19.4.2026.- María Teresa Nicieza escribe en lne.es que los martes, en el IES Avelina Cerra de Ribadesella, hay alumnos que no dedican el recreo solo a despejarse. Algunos lo emplean en preparar escaletas, ajustar temas, repartir turnos y decidir quién se pondrá delante del micrófono dos días después. Los jueves y los viernes, ese trabajo toma forma en AC Radio, la emisora escolar del centro, un proyecto que ha acabado convirtiendo un rato de descanso en una pequeña escuela de comunicación, constancia y autoestima.
Al frente de la iniciativa están los profesores Juanjo Palacios y Beatriz Moreta, que coordinan una actividad en la que este curso participan 19 alumnos y de la que 11 forman el núcleo más constante. Allí conviven secciones de chistes, economía, fútbol, filosofía, música o idiomas, pero también algo menos visible y seguramente más importante: un espacio en el que muchos estudiantes descubren que tienen voz, aprenden a ordenar lo que quieren decir y pierden el miedo a hacerlo en público.
Una idea que echó raíces
La radio del instituto no nació de golpe ni siguió un camino recto. Primero hubo un intento de ponerla en marcha, después un tiempo de escasa actividad y, más tarde, una reactivación paulatina hasta alcanzar la etapa de estabilidad actual. El espacio que ocupa hoy, se habilitó dentro del contrato programa, y cuando Juanjo Palacios se incorporó al proyecto apenas había unos pocos programas hechos.
Aquel renacer fue tomando cuerpo con la ayuda de varios docentes. Un profesor de inglés contactó con un profesional de la radio para revisar el equipo y dejarlo listo, mientras en paralelo se iba organizando el trabajo con el alumnado y se repartían las tareas técnicas y de coordinación. Con el paso de los cursos, el proyecto fue encontrando manos que lo sostuvieran hasta que se consolidó el tándem actual formado por Palacios y Moreta.
Hoy la emisora vive su momento más sólido. Emite dos programas semanales, cuando antes solo hacía uno, porque el interés del alumnado obligó a ampliar la frecuencia. “Ahora hacemos dos programas semanales desde hace dos años, jueves y viernes. Antes era uno semanal, pero la demanda de los alumnos ha crecido”, explica Palacios.
Cómo se hace la radio
La actividad no tiene peso curricular y funciona sobre una base voluntaria. Los martes, durante el recreo, los alumnos se reúnen para preparar contenidos, proponer temas y decidir qué sección sale cada día. “Los alumnos traen sus propuestas, cada uno tiene una sección, o forma parte del grupo que tiene una sección y deciden lo que van a hacer”, señala Moreta.
Los grupos se forman con bastante libertad y suelen crecer alrededor de afinidades. “Los grupos son un poco abiertos”, resume la profesora, que destaca además que la radio permite mezclar edades muy distintas dentro de una misma dinámica de trabajo. Esa combinación de cursos y perfiles ha dado lugar a parejas y equipos llamativos, con estudiantes de primero de ESO colaborando con alumnado de Bachillerato.
El formato de los programas también ayuda a que todo fluya. Cada sección dura entre tres y cinco minutos, y el programa suele moverse entre los 18 y los 20, aunque puede alargarse cuando entran las “píldoras de filosofía”, una colaboración semanal que realizan grupos de esa asignatura. Después, los contenidos se suben a la web del instituto mediante un enlace al pódcast alojado en iVoox.
La radio, además, no se queda solo en internet. Gracias a un proyecto de innovación educativa impulsado por Moreta hace dos años, el centro obtuvo 4.000 euros para mejorar la sonorización de los programas. Con ese proyecto instalaron altavoces en el centro y ahora, los programas también se escuchan en el propio instituto. La mejora incluso ha servido para sustituir el timbre tradicional por música.
