Días de radio en Barcelona



Barcelona, Capital de la ràdio

Joan Esculies escribe en El País: Un libro coral y una exposición reivindican la radio como medio de masas en la Catalunya de los años veinte y treinta y el papel de la mujer en su consolidación.

El Abuelo pone la primera piedra para una caseta y huerto … pagando otro. El semanario conservador Defensa dels Interessos Catalans (DIC) cargaba así contra Ràdio Asociació de Catalunya porque permitía que Francesc Macià diera el pistoletazo de salida de las obras del chalet en Valldoreix que la emisora ​​sorteaba entre los participantes de un concurso infantil de historia de Catalunya. El presidente de la Generalitat, sin embargo, aquel domingo 22 de octubre de 1933 no se quedó al cóctel posterior, ni a las sardanas, ni a las actividades infantiles, ni al partido de fútbol programado para acompañar el acto. Tenía prisa.

De Valldoreix fue a la avenida ferial de Montjuïc, donde, arriba de un coche descapotable y junto al consejero José Dencás, saludó las guerrillas uniformados de las Juventudes de ERC-Estat Catalá (JEREC) que desfilaban hacia el Estadio Olímpico para celebrar un festival político y deportivo. El Abuelo, continuaba ácido el DIC, «rápidamente emprendió el viaje de regreso con el rabo entre piernas, para ir a hacer el ‘Hitler’ en el desfile cómico-fascista de las guerrillas de la camisa verde».

La agenda presidencial de aquella mañana ilustra bien las nuevas prácticas publicitarias radiofónicas -el chalet se conoció como La Lechera porque lo financiaba Nestlé-, la política cercana de Macià y la complejidad del momento político ante las elecciones a Cortes de noviembre de aquel año. El historiador Josep Lluis Martín Berbois explica el episodio en el libro Barcelona, ​​capital de la ràdio, que coedita junto con la historiadora Susanna Tavera y el estudioso Armand Balsebre.

El volumen de 400 páginas, que ha publicado el Memorial Democrátic, reúne 25 ensayos, muchos de ellos de especialistas en la historia de la comunicación, sobre la aparición, evolución y repercusión de la radio en los años veinte y treinta y el papel que tuvo la mujer. Algunos grandes ejes explicarían la espectacular eclosión del medio en la capital catalana.

Un ‘MusicBox’ clasista. Mientras el café-asador del Hotel Colón de la plaza de Catalunya de Barcelona la clientela acomodada entretiene con música de piano de fondo, en el sexto piso se emite la programación de Radio Barcelona. El estudio, inaugurado el 14 de noviembre de 1924 para hacerlo coincidir con el inicio de la BBC dos años antes, es pequeño, circular, como el escenario de un teatro, con techo tapizado, cortina ondulada y un doble piso de alfombras para impedir las resonancias y amortiguar los sonidos exteriores.

Su coste diario -alquiler de instalaciones, personal, orquesta y rapsodes- es de unas mil pesetas, describe Balsebre, catedrático de comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona.

En 1925 sólo se emite de seis de la tarde a once de la noche. Son pocas horas, pero el impacto que tendrá la puesta en marcha del «diario sin papel», como se publicita la emisora, será espectacular, aunque, de momento, la audiencia sea burguesa y que la misma revista de la radio explicite en una imagen de una señora elegante, fumando, con auriculares y un bebé a lado, que «la joven señora sabe conciliar la radio con sobre Deberes domésticos». A mediados de enero ya se ha retransmitido de forma íntegra la primera ópera del Liceo, La flauta mágica, de Mozart. Música clásica, considerada culta, y sardanas ante la «música tirando a negro» del jazz, por ejemplo, o los «bailes modernos americanos», como el charlestón o one-step, que costaron más de introducir.

