Luis del Olmo: “Trabajando en la radio eran muchos los aciertos y los errores, pero creo que los oyentes me han disculpado”

Luis Del Olmo

1.1.2026.- Cristina Gaggioli y Pacho G. Castilla le han entrevistado para msn.com: Durante más de 40 años despertó a media España con su programa Protagonistas, uno de los más longevos de la historia de la radio española, con más de 12.000 ediciones. Luis del Olmo lo dirigió y presentó desde los micrófonos de las grandes emisoras estatales: Radio Nacional de España, COPE, Onda Cero y finalmente Punto Radio. Su posición en primera línea le otorgó gran poder de influencia, pero los oyentes valoraban sobre todo su cercanía, su ritmo pausado y su elegancia. Eso, indiscutiblemente, además de su profunda e hipnótica voz.

Este referente de la radio del siglo XX e inicios del XXI, ganador de los mayores reconocimientos como el Premio Ondas o el Premio Nacional de Radio, apagó el micrófono en 2013, pero desde el reposo y la perspectiva del sofá de su casa, cuenta a La Vanguardia que “mil veces que naciera, mil veces que estaría buscando un micrófono para saludar a los oyentes de la mañana”.

Luis del Olmo, ¿88 años ya?
Puede ser. Yo creo que sí. ¡Tengo tantos!

Si preguntáramos grandes nombres de la radio en España, la inmensa mayoría de lectores le mencionarían. ¿Usted tuvo siempre claro que ese era su objetivo?
La obsesión de mi familia era que yo hiciera todo lo posible para ser ingeniero de minas de carbón. De hecho, de alguna de las minas cercanas a mi tierra, Ponferrada, como Villablino, Cacabelos o los pueblos alrededor de Bembibre. Pero muchas veces pienso que no me equivoqué y que mi vida era la radio.

¿Cómo empezó?
Cuando la radió apareció en Ponferrada yo estaba en el instituto. En quinto o sexto curso nos reunió el director de la emisora, Radio Juventud, y nos preguntó quién quería ser locutor de radio. Levantamos la mano tres o cuatro, pero fuimos a la emisora dos nada más.

En ese pequeño gesto empezó una carrera que ya no tuvo freno…
Un día, en el paseo que hacía alrededor del ayuntamiento, aparecen dos señores y me dicen “nos han dicho que usted es quien ha leído un comentario en Radio Juventud de Ponferrada a las dos de la tarde”. Les dije que sí, “he sido yo, a las dos menos cuarto exactamente”. Me dijeron que eran trabajadores de Radio Asturias, de la Cadena Ser, y que venían a buscarme. Yo estaba empezando a estudiar para ser ingeniero de minas, pero aquello me llegó al alma y a los cuatro días estaba en Radio Asturias. De Asturias pasé a León y después a Madrid, en Radio Nacional de España, haciendo un programa diario a las cinco de la tarde y al mismo tiempo dando los boletines de los diarios hablados.

¡Muchos lectores recordarán seguro los diarios hablados de RNE! “Son las dos y media de la tarde, diario hablado de Radio Nacional”…
¡Yo nunca había soñado presentarlos! Y fue gracias a Matías Prats. Los diarios los daban de toda la vida dos compañeros y recuerdo que un día el jefe me dijo que por primera vez tendría que darlo yo solo porque el compañero no podía. Faltaban cinco minutos para empezar el directo, estaban los textos míos enfrente de mi, los textos del compañero ausente a mi lado, y… ahí me tienes dando mis textos y después cogiendo el texto de él y intentando decirlo cambiando la voz, engañando a los oyentes. Al acabar, entraron todos los compañeros porque era la primera vez que el diario hablado lo daba un señor con dos voces.

