Iñaki Gabilondo: «He gozado de la confianza y del apoyo de muchísima gente, y eso me emociona»



Iñaki Gabilondo

Jesús Barcos le ha entrevistado para noticiasdenavarra.com:
Iñaki Gabilondo (Donostia-San Sebastián, 1942) inicia un nuevo ciclo. El de diponerse a disfrutar, a punto de cumplir 79 años, del sosiego vital, tras décadas pegado a la actualidad indagando en sus claves. Su voz forma parte de la banda sonora de dos generaciones, y será especialmente recordada por su etapa como conductor en Hoy por Hoy de la SER. Sus oyentes, muchos ahora sentimentalmente removidos por su retirada, han seguido su evolución profesional valorando la talla de su trayectoria. El periodista donostiarra se dispone a afrontar sus últimos compromisos. Uno de ellos le trajo el jueves a Pamplona-Iruña para presentar el VII Panel de Co.Ciudadana, un estudio de tendencias sobre la evolución de Navarra. Horas antes de que se conociera la detención de Carles Puigdemont, le entrevistamos por teléfono.

  • Su presencia en este acto le ha permitido volverse a acercar a la realidad de Navarra, sujeta a veces a determinados estereotipos.
    – Yo sigo regularmente la actualidad navarra, tengo muchas vivencias aquí, no solo de cuando estudiaba, y muy directas, profundas y prolongadas. Por lo tanto, no es un enfrentamiento de golpe con un mundo que había perdido de vista hace 50 años, sino algo que estoy siguiendo.
  • ¿Qué le ha transmitido este panel de tendencias?
    – Me han presentado una comunidad vital, muy potente, en la cual se dan algunos elementos bastante comunes en otros lugares, como por ejemplo la angustia por el envejecimiento de la población, y por el drama del trabajo de los jóvenes, y la esperanza y necesidad de articular soluciones de cara al futuro a través de incentivación de inversiones. Observo como rasgo interesante que casi todas las cuestiones que la sociedad demanda, están en principio empujando a la política hacia los acuerdos, porque casi todas las cosas que se echan en falta y que se necesita resolver no están en la mano de una fuerza política concreta. Son asuntos de largo recorrido que necesitan estructuras de organización estratégicas más que tácticas, y que difícilmente pueden hacerse sin el consenso o los acuerdos de las fuerzas políticas. La sociedad revela un descreimiento creciente de la política, pero sin embargo, todas las cosas que anhela necesitan de la política y de una mirada distinta a la actual polarización.
  • ¿Qué otros aspectos destacaría del contenido del panel?
    – Una sociedad bastante animosa a pesar del desgaste por el covid, esperanzada y bastante confiada en su capacidad, en sus fuerzas y posibilidades, en la que se ha distendido un poco la grave tensión histórica de percepción de identidad. Y luego, una mirada que me resulta extraordinariamente moderna, en el entendimiento del valor creciente de lo público, de los amigos y de la familia. Asuntos capitales…
    – He estado viajando por el mundo, hablando con científicos. Todos dicen que el desarrollo biotecnológico e infotecnológico va a exigir una musculación muy fuerte del pensamiento humanista. Hay que colocar contrapesos a esa especie de arrastre de la tecnología ciega y revitalizar un nuevo humanismo en las sociedades. El pensamiento más de vanguardia que hay, no temer tanto a la tecnología, pero sí estar precavido. A mi juicio eso ha sido un rasgo muy típico en la sociedad navarra, que es muy realista, caliente y familiar. Incluso los problemas que ha tenido siempre han sido como de familia, porque es una comunidad muy pequeña y tiene un montón de grupos parlamentarios.
  • Ese humanismo aboca a unos servicios públicos de calidad.
    – Evidentemente, y es además una lección de esta pandemia: El entendimiento de lo público como algo casi predemocrático. Un mínimo colchón público potente es imprescindible para que una sociedad sea digna de ese nombre. Antes de saber si eres de derechas o de izquierdas, se ha evidenciado que se necesita un fuerte colchón público, se piense como se piense, para que una sociedad pueda llegar a serlo. Eso debería quedar fuera de la discusión ya. El día que se decretó la relación de servicios esenciales fue formidable. Cuando sale la lista de los esenciales resulta que son los barrenderos, reponedores de los supermercados, los que cuidan, los que recogen las patatas… Es como si la covid nos hubiera puesto ante los ojos una evidencia grande. Con la sanidad igual. Es una moraleja que no la va a aprender la sociedad, pero hubiera debido hacerlo. En ese sentido, me parece que Navarra está más avanzada en el entendimiento de eso que otros sitios que conozco.