En noviembre de ese año, Carlos Gardel, de gira por Barcelona, ​​grabó en el Teatro Odeón y avanzó a Radio Catalana los temas que luego interpretó al Goya. Era, según la periodista Sylvia Roig, «la primera vez que actuaba en una radio de Europa». La participación de la estrella argentina -con una fama aún por estallar en el continente- en la competidora de Radio Barcelona no es casual. Radio Catalana, inaugurada el 20 de junio de 1925, tenía una vocación más interclasista. Buscaba públicos más populares y el tango se lo permitía. Diez años después, la misma emisora ​​anunciaría el accidente de avión en el que murió Gardel, tal como recordaba en sus memorias de infancia Espinàs.

Pugnas empresariales.
Radio Barcelona fue el resultado de la estrategia comercial de las filiales y los delegados de las grandes multinacionales del sector de la radiodifusión en Europa, sobre todo para conseguir vender aparatos receptores, que era el negocio de la radio entonces. Entre sus impulsores había la Asociación Nacional de Radiodifusión (ANR), con el empresario de Osona Eduard Rifà como figura destacada. El proyecto, explica Balsebre, se basaba en el catalanismo de la Liga Regionalista, pero más que político, era cultural.

La radio se pudo desarrollar en medio de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) porque el dictador renunció a un servicio de radio pública y permitió uno basado en la iniciativa privada. Durante medio año, Radio Barcelona fue la única emisora ​​en Catalunya, pero pronto emitieron Radio Catalana, con más potencia y cobertura -propiedad del empresario Hugo Heusch, de Perlas Majórica-, y la emisora ​​madrileña Radio Ibérica.

Radio Barcelona vivió unos primeros años convulsos cuando el empresario vizcaíno Ricardo Urgoiti, al frente de Unión Radio Madrid, decidió comprarla. A pesar de las dificultades económicas y la necesidad de la inversión, Rifà y el resto de accionistas de la ANR no se sintieron más cómodos con la fusión. Urgoiti construía un imperio radiofónico peninsular. Debilitaba los rivales y los adquiría. Una vez al frente de Radio Barcelona, ​​eso es lo que hizo con Radio Catalana la primavera de 1929: un año después de comprarla, desapareció.

Por el contrario, el invierno de ese año la Asociación Nacional de Radiodifusión se desvinculó de Radio Barcelona. Al margen de diferencias ideológicas y de preferencias de programación, fue el factor económico lo que lo propició, como explica Manuel Fernández, profesor de la Universidad Complutense de Madrid. El año siguiente, parte de los empresarios de la ANR impulsaron Ràdio Asociació de Catalunya (RAC), con una clara vocación catalanista, en un momento en que la dictadura languidecía.

El ruido publicitario. De inicio, el rasgo diferenciador de Ràdio Asociació de Catalunya fue el uso moderno de la publicidad. En Radio Barcelona costaba introducir cuñas porque su propia revista consideraba que era un ruido indeseable, como si las emisoras tuvieran que intercalar «contra su voluntad, capítulos de prosa en la poética marcha de sobre tareas preferidas». Se lamentaba no tener otra opción que hacer uso «para vivir, aúnque penosamente, por medio del anuncio».

A finales de los años veinte, España era uno de los países europeos con una proporción -1,2 por mil- más baja de oyentes «cotizantes», es decir, que pagaran por su receptor. En el Reino Unido, por ejemplo, lo hacían el 53 por mil y en Alemania, el 28 por mil. El profesor de la Escuela Industrial Enrique Calvet, hermano del entonces director de La Vanguardia, Agustín, Gaziel, propuso cuotas forzadas al estilo de la BBC, pero la propuesta nunca se implementó. Y es que la mayoría de obreros no tenían dinero para comprar un aparato receptor y aún menos para aportar la cuota popular mensual de una peseta que se esperaba que sirviera para sostener la radio.

A partir de 1933, en cambio, Ràdio Asociació, frente a las cuotas y de la venta de aparatos, apostó de forma decidida por la publicidad para sostener la emisora. No lo hizo, sin embargo, para vender minutos de anuncios de palabras, sino por el patrocinio de programas como formato publicitario. Uno de los impulsores de la emisora, Ramon Pérez-Pujol, expresó el semanario Mirador que «la publicidad, que siempre suele ser pesada para los radioyentes, parece que últimamente ha estado encaminada hacia unos senderos que la hacen más tolerable».