Fuera por esas habilidades locutoras o bien por otras, su carrera no acabó ahí…
Al terminar uno de esos boletines, me estaba esperando en la puerta un señor que decía ser director de Radio Nacional de España en Barcelona, director de Televisión Española en Barcelona y director de Radio Peninsular en Barcelona. Era Jorge Arandes, que mandaba mucho. En cuatro días cogí un coche cacharro que tenía en mi casa y le dije a Merche, mi mujer, “me voy a Barcelona a ver qué pasa”. Arandes me metió en su programa y a los cuatro días me preguntó si me atrevía a hacer un programa por la mañana de tres horas y media. “Claro que me atrevo”, le respondí. Y ahí empezó Protagonistas, en conexión con todas las emisoras de Radio Nacional. ¡Yo ni me lo creía!

Dejó atrás Madrid para ir a Barcelona. A nivel personal, ¿le costó cambiar de entorno, de ciudad, de amigos?
Llamé a mi mujer y le dije que preparara a nuestro hijo, que acababa de nacer en Madrid, porque nos meteríamos en una casa en la parte alta de la ciudad… o donde fuera. Y ahí empezó mi vida, pensando que cualquier día volveríamos otra vez a Madrid. Muchas veces pienso que toda la gente que me acogió en Barcelona era como los ciudadanos de Ponferrada, con los que enseguida hice amigos.

Esos amigos le debían impulsar a seguir adelante, a darlo todo, a encontrar capacidad de trabajo, porque ahí no acabó todo…
De pronto, después de meses y meses trabajando en RNE, me llamaron para darme el primer Premio Ondas y, en la fiesta, me encontré con el presidente de la COPE, que me dijo que le gustaría que me fuera con ellos. Y ahí fui, de RNE a la cadena COPE. A los diez años, me vinieron de nuevo para cambiar de rumbo e irnos a Onda Cero. ¡Era una locura! La última parada, sin embargo, fue Punto Radio. Cuando ahí cerraron, pasé a hacer unas entrevistas en Radio Nacional, con lo que se cerró el círculo ahí donde había empezado.

Ahora que está más tranquilo y más liberado de toda esa presión, ¿lo añora?
De hecho, no estoy liberado del todo, porque los dos únicos museos de la radio que hay son míos. Uno en mi pueblo, en Ponferrada, y otro en Roda de Berà, cerca de Tarragona. Durante años me preocupé de crear dos buenas entidades y compré aparatos de radio allí donde iba. ¡Me gasté una pasta! Sobre todo en aquellas ferias que había en Madrid y en Barcelona. Iba a todas y siempre me encontraba un aparato de radio de treinta o cuarenta años. Y no te digo cuando viajábamos a Londres, Moscú, Nueva York… ¡Siempre me traía algo! ¡Las maravillas que hay en esas colecciones no las tiene nadie! A Roda de Berà voy todos los sábados y me divierto mucho cuando la gente viene a ver todo ese material.

Pero entonces, Luis, usted no descansa: ¡sigue activo a través de estos dos museos!
Sí, sí, sí. Hace cuatro días estuve en Ponferrada y dentro de unos días acompañaré en Roda de Berà a un grupo de jubilados que hará un taller de radio. Por Roda estoy en verano, me paso por el museo y me hace mucha ilusión encontrarme con gente.

Sin embargo, el ritmo sí lo habrá aflojado, espero. Acostumbrado a la prisa y la presión de un programa diario de actualidad, ¿le ha costado este nuevo ritmo?
Bueno, antes el ritmo era hacer radio en directo. Ahora es escuchar radio en directo. Yo escucho todo lo que hacen mis compañeros y me acuerdo de cuando Protagonistas me llevaba a dar los buenos días desde Nueva York, la China o el último rincón del mundo. Y me acuerdo de qué feliz era y de qué maravilla el haber elegido esta profesión de micrófono, que me ha permitido viajar y llevar a todos los oyentes a las últimas esferas. He sido un privilegiado al haber trabajado en la radio. Era un sueño.

