José Ramón de la Morena, en la despedida: «Pido perdón y perdono»



José Ramón De la Morena

Juan Ignacio Gallardo escribe en Marca:

CÓMO EMPEZÓ TODO
A mí se me cumplió un sueño que seguramente sería el de muchísimos niños. Yo soñaba con ser periodista mientras mis amigos soñaban con ser futbolistas. Yo era malo, era de los peores. En mi equipo, que se llamaba ‘la panda del moco’, los números se ponían con arreglo a lo bueno o malo que eras. El mejor, que era Ángel el de la Leo, llevaba el 11; después estaba Javi, que llevaba el 10; Luis el panadero, que llevaba el 9; después Luciano que llevaba el 8… Así, hasta Zazo, que era el portero y llevaba el 1. Yo era el 2. Recuerdo que el 3 era Félix Ángel, que era tan malo como yo. A mí me gustaba muchísimo. Y luego mejoré. Eso sí, tenía una afición loca por hacer entrevistas. Entonces yo hacía las crónicas. De los partidos contra Villanueva del Pardillo, Quijorna… Mi padre me las pasaba a máquina y las colgábamos en el bar de Educación y Descanso. Hacía entrevistas… me sentía un periodista de verdad.

Mi madre me regaló en los Reyes Magos un magnetofón Phillips muy decentito y yo hacía con él mis entrevistas, mis programas… Tendría 11 años.

Dedicar la vida en cuerpo y alma al periodismo es una suerte
Luego, en el colegio, donde estaba interno desde los 9 años, hicieron una revista a la que enseguida me apunté. A los 11 ya estaba colaborando en esa revista. Le dije al padre Isidro que yo quería entrevistar a Gárate. Era mi sueño. Había un chico cuyo padre era directivo del Atleti y me dijeron «no te preocupes, que hablaremos con ellos…» Nunca se produjo esa entrevista. Pero entonces Julián Sánchez Casas, hoy médico de Puente del Arzobispo, me dijo: «Mi madre es prima hermana de la madre de Benito». Era el Sergio Ramos del Madrid de esa época. Y fuimos a entrevistarle.

Fuimos en aquella vieja DKW que tenía el padre Isidro a casa de Benito, en la calle Orense -a mí me pareció un piso lujosísimo, precioso- después de un partido en el que el Madrid empató con el Elche. La gente les había pitado. Apareció con un jersey de cuello de cisne rojo. Y nos dijo «¿vosotros también sois de los que pitan, que dicen que no queremos ganar?». Estaba muy cabreado. Yo, de los nervios, no encontraba las preguntas por ningún lado, la grabadora no tenía pilas, no llevábamos cámara de fotos… Aquello fue horrible. Nos regaló él una foto para que la publicásemos… Y bueno, salió una entrevista, la publicamos y yo me sentí… ¡uf!
El periodismo deportivo en este país es muy bueno… y también es muy agradecido

Pero luego, cuando llegamos al pueblo, mi tío Fernando me dijo: «Vale, pero tú habías dicho que ibas a entrevistar a Gárate… y éste es Benito».

PASIÓN POR EL ATLÉTICO
Como todos los niños de la época, yo era del Madrid. Como todos mis amigos. Fíjate qué titular te estoy dando. Pero mi tío Fernando me llevó a ver al Atleti. Fue el primer campo que vi. Un Atlético-Zaragoza. Era marzo. Por la noche. Yo estaba interno y mi tía Andrea, que era como mi abuela, lo organizó todo. «A José Ramón hay que llevarle al fútbol». Y mi tío Fernando, que era socio, dijo: «Yo le llevo». Me dejaron en la iglesia Santa Cristina, en Puerta Cerrada, que tiene una piedra de granito grande. «Tú te sientas en la piedra, llegará el tío Fernando a las ocho en punto con el Dos Caballos y ahí te coge». Y efectivamente. Pero eran menos cinco, y no venía, y yo de los nervios… Y aparecería a las ocho y cinco, pero yo nerviosísimo. Me subí a la furgoneta, atrás, con el olor a carne porque eran carniceros. Y aunque le pegaban un manguerazo, la furgoneta olía a carne. Con dos bocadillos de mortadela que me supieron a gloria… Imagínate. Cuando llegamos ya estaban saliendo los jugadores. Mi primo Pedro dijo «ya están saliendo los toros». «¿Qué son los toros?», pregunté. Y me dijo, «es el equipo contrario, y al equipo contrario se le silba». Nos sentamos en los bancos de madera que había allí atrás. Aquello me emocionó tanto que me produjo un dolor de cabeza brutal. Era un niño de 10 años. La luz del campo me impactó de tal forma… Se lesionó Gárate en la primera parte y como no había cambios se quedó de palomero. En una de éstas, Tejedor enganchó una volea, marcó y así terminó el partido. 0-1 para el Zaragoza. Ahí empezó mi apostolado con el Atlético. Yo vi que eso era otra cosa.

