Jorge Albi (M 80 Radio): “Soy ajeno al sistema, aunque vivo y me nutro de él”

Es alcoiano pero empezó a forjar su prestigio en Valencia. La vida nocturna y cultural de la ciudad durante la segunda mitad de la década de 1980 lleva impreso su nombre. Jorge Albi fue la voz y el alma de “La conjura de las danzas” y a la vez, el impulsor de Barracabar, uno de los locales más celebrados de la época. Las fiestas de su programa fueron épicas y ahora, después de dos décadas sin hacer radio, ha vuelto a las ondas formando parte del equipo de M 80. A raiz de su reciente incorporación a la radio musical de Prisa, valenciaplaza.com le ha entrevistado:

-¿Cómo te definirías?
-No hay mas virtud que la indefinición, pero en cualquier caso me siento bien como lo que soy: un “espíritu libre”, un heterodoxo en las formas, apasionado de códigos ajenos a la “normalidad” y a lo políticamente correcto. Soy ajeno al sistema, aunque vivo y me nutro de él. No me gustan los sectarios y me siento a años luz de los conservadores de derecha e izquierda. Odio la pobreza. En realidad me interesa la radicalidad como antítesis del extremismo y la intolerancia. Tengo una cabeza liberal, un corazón libertario y una pelvis libertina.

-¿Y radiofónicamente hablando, cómo te describirías a ti mismo?
-Algo así como un anacoreta de los sentimientos que comparte su amor por las canciones bonitas y las rodea con un proverbial torrente de palabras que acarician la mente y sedan el ombligo. Soy un enamorado de las canciones de tres minutos, del pop bonito, de los crooners con cadencia y de todo aquello que sea efímeramente eterno.

-Naciste en Alcoy, viviste en Dénia, estudiaste en Madrid. Cuéntame un poco esos primeros años de tu vida.
-Nací en el 59, en plena dictadura, crecí feliz. En la adolescencia surgió mi interés por la política, empecé a militar en el PSOE. Fui a la Universidad en Madrid, acabé Sociología en la facultad de Políticas, y fui a vivir a la sierra madrileña, a Miraflores, una especie de Ibiza mesetaria. Digamos que fui un poco hippie, freaky y muy moderno. En poco tiempo, hice muchas cosas. Hubo mucho “viaje”. Mucha experiencia vital y demasiadas anécdotas, y si no tuviera tantas lagunas en la memoria, mi vida sería digna de un par de novelas por lo menos. Fue todo muy cinematográfico, literario y delirante. Muy babilónico. Muy pop.

-¿Cuál fue tu primera experiencia delante un micrófono?
-Fui a vivir a Dénia, después de unos años residiendo en Madrid. Allí había escuchado algunos de los programas más interesantes de la época que va desde 1976 a 1982. Mi querido hermano Pangel, gran locutor de radio, comenzaba en el medio y yo aproveché la oportunidad y propuse el hacer algún programa musical en la radio de Dénia.
Ahí empecé. Poniendo a The Jam, The Cure, nueva ola americana e inglesa y todo el pop y la música indie española de la época. Así, de oyente pasé a prescriptor [Ríe].

-¿Hay algún grupo, artista o disco al que le debas el estar delante de un micro?
-En realidad se lo debo a una época para mí dorada de la música, como fue la llamada new wave. Creo que lo que me animó fue todo ese estallido de alegría, color y energía que rompía con cierto apalanque que había traído cierta música en los años anteriores de la década de 1970, cosas como el rock sinfónico.

-Tus orígenes radiofónicos están ligados a un lugar y una época, mediados de los años ochenta en València, que ahora, como otras cosas del pasado, se mitifica. ¿Fue para tanto?
-Fue un ejercicio de presentismo. Se vivía al día, saboreando todos los matices que generaba aquélla época caleidoscópica. València fue un volcán que dio la lava que anegó almas y cuerpos llenos de pasión e irreverencia. En lo que a mí respecta, participé en inventos radiofónicos, en uno de ellos contigo, que marcaron la vida de muchos. “La Conjura de las Danzas” fue un elemento de innovación y riesgo musical fuera de lo común. Radios, clubes, actos, conciertos y varias disciplinas artísticas se encontraron en aquellos años, diseminando las pulsiones vitales en una ciudad y una comunidad que por su mentalidad se convirtió en una especie de California del Mediterráneo, un Londres con sol, una Ibiza peninsular y más moderna.