¿Cuál es el cambio más grande que ha notado después de esa etapa profesional tan intensa?
Cambié la radio por acompañar a mi mujer, por viajar con mi mujer, por recordar mi pueblo en Ponferrada o recordar mi rincón de Tarragona en Roda de Berà. Ahora paseo por los grandes comercios para encontrar un aparato de radio antiguo, comprarlo a cualquier precio y llevarlo a las dos colecciones que tengo.

Seguro que otro cambio importante, mucho más mundano, es la hora a la que suena el despertador…
En lugar de levantarme a las cinco y media de la mañana me levanto a las doce. ¡Doce! De hecho, he hecho insumisión y me levanto a la hora que quiero. Procuro madrugar, pero no a las seis de la mañana, como hacía cuando tenía que estar a las siete y media en RNE. Ahora ese madrugón puede ser a las diez, once o doce.

¿Significa eso que está aprovechando ahora para dormir todo lo que no ha dormido durante esos años de trabajo?
Bueno, me gusta acostarme, si es posible, a las dos de la madrugada. Escucho la radio, las distintas cadenas, le echo un vistazo al periódico una vez más… ¡Porque los periódicos los leo todos los días!

Cuida la mente, pero… ¿Y el cuerpo? ¿Hace ahora algo para cuidarse que antes no hacía?
Tengo la fortuna de tener un poquito de salud y, mientras la conserve, me moveré de un lado para otro. Siempre que me lo permita mi esposa, que espero que sí porque tiene un corazón fantástico, doy unas vueltas. Si no es con ella, yo solo.

La actriz Ingrid Bergman dijo una vez que “envejecer es como subir una montaña: te falta un poco el aliento, pero la vista es mucho mejor”. ¿Comparte esa visión, Luis?
A veces no quiero pensar en eso, pero inevitablemente lo hago: pienso en los años que tengo, en el pasado que he vivido, en el futuro que tengo… Pero sobre todo me pasa cuando paseo solo o con mi mujer y la gente de mi edad me dice que me recuerda. “Luis, ay, yo te escuché”, “Ah, cuando estabas allí, ah, cuando estabas en otro lado”. Eso no se paga con nada. Mil veces que naciera, mil veces que estaría buscando un micrófono para saludar a los oyentes de la mañana y que madrugaran conmigo. Y mil veces que naciera, mil veces elegiría la que ha sido mi profesión.

A día de hoy, ¿qué no puede faltar en su vida, Luis?
Bueno, lo que es imposible: la compañera que yo encontré en la madre de mis hijos. No estamos solos porque los hijos vienen una vez a la semana, no sé si a saludar a la madre, pero a saludar también al padre. Cuando estaba trabajando en medios tan importantes y en cadenas tan importantes, eran muchos los aciertos, pero también eran muchas las equivocaciones. He podido cometer errores, pero yo creo que los oyentes que me han seguido me han disculpado, me han perdonado, y me han dicho “no te preocupes, Luis, que mañana volvemos a escucharte”.

¿El Luis de 88 años se ve muy diferente respecto al Luis de 20? ¿Cree que ha cambiado ese chico?
Yo creo que es el mismo. Cuando tenía dieciocho o diecinueve años, soñaba con algún día ser más importante en una radio más importante también… ¡Y al final aquello se cumplió! He estado en una línea muy importante y muy influyente, he sido feliz, he visitado los mejores micrófonos y además he tenido magníficos amigos.

¿Ha merecido la pena todo el trabajo, el esfuerzo y el tiempo dedicado a su vida radiofónica, incluidos esos errores de los que nos ha hablado?
Sí, porque dentro de veinte, cuarenta o cincuenta años estarán abiertos dos museos de la radio y la gente continuará yendo a ver qué pasa, cómo son las radios americanas, o las radios rusas, o las radios del puerto viejo. Eso lo ha dejado un tal Luis del Olmo, que ya es historia, pero que continuará existiendo en el corazón de las personas.

89233

https://www.tierragalana.es

Sé el primero en comentar este artículo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*