Muchas veces sin querer pisas flores y muchas veces te hacen daño
El siguiente lo jugaban contra el Espanyol en Sarriá. Lo recuerdo porque al acabar el partido mi tío Fernando le decía a unos parientes de Navalcarnero: «¿Vais a ir a Sarriá?» Y mi primo Rufino decía: «Sí, sí, vamos». Y yo pensaba: ése sería mi sueño. Poder ver un partido, y luego otro, y otro…

REFERENTES
No tenía ninguno. Yo de niño leía el MARCA y el As. Los compraba Galán, que era el listo de la clase, tenía una anemia y todos los días le daban en el internado un vaso de leche de verdad y el As y el MARCA. Un día uno y otro día otro. Entonces todos le pedíamos el periódico… «Dejadme que lo lea yo», replicaba. ¡Pero es que yo quiero ser periodista! Entonces me leía las crónicas de Belarmo. Yo quería ser Belarmo. Iba el Atleti a Sarriá y allí iba Belarmo, o a aquellos partidos de la Copa de Europa en Budapest, en Moscú… Cómo explicaban cómo era la ciudad, lo que comían… Eso es lo que yo quiero ser. Eso era lo que yo quería contar.

Yo no quería ser periodista de radio. Lo veía como demasiado lejos. Habría vendido perfectamente mi alma al diablo en aquella época por ser periodista de uno de los periódicos de deportes. No por ser Gallardo, por haber sido un humilde becario. Y que me hubiesen mandado todos los días a los entrenamientos… Hubiera sido feliz.

VIDA PROFESIONAL
Empiezo a presentar mi currículo en todos los periódicos. Mi padre tenía en el Ayuntamiento un libro donde venía la dirección de todos los diarios. A un amigo mío, Dionisio Navarro, un familiar suyo le había metido en ‘Canarias 7’. Yo me puse a escribir a todos, ofreciéndome a trabajar gratis en verano. Todos me contestaban diciendo que no era el momento, que era muy joven, que los presupuestos… No, no, si yo no quiero cobrar. Mi padre me decía «¿entonces cómo vas a comer allí?» Yo pensaba, ya me dará algo mi padre… Pero nunca me dieron la oportunidad.

Mi fórmula fue pensar en el oyente, usar un lenguaje sencillo

Entonces, en la Facultad, en Segundo, dijimos «pues vamos a empezar a presentar curriculos en la radio. En la Ser no lo presenté. Lo hice en Radio España, me recibió Paco Vela, que no se acuerda… Me dijo que si traía un espónsor pues a lo mejor, «¡si no cómo te vamos a meter aquí!» Entonces presenté un currículum en Radio Intercontinental justo cuando necesitaban a alguien para informativos. El que hacían Fernando Forner y Maria Elena Domenech. Un chaval que había por allí cogía lo primero que salía del teletipo y lo leía, sin ningún rigor y sin ningún control. Yo tuve mi primer fallo horrible ahí, porque cogí un teletipo que ponía «S.A.R. Juan Carlos I ha inaugurado…» Y yo leí: el ‘sar’ Juan Carlos I ha inaugurado…

Al día siguiente Ramón Serrano Suñer, que era el presidente, le dio un cassette a Miguel Vila y le dijo: «uno de éstos, que se vaya a la puta calle». Llegamos el otro chaval que estaba y yo, y nos dijo: «Venid, que uno de los dos se va a la calle. Vamos a escucharlo en mi despacho». Yo me quedé fuera y al rato veo a Tomás, que sale llorando… ¿Y tú que has dicho?, le pregunto. «No, nada, pero que no le gustaba al presidente…» Lo mío no llegaron a oírlo. Si lo llegan a escuchar, imagínate. Y me quedé yo y se fue él.