-A tu llegada a València en 1984 compartías piso con músicos como Carlos Goñi, Gabotti y José Luis Macías. Aquello debió ser digno de otra novela.
-En València viví uno de los mejores momentos de mi vida. Fueron siete u ocho años, en los que fui protagonista de muchas cosas. Participé de una especie de coralidad vanguardista. Crecí como persona aunque siguiera siendo como un apasionado adolescente. Tuve a Lancelot, mi hijo, y viví situaciones muy emocionantes.
Entre ellas, la que relatas. No tengo muchos recuerdos de aquél episodio. Vivir con y entre músicos tiene muchas notas pero sobretodo mucha letra. Supongo que intentábamos follar, y si no siempre quedaba la guitarra o en mi caso, puesto que no la toco, pues hacer honor a mi segundo apellido, que es Cantó, [ríe].

-¿Qué fue para ti “La conjura de las danzas”? ¿Qué sientes cuando alguien dice que fuiste un prescriptor, alguien con el que descubrió música importante para su vida?
-La Conjura fue para mí un programa de autor, un espacio donde exponer mis gustos y mis pasiones, para elegir artistas que me motivaban y compartir maravillosas canciones. Fue una especie de púlpito laico, donde presentar grupos que no solían escucharse en las radios musicales más convencionales pero al mismo tiempo era una especie de diván hertziano donde hablar sin prejuicios de todo o de mi mismo. Analizar la realidad desde un punto de vista personal, desnudar mis pasiones, dudas, certezas, alegrías y temores. Y sobretodo compartir bonitas canciones. Ser un prescriptor está bien, creerse un líder o un gurú no va conmigo.

-Estuviste al frente de Barracabar, uno de los locales punteros de la València nocturna de los ochenta. ¿Cómo recuerdas aquellos años?
-Las noches en Barracabar fueron únicas. Junto a clubs como Gasolinera, Brillante, La Marxa y otros, y al margen de las grandes discotecas, y antes que Público y otros, existió Barracabar, que no es porque yo lo dirigiera o ejerciera de dj, pero tengo que decir que fue el bar más bonito de aquélla época, y lo digo también a nivel humano, artístico y musical. Lo que allí sonaba, los que trabajaron, los clientes que pasaron, las fiestas que se hicieron, todo eso condensó lo mejor de esa época. El buen gusto, el atrevimiento y la esencia se dieron cita allí. Fue la panacea de los clubes.

-Como tú bien dices, las fiestas de La Conjura que a partir de 1987 se celebraron en la discoteca Barraca, fueron como ensayos previos a lo que años después serían los festivales.
-Las maratonianas fiestas anuales del programa “La Conjura de las Danzas” fueron el principio de todo en formato fiesta multidisciplinar. Los protagonistas fueron los grupos musicales por los que apostábamos. Fue en realidad el antecedente indie. Todo se realizaba en un día hasta el amanecer. Y con actividades paralelas los días inmediatamente anteriores y posteriores, incluyendo partidos de fútbol contra los grupos ingleses.

-¿No era una locura organizar todo eso en un solo día?
-Concentrar el acto en un día generaba magia e intensidad. Hacerlo en varios días es como cambiar los biorritmos [Ríe] James, Happy Mondays, The La’s y decenas más. Grupos del sello Creation como Felt, o The Stone Roses también vinieron por medio del programa. Viendo los carteles de los cuatro años en los que se celebró, aquello fue todo un acontecimiento. Desfiles de moda, performance teatrales, actuaciones transgresoras y disparatadas, estriptis y los grupos sucediéndose mágicamente en los escenarios. Fue el principio de todo.

-¿Cuál es tu mejor recuerdo de aquellas fiestas?
-Probablemente todo el trabajo previo hasta llegar a aquéllas noches. Pero sobre todo, apostar por aquellos artistas. Recuerdo en la primera al cantante de The Weather Prophets fascinado cantando a mi amiga Isa, que estuvo suspendida en un columpio en las alturas de Barraca durante varias horas. La magia de Darling Buds en la segunda, la locura de la tercera fiesta con Bez y los Happy Mondays y lo hermoso de escuchar a unos noveles The La´s.

-¿Y el recuerdo más salvaje?
-No hay recuerdos salvajes, todo en sí era deliciosamente salvaje. Quizá destacaría el singular comportamiento de Happy Mondays, antes, durante y después de su actuación. Lisergia pura y explosivo caos. Peo aún así su delirante estancia fue positiva.