La RAC también incorporó la grabación discográfica en los estudios de la radio para generar ingresos. Radio Barcelona terminó haciendo lo mismo, y en los años treinta la competitividad entre las dos emisoras, a las que se vincularon las numerosas emisoras locales que aparecieron en Catalumya, mejoraron mucho la calidad de los programas radiofónicos.

Entre la política y el deporte. Si en el golpe de Estado de Primo de Rivera, en septiembre de 1923, la radio tuvo una importancia residual, en la proclamación de la República en abril de 1931 ya tuvo mucha más. No todo el mundo, sin embargo, lo veía igual. Rifà oponía al uso de la radio como medio de propaganda política y electoral. Contra su opinión, sin embargo, el medio se hizo fundamental en este ámbito. Tal y como sigue el profesor de la UAB Arnau González Vilalta, la noche del 6 de octubre de 1934, por ejemplo, el consejero Dencás la aprovechó para lanzar proclamas y poner discos de sardanas para animar a la rebelión. Un «Viva España!» desesperado del separatista marcó el histriónico final hertziano de la insurgencia.

Fue, sin embargo, durante la Guerra Civil cuando la radio se convirtió en un verdadero medio de comunicación de masas en Catalunya y en el resto de España. El historiador Ferran Aisa recoge el uso que hicieron entonces los sindicatos y partidos, y el periodista e historiador Daniel Arasa, el de los quintacolumnistas. Sobre todo, sin embargo, fue Lluís Companys quien la empleó para probar que levantar la moral en la retaguardia. El historiador Josep Maria Figueres ha recogido todas las intervenciones -orales y escritas-, más de 250 textos, del presidente de la Generalitat entre 1936 y 1939 en el volumen Discursos de guerra, de 750 páginas, que también ha publicado el Memorial Democrátic a finales de 2020.

Al margen de su uso político, sin embargo, la radio acompañó todo el auge deportivo retransmitiendo las diversas competiciones. La periodista Marga Lluch recuerda que en España la primera la hizo en 1926 por Radio Barcelona el locutor José Miret Soler. Fue el combate de boxeo de pesos pesados ​​que se celebró en la ciudad entre el púgil Paulino Uzcudun y el italiano Erminio Spalla, con victoria del guipuzcoano. La primera retransmisión futbolística en Barcelona no llegó hasta noviembre de 1927 en el derby en Sarrià entre el Espanyol y el Barça (2-1).

La ficción dramática no tuvo una gran relevancia en los años veinte y treinta en la radio catalana; en cambio, la música era preponderante. Luis Miguel Pedrero, de la Universidad de Nebrija, explica que el estudio del Hotel Colón, tras acoger casi 300 solistas y 80 grupos musicales en su primera temporada, quedó pequeño y en junio de 1925 comenzaron las obras de dos nuevos estudios de Radio Barcelona en el teatro Tívoli, en la calle Caspe, para que pudieran actuar con más espacio.

Asimismo, una de las estrellas indiscutibles de la parrilla en los años treinta fue Josep Torres Vilata, «Toreski», que entretenía a pequeños y grandes con su espectáculo de ventrílocuo con Miliu, un niño travieso de ocho años. El actual director de Radio Barcelona, ​​Jaume Serra, dedica un artículo a la azarosa vida de este locutor que promovió también la radiobeneficiència. «Señor Toreski, ¿por qué ponen rejas en las cárceles?», Preguntaba cándido el Miliu al comenzar el 1937. «Para que no entren los ladrones». El diálogo lo llevó a la cárcel. En medio de la guerra ni los personajes como él, condecorados por la propia Generalitat, escapaban de la rigidez comunicativa.

Las pioneras.
Las mujeres tuvieron un papel fundamental en el desarrollo de la radio en Catalunya. «No sólo en la parte creativa, es decir con la producción de contenidos musicales o verbales -dice el volumen Silvia Espinosa, de la Universidad de Girona-, sino también trabajando en aquellas tareas más alejadas de la comunicación en antena y ocupando cargos en la administración de las empresas radiofónicas y de las revistas». Maria Queralt, por ejemplo, ejerció en los años veinte de secretaria general de Radio Barcelona y Maria Sabaté fue la primera mujer funcionaria y secretaria del director de la misma emisora.