De ahí, Luis Sanjurjo me dijo que iba a hacer una cosa en Radio Popular y estaba buscando chavales, sin cobrar, claro. «Ah, pues ahí voy yo».

DE HUMILDE BECARIO A UN NOMBRE CON MAYÚSCULAS
Los periodistas estamos para contar cosas de los importantes, nunca me he visto importante. Te lo juro por lo más sagrado. He visto que todo esto es muy efímero y dura lo que dura. Lo importante es el legado que dejes, los buenos ratos que hayas vivido, que hayas transmitido y lo que hayas hecho pasar a la gente con una buena noche de radio, con una buena entrevista, un buen artículo, un buen periódico… El legado nuestro es ése. Las letras mayúsculas son para los Indurain, para los Gasol, los Fernando Alonso… Para toda esa generación de deportistas que hemos tenido la suerte de vivir. Igual que había cronistas del Reino que vivieron el Siglo de Oro de la literatura, de la pintura, nosotros hemos vivido el del deporte. Pasarán años, cuando lo chavales estudien quién fue Nadal, quién fue Casillas… pues yo espero tener tiempo de poder contárselo a mi hijo, que es ahora pequeñito. Tengo muchas batallitas para contarle.

TODA UNA VIDA DEDICADA A LA PROFESIÓN
Dedicar la vida en cuerpo y alma al periodismo es una suerte. Yo empecé en un laboratorio de fotografías para que mi padre no tuviera que cargar con todos mis gastos y he terminado pagando a Hacienda lo que jamás pensé que ganaría en toda mi vida. Entonces, al Altísimo y a la Divinidad solamente les puedo decir gracias.

Con José María García fue una competencia brutal, de gran periodismo

Echas un poco la vista atrás y dices: pido perdón, porque evidentemente en esta profesión pisas muchos callos y rompes huesos, porque sin querer muchas veces vas pisando flores. Pido perdón y perdono, porque muchas veces también te hacen daño, unas veces queriendo y otras sin querer. Es el momento de decir eso.

CUANDO Y POR QUÉ DECIDE COLGAR EL MICRO
Cuando vine a Onda Cero le dije a Bustillo, creo que estos cinco años van a ser buenos, porque me encuentro muy bien, en el mejor momento de madurez.

Pero la vida me cambia cuando voy a tener un hijo. Y cuando me dicen que viene con problemas. Yo llego todos los días a las tres de la mañana a mi casa y veo el cuadro de preocupación que tenemos allí. Y digo: ¿y voy a seguir con esto? ¿seguir llegando a las tres de la mañana? Hablé con mi mujer y dije: esto lo vamos a parar. El mismo día que Onda Cero viene a hablar conmigo del futuro les dije, mira, no me deis justificación ni nada porque yo no pienso seguir.

Siempre he pensado que lo más honrado de todo este mundo es el hincha

«Vamos a esperar a Semana Santa y luego ya decides», me respondieron. Luego la vida me hace un guiño y me regala la salud de mi hijo, que es lo más importante. Y me digo: joder, esto lo quiero disfrutar. Laura me dijo: haz lo que tú desees, que no sea yo la que te quite la vocación.

Nosotros no desconectamos nunca, no apagamos el teléfono nunca. Tener esa tranquilidad, esa libertad… En la radio es obligatoria la presencia. Lo mío era una esclavitud permanente. Esta mañana hablaba con Aitor, Edu Pidal… sobre quién me va a sustituir y alguno me decía: yo no estoy tan seguro de querer esa vida.

VIDA CONSAGRADA AL PERIODISMO
A mí me ha compensado porque era mi sueño. Pero lo he pagado con sangre, sudor y lágrimas. Decidir dejarlo no me supuso ningún trauma ni ningún dolor.

FUTURO
No he estado pensando en el día después. No sé cómo será. Quiero perderme, recuperar el anonimato y convertirme en un ciudadano normal. Quiero pedir perdón y quiero perdonar. Tienes heridas y cardenales que te duelen. Ésta fue de aquella cogida en Pamplona, ésta otra de no sé dónde… Quiero que se me olviden todos esos dolores y quiero pedir perdón, por lo que haya producido yo.

