8.11.2026.- Infovaticana.com publica: En plena precampaña, Fin de Semana dedicó casi doce minutos a la plataforma Stop Abolición, que pide regularizar la prostitución, y el informativo de las doce repitió su mensaje sin réplica. En septiembre, León XIV había puesto la prostitución entre lo que «ofende la dignidad humana».
El sábado, a las diez y cuarenta y cuatro de la mañana, Fin de Semana, el programa de Cristina López Schlichting en COPE, abrió el micrófono a la plataforma Stop Abolición. Son mujeres que se presentan como trabajadoras sexuales, piden regularizar la prostitución y se han colado en la precampaña con un vídeo contra Pedro Sánchez. La presentadora planteó el asunto con equidistancia de moderadora: «Hay un debate sobre la conveniencia de regularizarlas al estilo de Holanda o Alemania o continuar con la persecución de los puteros, de ellas. Y ese debate está abierto».
Abierto. En la radio de los obispos, la prostitución es desde el sábado un debate abierto (como el del cambio de hora, o el de los deberes en vacaciones), y la abolición, una persecución. No lo dijo la invitada. Lo dijo la casa, antes de que la invitada abriera la boca.
Sonó después el vídeo, que circula por las redes desde finales de octubre. En él, las mujeres de la plataforma recuerdan a Sánchez que ha tenido «trabajo sexual cerca» en su familia, dicen haber visitado «los más de 15 locales» que esa familia «gestionó en algún momento» y le acusan de «patológico cinismo». La frase que mejor resume el tono es esta: «Los clubs no son campos de concentración de mujeres». La radio de los obispos le dio casi un minuto, y la presentadora, al terminar, dictó sentencia: «A veces hay gente que habla bien claro, más claro que los políticos».
Ya con la invitada en antena, la primera intervención fue otro elogio: «Desde luego, la irrupción en la campaña ha sido rotunda. O sea, creo que en lo que a vuestro negocio se refiere, habéis puesto el dedo en la llaga». Vuestro negocio. A partir de ahí se habló de la prostitución como se habla de un sector: los impuestos, el modelo alemán, la hipoteca, la conciliación… Por momentos aquello fue la sección de emprendedoras de un suplemento dominical. La invitada, que está «dada de alta como autónomo», explicó que vio «un hueco de mercado donde ves una oportunidad de negocio», que así puede llevar a su hijo al colegio y recogerlo cada tarde, y que su empleo anterior era «mi trabajo moralmente correcto». La pregunta obvia (¿y este?) no llegó.
Hubo hasta complicidad de oficio. La presentadora, que según contó ha hecho reportajes sobre el asunto, confirmó que la prostitución deja unos beneficios económicos muy superiores a los de tantos otros trabajos. Y la invitada pudo exponer su doctrina sin que nadie le citara otra: «Es nuestro sí es sí, es nuestro cuerpo, es nuestra decisión». Con corrección de vocabulario incluida, que pasó sin rechistar: «No somos mujeres prostituidas, somos mujeres prostitutas, a pesar de que les duela».
Cristina aclaró a los oyentes que la abolición «estaría en el ánimo de muchos de nosotros». Objetó, ya al final, que atender «hombre tras hombre» es «cosa que no podemos calificar de trabajo, o sea que de fondo es una posición moral». Y despidió a la invitada hablando de «golpe de marketing».
A las doce, el informativo tomó el relevo. Durante casi un minuto y medio contó que «las trabajadoras sexuales han irrumpido» en la precampaña con un vídeo que acusa a Sánchez de «patológico cinismo», repasó los quince locales que, «según ellas», gestionó la familia de Begoña Gómez, dio voz a la portavoz y cerró con una frase que podría firmar la propia plataforma: «Exigen en definitiva derechos y no clandestinidad». Sin réplica. En el informativo de la radio de los obispos, las prostitutas ya son trabajadoras sexuales, y sus reivindicaciones, el remate de la noticia.
El 16 de septiembre, en la audiencia general, León XIV leyó el número 27 de Gaudium et spes, que pone «la prostitución» junto a «la esclavitud» y «la trata de mujeres y jóvenes» entre lo que «ofende la dignidad humana», y pidió evaluar «los proyectos sociales y políticos de hoy» según «los criterios de la dignidad de la persona humana». En marzo de 2025, Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, dedicó una carta pastoral a la trata y escribió que «la prostitución se ha extendido de una manera sorprendente, dando pie a la explotación de personas». Ni el uno ni el otro asomaron en los diez minutos de entrevista ni en el minuto y medio del informativo (el Papa había pasado por el programa poco antes, a punto de subirse al avión de Paysandú).
La explicación del entusiasmo no está en el Catecismo. Está en las saunas del suegro. El vídeo pega a Sánchez donde más le duele, a tres semanas de las elecciones, y eso basta para que una plataforma que pide tratar la prostitución como un oficio entre en la radio de los obispos por la puerta grande. La presentadora lo había anunciado antes de la publicidad, con un candor que se agradece: las invitadas reprochan al presidente que, «estando relacionado como está por familia con el negocio de los lupanares», no tenga «sensibilidad con ellas». El enemigo de mi enemigo, en COPE, tiene diez minutos y sale en el informativo de las doce.
Por cierto. A las seis menos dos de esa misma mañana, el editorial de la casa había presentado Uruguay, primera escala del viaje del Papa, como «el país más secularizado de la región», y lo había probado con su ley de eutanasia y sus drogas legales. Se le olvidó un dato. Uruguay regula por ley desde 2002 lo que allí llaman trabajo sexual. No hizo falta añadirlo: casi cinco horas después lo tenían en antena, dado de alta como autónomo.
«COPE, la radio de los obispos» es una sección diaria de InfoVaticana. Escuchamos atentamente la radio de nuestros obispos y les contamos lo que encontramos: publicidad, invitados, lenguaje, lo que se dice y lo que se calla. COPE pertenece en un 75% a Ábside Media, la empresa que la Conferencia Episcopal creó en 2020 con sus acciones y las de la mayoría de las diócesis. Además los jesuitas y agustinos forman parte del accionariado.
De lo que suena en ella responden, cada uno a título personal, todos los obispos españoles.
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