Maria Cinta Balagué, por ejemplo, hablaba en 1926 en Radio Barcelona de temas culturales desde una vertiente conservadora. «La mujer, la buena ama de casa, que las peculiares obligaciones la alejan del continuo bullicio de las diversiones mundanas, tiene un medio excelente para recrearse le las ideas», expresaba. También había actrices que se pasaron o combinaron la profesión con la radio, como Carmen Martínez-Illescas o Rosita Cotó, que participaban en Radio Fémina. Era un espacio de Radio Barcelona que pretendía animarlas a «seguir el camino de la virtud, del perfeccionamiento moral y de la caridad, a la par que inspira y despierta justos sentimientos reivindicativos de los sagrados Derechos a que somos indudablemente acreedoras».

Su papel era notorio. Tanto que, cuando el 26 de enero de 1939 las tropas rebeldes entraron en Barcelona, ​​fueron de derecho a Ràdio Asociació de Catalunya para detener la locución de Rosalia Rovira y Francina Boris. El catalán tardó en volverse a escuchar en las ondas y RAC pasó a llamarse Radio España en Barcelona. Rovira, militante de Estat Catalá que durante la guerra había pasado por una checa, tuvo que dedicarse a hacer de modista. El franquismo no le permitió encontrar trabajo en ninguna emisora. Como ella, otras mujeres sufrieron la represión del nuevo régimen. Con una orientación totalmente diferente, pero, la radio que ellas habían contribuido a consolidar ya formaba parte de la vida de la gente.

Hasta el 21 de febrero se puede visitar en el Museo de Historia de Cataluny «Dones a les Ones». La exposición recorre durante casi un siglo el papel de la mujer desde los inicios de la radio hasta la actualidad. Entre aparatos, imágenes, carteles, micrófonos, recreaciones de espacios y publicaciones relacionadas, la muestra repasa los hitos que la mujer ha alcanzado en el mundo de las ondas y da a conocer el nombre de las profesionales que abrieron camino a las actuales.

De esta manera se evidencia cómo, ya desde mediados de los años veinte, la radio fue en busca de la audiencia femenina con espacios primero de carácter conservador, como Charlas femeninas o consultorios sentimentales. El periodo republicano sirvió para popularizar el medio y, a la vez, permitió la incorporación progresiva de locutores, muchas provenientes de agrupaciones teatrales y culturales. También entonces las mujeres tenían espacios para dar conferencias.

Todo esto cambió durante el franquismo. Mientras los formatos crecían (sobre todo en la década de los cincuenta), se proyectaba una imagen de la feminidad sumisa. Mercedes Laspra, por ejemplo, participaba en El consultorio de doña Montserrat Fortuny en Radio España, y Maruja Fernández hacía el personaje ficticio de Elena Francis en su consultorio radiofónico. A partir de los años setenta la radio recogió la pulsión de la calle y la lucha por unas leyes más igualitarias.

La exposición no olvida tampoco aquellas mujeres que han asumido papeles diversos detrás del micrófono. Ángeles Fernández García entró en Radio Barcelona con 22 años y fue la primera mujer técnica de sonido en España. Y Antolina Boada fue controladora de sonido, jefa de discoteca y jefa de emisiones en Radio Terrassa, donde entró al comenzar los años treinta y cuarenta años de profesión.

La investigadora de la UAB Elvira Altés, que también escribe en «Barcelona, ​​capital de la ràdio» sobre la cuestión, ha comisariado la exposición tras un lustro de investigación. Constata que las periodistas no lo tuvieron fácil para acceder a las emisoras radiofónicas por varios motivos, pero sobre todo porque se trataba «de una profesión de perfil marcadamente masculino». Altés describe el papel de la mujer en la radio como «una historia de éxito», que hay que completar aún con su participación creciente en los puestos de dirección.

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