¿DECISIÓN IRREVOCABLE?
Uno nunca deja de ser periodista. Yo dejo la radio por la noche. A partir de octubre o noviembre, ya veré. Sería incapaz de seguir viviendo sin escribir, sin preguntar, sin comunicar. Algo haré. Pero con la tranquilidad de no tener ese agobio diario de levantarme, abrir el ojo y pensar …¿hoy qué vamos a hacer en el programa? Es tener la libertad para decir: pues hoy voy a ver amanecer.

EL PERIODISMO DEPORTIVO QUE DEJA
El periodismo deportivo es muy bueno, es de lo mejor que hay. Los que hay son muy buenos. Yo veo lo que se hace en el fútbol, en el ciclismo… hay tal competencia tanto en radio como en prensa que se ha hecho un periodismo muy bueno. También porque es muy agradecido: contamos gestas históricas, hazañas…

Mi consejo para jóvenes periodistas es capacidad de sacrificio

Las noticias hay que pelearlas, muchas veces es suerte, pero cuanto más tiempo estés ahí más opciones tienes de que te llegue la suerte.

Nosotros tenemos más vocación y ahora las generaciones tienen más preparación. Idiomas, másteres… pero también te preguntan enseguida qué día se libra. Nosotros, en aquella época, si te mandaban librar parece que te estaban castigando.

Mi consejo a quien quiera ser periodista es la capacidad de sacrificio y aguante.

Cuando llegué a la Ser hacía matinal, en un programa de Iñaki Gabilondo a las seis de la mañana que se llamaba ‘Aquí la Ser’, y entrábamos a las tres. Acababa a las ocho y media que empezaba Joaquín Prat… Yo empalmaba eso, me iba la Ciudad Deportiva, te ponías allí con un ‘nagra’ y casi estabas entrenando con ellos. Ahora eso es imposible.

A los futbolistas se les ha metido en una burbuja. Dicen que porque somos muchos. No creo que sea eso. Es una comodidad y un rechazo hacia los Medios que cada vez se da más. Se nos ha apartado como apestados y eso ha producido un distanciamiento entre los profesionales y los deportistas. Se ha perdido la relación tan cercana que había. Eso me da mucha pena.

UNA MANERA PROPIA DE HACER RADIO
No hay tal secreto. Mi fórmula fue pensar en el oyente. Empecé a pensar en el programa aquel de las tres de la tarde en la Ser, que realmente lo hice yo porque no lo quería hacer nadie. Lo hice con dos periodistas de la hostia, Paquito González y Chus Galán. Y Roberto Gómez, que entraba desde donde quería. Aquello funcionó. Yo pensaba en hacer un lenguaje un poco más descodificado. A ver cómo digo esto sin que suene machista. Pensaba que a las tres de la tarde me encontraba con gente que salía de los bancos, con señoras que estaban recogiendo la comida y el marido recogiendo los platos. Tengo que hacer un lenguaje para que la señora no apague la radio. No hablábamos del 4-4-2, de la defensa en zona ni el rombo, ¿entiendes? Hablábamos de otra manera. Es verdad que éramos muy incisivos. Pero salía divertido. Ahí yo pensé: por la noche quiero hacer algo parecido. Pensaba en esas radios de mesilla que escuchaban los dos y me decía: antes de ejercer el sagrado sacramento del matrimonio, por lo menos que escuchen algo del programa. Había gente que tenía poca fe.

LA MÍTICA SINTONÍA
Cuando Relaño escuchó la sintonía me dijo: «Eso es un insulto al oyente». Delkader me había encargado ya hacer el programa. Yo estaba en la playa, en La Manga. Llegó una señora con un pedazo transistor escuchando esa canción… Era de Benito Moreno, y me gustó aquello de ‘hincha tú eres el mejor’.

Mis amigos soñaban con ser futbolistas y yo soñaba con ser periodista

Decía García que lo más honrado de esto es el balón. No, yo pensaba que lo más honrado de esto es el hincha, que llora por su equipo, que las pasa putas, que se gasta lo que no tiene. Yo me acordaba de mi tío Fernando y mi primo Rufino, cuando estaban preparando el viaje para ir a Sarriá después de haber perdido con el Zaragoza… El hincha es el mejor.

