’ de RTVE: “He tenido la suerte de contar con un padre, el antiguo jefe de la estación de Ponferrada, que era un gran tipo”.
Su padre, Luis, era una “buena persona que trabajaba como un león”, mientras que su madre, Emérita Marote, “además de ser una gran cocinera era una gran conductora del futuro de sus hijos”. La influencia del entorno ferroviario no terminaba en su figura paterna; su tío Joaquín también trabajaba en la misma red despachando los billetes de Ponferrada a Madrid.
Ser el hijo del jefe de la estación otorgaba un estatus particular: “Era importante ser el hijo del jefe de la estación de Ponferrada y yo era muy feliz; todos los niños querían ser mis amigos porque nos permitían hacer las locuras que no hacían otros niños”, rememora.
A pesar de esa fascinación por la radio cuando todavía era solo un niño, su trayectoria escolar no apuntaba a las letras. El locutor confiesa que “era bastante malo” como estudiante, y que prefería el deporte. Jugaba de portero en los partidos de fútbol, destacaba en baloncesto y dedicó horas al tenis de mesa.
“En un campeonato que hubo en todo el Bierzo yo quedé campeón, y fui a disputar a León el trofeo… y me dieron una paliza tremenda”, recuerda. Los veranos transcurrían en las verbenas de Ponferrada y escapando a Vega de Espinareda, “donde la juventud lo pasábamos mejor”.
De ingeniero a locutor
Durante el Bachillerato, el destino se alineó con su vocación. Su profesor de gimnasia, Ernesto Fernández Vázquez, era director de Radio Juventud de Ponferrada. Un buen día, les hizo una propuesta: “Vino a clase y nos dijo si queríamos apuntarnos a un curso de locución en la radio. Nos presentamos cuatro. Y, sí, ahí y gracias a él fue donde realmente empezó todo”.
Para forjar su estilo, Luis y sus amigos se reunían a escondidas a fumar: “Me dijeron: ‘si quieres ser locutor tienes que fumar para que tu voz sea más ronca, más dura’”.
Como premio por aprobar el Bachillerato, realizó su primer gran viaje: “Mi primera salida fue a Vigo a ver el mar. Era la primera vez que conocía el mar”. Al regresar, la realidad familiar llamó a su puerta. En el Bierzo, el futuro lógico era la ingeniería minera. Inició los estudios técnicos, pero la radio se cruzó en el camino de forma definitiva.
“Tanto mi padre como, sobre todo, mi madre, me veían de ello. Pero, en ese momento, me encuentro con un par de chavales, enviados de Radio Asturias de Oviedo, que van a buscarme a Radio Juventud de Ponferrada [donde daba noticias locales] y me dicen si me importaría ir a trabajar a la Cadena SER de Asturias. Yo creía que me estaban tomando el pelo, pero era en serio. Al cabo de un par de meses, estaba trabajando en la Cadena SER”, relata.
Este, sin duda, se ha quedado en la memoria de Luis Del Olmo como uno de los recuerdos más bonitos: “El momento más feliz de mi juventud fue cuando aquellos dos amigos vinieron desde Radio Asturias a buscarme hasta Ponferrada. Ese es el momento más feliz”.
Así conoció a su mujer
Su paso por Asturias le abrió la puerta a nuevas oportunidades y pronto acabó en ‘La Voz’ de León, donde pensó que podría quedarse durante años. Sin embargo, el traslado de su madre a Madrid por una operación cambió sus planes: durante aquellos días visitó varias emisoras, coincidió con Matías Prats y este lo animó a presentarse a unas oposiciones para Radio Nacional de España y Televisión Española.
Compitió con cientos de aspirantes, logró una de las diez plazas y en 1962 se incorporó a RNE, un salto profesional que incluso su propia madre recibió al principio con incredulidad. “Cuando llamo y le digo a mi madre: «Escucha Radio Nacional a las dos y media, que va a hablar tu hijo», ella se creía que le estaba tomando el pelo”.
El traslado a Madrid consolidó su carrera y también transformó su vida personal. Cerca del Bernabéu conoció a Mercedes González, Merche, y el flechazo fue inmediato. “Allí me enamoré como un tonto”, confiesa. Merche se convirtió en su gran amor, en su principal apoyo fuera de los micrófonos y en la madre de sus tres hijos. A su lado continúa hoy, ya retirado de la radio desde 2013.
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