  • El problema es que se conjuguen unos servicios públicos de calidad con una precariedad crónica.
    – Hay contradicciones agudas que con la covid hubieran podido acabar, dejándolas en un tono más templado. Resulta que cuando llega la crisis todo el mundo, hasta los ultraliberales, se lanzan al salvavidas del estado sin decir ni pío. Luego ya, en cuanto llega la prosperidad, no quieren ni verlo. Ahora Estados Unidos está soltando billones de dólares, y toda Europa y todo el mundo está regando con dinero público, como no podía ser de otra forma. Son deducciones que deberían hacerse y que evidentemente no creo que se vayan a hacer, pero que sería bueno que se hicieran.
  • Ya las reclamaba a partir de 2008, con la crisis anterior.
    – Aquí todos somos muy liberales; cuando va bien no quiero ver al estado ni de lejos y cuando va mal quiero que venga ahora mismo a mi socorro. Me parece humano, pero tendríamos que deducir de eso una posición un poco más templada ante las cosas, que nos acercara más a la posibilidad de abordar de otra manera lo público. En eso, yo tengo la impresión de que Navarra es mucho más fina de cabeza.
  • Habrá sido una semana muy especial a raíz del anuncio de su retirada. Ley de vida y opción vital.
    – Efectivamente, he recibido una gran cantidad de afecto y de cariño, lo llevo recibiendo muchos años. Es verdad que he recibido también puñetazos de hostilidad muy aguda por parte de algunos, y también ahora, pero en general yo soy un hombre muy bendecido, he tenido muchísima suerte, he gozado de la confianza y del apoyo de muchísima gente, y eso lo percibo y me emociona. Pero claro, las cosas tienen que tener un final, y hace bastante tiempo que entendía que tenía que quitarme del escenario, aunque estuviera teniendo últimamente una presencia menor, porque creo que las cosas tenían que haberse refrescado y renovado mucho más. Todavía está ocupando mucho espacio posiblemente un pensamiento demasiado dicho o unas voces demasiado oídas. En todo caso, me encuentro físicamente muy bien, en forma física, pero tengo intelectualmente una cierta sensación de hartazgo, de cansancio, de escepticismo y de inutilidad.
  • Lamenta este clima político.
    – Estoy muy afectado, se lo aseguro, por la brutalidad de la confrontación política. Y no solo por esto, porque yo no soy un niño pequeño que se asusta porque dos estén riñendo, sino por hasta qué punto esa brutalidad hace inoperantes las acciones políticas y resulta casi imposible dar un paso, porque no hay manera. Mi preocupación es muy grande por la propia democracia. Si esta consiste en que unos quieren hacer y otros tienen por objetivo demoler todo, tendremos que repensarla. Ya sé que la lucha por el poder ha sido siempre muy encarnizada, pero es que en este momento está casi aceptada como una verdad universal que los que están en la oposición tienen por misión, igualmente noble y legítima, destrozar cada cosa que se intente.
  • Pero no lo deja por esto.
    – No, son elementos complementarios para la fatiga, pero yo ya estaba hace mucho tiempo en otra cosa. Es que dentro de 15 días cumplo 79 años, ya está bien, me parece.
  • Observa que nos encontramos en un momento decisivo, con una transformación acelerada.
    – Y que yo creo que no se está viendo con suficiente consciencia. La pandemia hubiera debido poner a toda la sociedad en el punto de observación de que somos todos la misma especie. Pero no, el momento es muy peligroso porque están creciendo los populismos reaccionarios y los movimientos regresivos cuando se están jugando batallas muy decisivas, me parece a mí. Yo estoy muy influido por lo que he tenido la oportunidad de hacer para Movistar entrevistando a científicos por el mundo enero para ver cómo se movía el futuro, y vine muy impregnado de la velocidad impresionante a la que se están transformando las cosas. Me resulta lamentable que estemos aquí como mirando a las musarañas, como si estuviéramos hace 100 años, discutiendo cositas de cuarta fila, y sobre todo jugando a poner la zancadilla a cada cosa que se intente. Mientras tanto avanzan asuntos tremendos, como el cambio climático o la desigualdad, que es un escándalo, y la primera amenaza sobre la humanidad. Esta observación no es que la haga yo o me la haga usted, es que es tan compartida que hasta la Cumbre de Davos lo dijo.