DE LA MORENA – GARCÍA
Nunca tuve conciencia de que fuera ningún momento cumbre de la radio. Lo que decía antes: se ha hecho muy buen periodismo. Tanto él como nosotros, vosotros, ellos… Nunca tuve conciencia de ser número uno porque yo no lo fui: lo fui con un grupo de gente y en un escenario importante. Yo estaba en la Gran Vía. No sé qué hubiera sido de mí si hubiera hecho esto en Radio Alzira. Pero en la emisora en la que estaba, con la gente que tenía, donde estaban los mejores: Roberto, Lama, Paco, Pepe Domingo, Bustillo… donde luego se fueron añadiendo más. Y dirigidos por gente como Relaño. Pues aquello funcionó muy bien. Fue cuestión de ordenar un poco los caramelos. Como decía Delkader: hay que poner los de menta con los de menta y los de naranja con los de naranja, y ya está.

Había gente muy vocacional. Y competíamos con un tío que era muy bueno, con todos sus defectos y sus virtudes era muy bueno. A mí me parece que antes de subirse al púlpito García fue el mejor reportero que ha habido. Y luego ya fuimos a relevos. A ver quién más, a ver quién más… Y se ha hecho muy buen periodismo. Me da mucha pena la serie ésta porque parece que era una pelea de macarras y no era eso. Era una competencia brutal.

Ahora quiero tener la libertad para decir: pues hoy me apetece ver amanecer

Que sí, que nos hemos hecho daño. Y nos hemos dado cornadas, y navajazos, pero no más que se han dado los ingenieros, o que se dan en la literatura, y en la música, y en la política, imagínate.

Yo estoy orgulloso del periodismo que me ha tocado vivir, y en el que hemos convivido, y en el que hemos competido todos.

AL FINAL ENTREVISTÓ A GÁRATE
Le entrevisté cuando la pandemia, pero acabé encontrándome con él en mi último programa, el miércoles pasado en el Wanda Metropolitano. Yo, lo único que quería decirle a Gárate en ese último programa era: Mira, yo empecé en esto porque yo quería entrevistarte.

[«Te puedes ir muy satisfecho después de todo lo que has hecho», le respondió Gárate, sentado a su lado. Fue, sin duda, un hermoso y redondo final. De la Morena se despidió así de sus oyentes: «Pues señoras y señores, este cuento se ha acabado».

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¿Un final o un hasta luego? «De la radio por la noche será un final. Ahora m voy a dedicar a mantener mi Fundación, me ilusiona muchísimo el campeonato de los niños… Algo escribiré, alguna entrevista haré, algo comunicaré. Algo haré, seguro»].

El último radiofonista
La opinión de ROBERTO GÓMEZ
José Ramón de la Morena Pozuelo cuelga el micrófono después de 40 años. Lo conocí de reportero en la Inter y de becario en Radio Madrid. Desde el primer minuto me gustó. Por su cercanía, su lenguaje, su constancia, su facilidad para conectar con la gente y, sobre todo, por amar las costumbres de su vida siempre desde la lealtad con sus amigos de Brunete. La de José Ramón es una trayectoria brillante basada en cuatro pilares que, en el fondo, son la misma cosa: trabajo, esfuerzo, sacrificio y profesionalidad. Sus valores le han llevado a ser el mejor. Siempre lo tuvo claro: el protagonista es el oyente.

Con José Ramón se va el último radiofonista; con él muere un modelo de hacer radio, el de la radio de verdad. Siempre ha sido leal a los suyos: Perico Delgado, Valdano, Schuster, Tebas, Álvaro, los doctores Martín y Escribano… Creó personajes radiofónicos que son referentes. Tampoco ha sido capaz nadie de hacer la radio fuera de los estudios como José Ramón. ¡Son tantos sus méritos! Lo suyo es un auténtico espectáculo. Siempre estuve muy cerca de todos sus proyectos, desde El Larguero a El Transistor, y siempre hemos tenido una complicidad y una amistad fraternales. Tan grandes que las Nochebuenas las paso en su casa, con mi hijo y su familia. Gracias, José Ramón, y disfruta, te lo has ganado. Sólo te pido una cosa, hazme caso: tu próximo programa tiene que llamarse ‘Hasta que dure’.

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