-Llega un momento en el que te marchas a Madrid, ¿por qué?
-Regreso a Madrid porque la responsable de la cadena musical de Onda Cero viene a ficharme a València y yo acepto. Empecé haciendo un programa de novedades musicales con entera libertad para poner lo que quisiera, porque otra cosa hubiera sido imposible. Estuve haciendo varios programas musicales y algunos magacines entre ellos “Déjate Besar” con Ángela Beato, y con colaboradores de peso pero atípicos. Así fue el programa, creo que muy adelantado para su tiempo. Muy culto y emocional, algo transgresor para las ondas… es que estábamos en otro universo. La desaparición de la cadena musical de Onda Cero concluyó mi etapa radiofónica.

-¿Nunca te ofrecieron estar en otras emisoras al dejar Onda Cero?
-Cuando se cierra la cadena yo estoy trabajando en bares y al mismo tiempo soy, junto a uno de mis socios, responsable de la producción de conciertos de La Riviera.
En las primeras semanas siento el vacío de no hacer radio, pero meses después no forma parte de mis deseos cotidianos. Puedo decir que no pasé ningún mono. Tuve un par de encuentros, creo que con alguien de Radio 3 y años más tarde me llamaron para ver la posibilidad de hacer algo en M80. Pero en realidad no tuve muchas ofertas. Me alejé de la radio y me divorcié del medio, pero también que una persona con mi talento radiofónico [ríe] no recibiera ofertas habla muy mal de ciertos responsables.

-¿Se paga peaje por ser independiente?
-En realidad hay mucha endogamia y mucho envidioso. Ser independiente y atípico no está muy reconocido. Si yo hubiera estado al frente de una radio, siempre hubiera tenido a los mejores pero en la radio pop de nuestro país vuelan los cuchillos. En mi ADN va impreso eso de vive y deja vivir. Hace unos años monté una radio por internet, en mi club. Más tarde la emisora de mi hermano, Montgoradio.com, emitió mi programa “El Caos Elegante”.

-Al dejar la radio comienzas a trabajar de nuevo el ocio nocturno, ahora como empresario, a la vez que sigues ejerciendo de dj.
-Sí, vuelvo a la nocturnidad que por cierto nunca abandoné. Me convierto en empresario nocturno y nace Déjate Besar, un bar muy divertido y que marcó toda una época en Madrid. Se llamaba por cierto igual que mi último programa de entonces.

-Déjate besar estaba justo debajo de la casa de la familia Franco. ¿Justicia poética?
-No exactamente debajo, pero en la finca del lado. Pocholo se dejaba caer por allí. La vida es muy daliniana a veces. Por cierto que durante una temporada, en una finca contigua también vivió la familia Aznar, y yo desde mi micro soltaba alegatos contra el susodicho.
-¿Es cierto que una vez fue a uno de tus locales nuestro actual rey y te dijo que le gustaba mucho la canción que habías puesto? Que, por cierto, era Blue Monday, de New Order.
-Sí, fue en alguna que otra ocasión. Recuerdo la noche de la que me hablas, yo estaba poniendo discos, le veía bailar, bueno, mover cabecita. Es muy alto, y me felicitó por la música y especialmente por Blue Monday. Parece que los Reyes actuales tienen musicalmente hablando sentimientos republicanos [Ríe].

-Después de muchos años sin trabajar para una emisora, has vuelto a las ondas. Estás en “Los Residentes” de M80, un espacio que compartes con Iñaki de la Torres, Fernando Navarro y Alfonso Cardenal.
-He vuelto a la radio gracias a alguien que siempre creyó en mí, Ramón Redondo. Hago un programa semanal donde concentro mis señas de identidad, ¡yo soy muy yo! [Ríe], Jorge Albi es muy reconocible, muy especial, no suele dejar indiferente. Pero lo de la radio es una colaboración circunstancial, no se cuanto recorrido tendrá. Vivamos el presente.

-¿Qué ha cambiado en la radio musical desde que la dejaste en los noventa?
-Las tecnologías han cambiado, pero el resto sigue igual. Se trata de transmitir, y eso vale tanto para el que lo hace como para quien lo recibe. Claro que cambian los targets, las tendencias y las ideas. España es muy conservadora, tanto en la derecha como en la izquierda. Y los discursos sociales y la utilización de las distintas plataformas también. Muchos popes de la radio de todas las tendencias son muy conservadores, pero también lo es el discurso (por llamarlo de alguna manera) de la mayoría de los youtubers. Se necesita más pensamiento libre, menos lugares comunes.

¿Tú tienes la misma moral que el alcoiano o más?
-Van fallando las fuerzas. Debería seguir a tope pero necesito motivaciones, retos que me apasionen. No se trata de tener más moral, se trata de estar en paz con uno mismo. En una época se decía de mí que era incombustible; bien, es cierto que no necesito petróleo, pero ahora me conformo con poder cargar poco a poco como los coches eléctricos.

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