  • En 2010 usted afirmó que a la socialdemocracia se le permitía gobernar con tal de que no fuera con sus propios puntos de vista. ¿Esto sigue vigente?
    – La socialdemocracia en un momento histórico impregnó un poco con su pensamiento a todo el espectro de ideas, pero luego en cierto sentido se agotó en su capacidad de desarrollo, con muchas contradicciones o circunstancias, la Tercera Vía… y está metida en una ratonera teórica bastante seria, y no sale con claridad. Pero lo más curioso es que termina siendo la derrotada en cualquiera de las crisis, aunque la crisis la monten sus rivales. El crack económico de 2008 procede de los sectores del ultrafinanciero Wall Street. Los follones que se están produciendo en la economía europea como consecuencia del Brexit vinieron de los conservadores de Cameron. Sin embargo, de todas estas cosas al final no se deduce o se deriva una ventaja, sino precisamente al revés, termina siendo más criticada que los que teóricamente tuvieron más que ver.
  • Sobre la crisis en Catalunya, usted ya en 2014 emplazaba a negociar; ahora ha empezado ese diálogo, pero le preocupa la falta de recorrido que pueda tener.
    – Primero, porque los interlocutores que se sientan a la mesa tienen unas posibilidades muy limitadas. Aunque se pusieran de acuerdo en absolutamente todo el Gobierno y el Govern de la Generalitat no podrían darle a la situación una solución de recorrido con mucho fondo si no contasen con el apoyo de fuerzas políticas de otro lado. Y en segundo lugar, seguramente están teniendo un problema, y es que están queriendo buscar una solución, y no van a encontrarla. Tienen que construirla, que es algo completamente diferente. No se trata de que entre un espectro de 6 o 7 posibilidades tengan que ver cuál eligen, sino de construirla. De hecho, la Transición fue una construcción, no la elección de un formato, sino la construcción de uno. En este momento le pasa mucho a la política, hay como una cierta pereza intelectual , y no se da cuenta de que hay que construir soluciones a problemas de una envergadura grande y nuevos. No hay en el catálogo de la política en este momento una receta para el conflicto que ahora hay en Catalunya. Hay que construirla. Yo tengo en ese sentido más pesimismo, aunque evidentemente estoy completamente de acuerdo con que se hayan puesto a hablar, porque es que si no, si en política no hablas, ¿qué haces?
  • Dijo que Juan Carlos I «se ha degradado», «ha degradado a la institución, y con él nos hemos degradado los que acompañamos el proceso». Una respuesta inteligente entendiendo el calado del asunto.
    – Reitero esa frase, eso es lo que pienso.
  • Habrá gente que piense que usted se llevará unos cuantos secretos.
    – No, no se crea, qué va, yo creo que hay un poco de cuento con eso.
  • Es difícil de creer.
    – Ya, pues sí, seguramente para que tuviéramos usted y yo una cena y nos tiráramos todo el tiempo hablando de chascarrillos, de anécdotas y curiosidades. Pero así de estas trascendentes que forman parte del mundo de los grandes secretos, pues no. Hombre, he tenido ocasión de conocer a todos los grandes personajes públicos, y he estado con todos los presidentes de Gobierno muchas veces y les he conocido a todos, y claro, he visto muchas cosas y he oído muchas cosas, que podrían como digo alimentar una amena velada, pero que en principio no podemos considerar que sean secretos que uno se lleva a la tumba. Yo no tengo esa consciencia.
  • La radio vive un cambio de era, pero usted es optimista sobre el poder el medio.
    – Sí, porque creo que están en crisis en todo el mundo estructuras empresariales que sostuvieron el juego, los elementos técnicos que la manejaban, ahora hay una nueva juguetería tecnológica. Pero la línea de fondo de la radio, la comunicación a través de una voz que dice y alguien que escucha como un elemento de fondo mientras está haciendo su vida cotidiana, estoy completamente convencido de que siempre encontrará vía de supervivencia y ocupará un lugar claro. Lo creo de verdad. Como me pasa con el periodismo, yo no sé cómo van a ser las empresas periodísticas, no tengo ni idea, pero sí creo que el periodismo va a tener vigencia, porque la gente ya está demandando cada vez con más claridad información que pueda resultarle fiable en este barullo de señales que llegan de todas partes.

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