Lo que cambia en los alumnos
Nerea Martínez, encargada de la sección de chistes; Miguel Cueto, que habla de economía; e Izan Villa, que se ocupa del fútbol, representan bien lo que ocurre alrededor de AC Radio. Izan se apuntó después de ver “el cartel en clase, colgado” y decidir que quería probar. Miguel lo hizo para “desarrollar una cosa nueva” que tal vez le sirva en el futuro, incluso en el caso de que termine orientándose hacia un trabajo como locutor.
Cada uno lleva un tiempo distinto en la emisora. Este es el segundo año de Nerea, el primero de Miguel y el tercero de Izan. Pero los tres coinciden en que la experiencia les ha dado algo más que una actividad entretenida durante el recreo.
“Me cuesta menos hablar”, reconoce Izan al relacionar su paso por la radio con las presentaciones orales en clase. Miguel dice que la experiencia le ha ayudado “a escucharnos más”, mientras Nerea tiene claro cuál es la parte que más disfruta: “El directo”. Son frases breves, que retratan bastante bien la clase de aprendizaje que deja un proyecto así.
Los profesores lo ven con claridad. “Hemos tenido chavales que el primer día, cuando le tocaba hablar se bloqueaba y ha acabado recitando en público”, asegura Palacios. Moreta explica que en la radio trabajan “la modulación de la voz, la inflexión, la apertura”, además de los silencios y los tonos, y sostiene que en algunos alumnos la evolución resulta “muchísimo” más que evidente. No en vano, cuatro estudiantes ya se han atrevido a presentar programas además de ocuparse de sus propias secciones.
Red, aprendizaje y relevo
La emisora ha ido ampliando su influencia dentro y fuera del centro. Filosofía participa con una sección semanal, y también han pasado por el estudio colaboraciones ligadas a Inglés o Francés. Este curso, además, el equipo de AC Radio ha realizado tres formaciones para docentes y ha ayudado de manera individual a otros profesores interesados en grabar contenidos con sus clases.
Fuera del instituto, el proyecto forma parte desde casi el principio del grupo de radios escolares RTR y lleva entre tres y cuatro años participando en la celebración asturiana del Día de la Radio. También mantiene encuentros con otras emisoras escolares, como las de Llanes y Cangas de Onís, en una relación que empezó cuando esos centros acudieron a Ribadesella para aprender a manejar sus equipos. “Es gratificante”, resume Moreta al hablar de lo que supone ver crecer proyectos a los que ayudaron a nacer y consolidarse.
Esa satisfacción convive, sin embargo, con una preocupación de fondo. “El profesorado no es fijo, hay mucha movilidad y así es difícil tener una estabilidad en el proyecto”, advierte Palacios. Moreta añade otra dificultad: “Somos pocos los que nos hacemos cargo porque está poco premiado”, en alusión a un trabajo que exige tiempo y dedicación extra.
Aun así, la radio sigue encendiendo vocaciones. “Se han despertado vocaciones”, dice Palacios. Y cuando se les pregunta a los alumnos a quién les gustaría entrevistar, aparecen con naturalidad sus intereses y su manera de mirar el mundo: Nerea elegiría “a un jugador del Sporting”, Izan “a un futbolista” y Miguel se sentaría con Carrillo porque, explica, “fue uno de los únicos que no se agachó el día del golpe de estado” y le gustaría conocer “cómo pensaba y por las experiencias que tuvo entrando en España con peluca, escondido”.
Ahí está, en el fondo, la razón de ser de AC Radio. No solo enseña a hablar mejor o a perder la vergüenza, también enseña a preguntar, a escuchar y a sostener una idea con rigor delante de otros. El problema es que una emisora escolar también necesita futuro. “Dentro de diez años Beatriz y yo estamos jubilados. Y no tenemos de momento reemplazo”, resume Palacios. En el Avelina Cerra ya han demostrado que la radio puede transformar un instituto; ahora su gran reto es que, cuando llegue ese momento, siga habiendo alguien al otro lado del micrófono.
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