El recuerdo del Mago Pantopín perdura como un símbolo de la radio artesana en Las Palmas de Gran Canaria

José María Ayaso

28.9.2026.- Lourdes S. Villacastín publica en laprovincia.es que tras la barba blanca se escondía el periodista José María Ayaso Martínez, uno de los profesionales más versátiles y queridos de la radio canaria, que recibió un premio Ondas por el programa infantil que cautivó a los niños de la generación de los años 50 y 60.

El fallecimiento del Mago Tamariz -Juan Tamariz- el pasado 18 de agosto puso sobre el papel la relevancia que para muchos niños de los años 60 y 70 tuvo su humor y sus juegos de cartas. En Gran Canaria, los infantes de los años 50 y 60 crecieron con otro prestigiador: el Mago Pantopín. Tras su barba blanca y su varita mágica se escondía uno de los periodistas más versátiles que ha dado la radio canaria de aquella etapa: José María Ayaso Martínez. Su trabajo fue reconocido en 1961 con un Ondas, el máximo galardón para los hombres y mujeres de la radio.

Nacido en Jerez de la Frontera, José María Ayaso Martínez llegó a Las Palmas de Gran Canaria en la temporada 1953/54 cuando el periodista de deportes Pascual Calabuig saltó de Radio Las Palmas, la emisora decana en la Isla -hoy Radio Islas-Radio Las Palmas-, a la recién constituida Radio Atlántico. El entonces director Pedro Pastor Segura se vio obligado a buscar una figura que hiciera la competencia a Calabuig y de ese modo llegó a Canarias Ayaso, que desde 1947 ya viajaba con su voz por las ondas. Primero en Radio Jerez y luego en Radio Ceuta. Nunca más abandonó Gran Canaria. Respecto a Calabuig, otro grande de las ondas, más que competencia se convirtió en un gran amigo para Ayaso.

Maestro de algunos de los periodistas radiofónicos que ha dado Canarias, José María Ayaso tocó todos los palos de una radio que era la compañía de una sociedad en plena postguerra y con censura, donde los locutores lo mismo radiaban un suceso, que un evento deportivo, el eslogan de una marca comercial o presentaban una gala musical en un teatro con público y en directo. «Se hacía de todo. Era una radio muy artesana, con lámparas muy grandes y multitud de cables de todos los colores. Reinaldo Montesdeoca, que aún vive y trabajaba con él, era para nosotros MacGyber», reconoce hoy Chema Ayaso -hijo del periodista-, dolido porque no haya habido un reconocimiento institucional a la trayectoria profesional de su padre en Canarias, que no solo fue la radio, sino también el ámbito cultural de la isla. En este ámbito, promovió la carrera de numerosos artistas -Teddy Bautista, José Vélez; entre otros- con la puesta en antena de sus primeros vinilos.

El programa, titulado, ‘Fantasía infantil del mago Pantolín’ nació en 1954 y estaba patrocinado por los Almacenes Palacio de los Juguetes. El espacio, que duró doce años en antena, estaba dedicado íntegramente a los niños y constituyó todo un fenómeno al no existir en Las Palmas de Gran Canaria cine infantil u otro entretenimiento más que la calle. Fue un vivero además de figuras de la canción, pues a José María Ayaso le acompañaba el pianista José Peón Real. El programa se completaba con el mago del guiñol Isidro Gómez.

‘Fantasía infantil del mago Pantolín’ se emitía a las 15.00 de la tarde , por detrás de las noticias y ‘Melodías para la sobremesa’. El espacio radiofónico tuvo varias versiones ‘El detective infantil del mago Pantolín’ y ‘Los cuentos del mago Pantolín’. En 1961 fue destacado con un premio Ondas, el más prestigioso galardón a quienes hacen radio. Para José María Ayaso fue toda una sorpresa. Así lo manifestaba al periódico Falange, el 9 de noviembre de 1961. «No creía que un programa provincial como el nuestro llegará a lograr un premio de esta categoría. Satisfacción porque para los que trabajamos en la radio conseguir un Ondas es la máxima aspiración y recompensa», manifestaba con humildad.

Un espacio también educativo
El locutor explicaba en el diario, que forma parte de la hemeroteca Jable de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que la intención de su programa infantil es que fuera educativo. «Pero sin cargar, sin pedantería, sin enciclopedismo. Procuro que los niños tengan lo que necesitan pero sin que se den demasiada cuenta de que los mayores están trabajando y moldeando sus mentes y su alma. Es el mejor sistema para obtener buenos resultados», decía cuál pedagogo. José María Ayaso no quería desvelar todos los trucos del mago Pantopín, pero reconocía que el personaje, al principio imaginario, era ya tan real para él que «constituye mi segunda personalidad». «Hasta el extremo que a mis hijos les llaman Pantopinito y Pantopinila», declaraba a Pedro González- Sosa.

Y descubría para los lectores que aquel Mago Pantopín, que tanto agradaba a los niños, no era otro que él mismo. «No encontré a la persona adecuada, pues necesitaba ponerse barbas y un gran mantón. Luego al paso del tiempo, tuve la suerte de que yo mismo me fui encariñando con los que llegaban a la radio, principalmente pequeños, a pesar de los sudores tremendos que significaba cada jueves el ponerse una barba y un traje extraño, para hacer felices a muchos niños», confesaba.

Su honestidad era tal que su hijo recuerda que, en una ocasión, que le llevó a presenciar el programa de radio, le tocó un balón en un sorteo que hacían. «Yo me puse tan contento pero mi padre me quitó el balón porque el hijo del Mago Pantopín no podía tener premio. Lo volvió a sortear para otro niño y a mi me dio una chocolatina de Tirma. Hasta ahí llegaba su profesionalidad y honestidad», rememora Chema, uno de los nueve hijos que tuvo el periodista con la locutora Marta Formoso Estevez, que falleció con tan solo 38 años. Un duro golpe para toda la familia y especialmente para José Luis Ayaso. «Se desmoronó entero. Se alejó de la vida profesional, aunque luego se fue incorporando a la vida cultural. En 1991, cuando falleció, nos acompañó tanta gente, que Dunia y yo no dábamos crédito a quién había sido mi padre», apunta.

«La radio de mi padre era una radio alegre. Los programas llevaban títulos como La caravana de la simpatía, el musical de Canarias. Desfile de variedades; que fue el culmen para los artistas y que desbordó el pequeño escenario que había en la emisora de Triana, por lo que hubo que ir al Teatro Cine Avellaneda -hoy Guiniguada- y al patio del Círculo Mercantil», añade el periodista para indicar por qué a su padre le fue tan difícil regresar al trabajo tras la gran pérdida de su mujer.

Pese a que muchos lectores le recordarán como creador de ilusiones con su programa radiofónico ‘El Mago Pantopín’ o ‘Selección musical cero’. En su trayectoria informativa figuran también ‘Minutos en la calle’, donde hacia un comentario sobre la actualidad; ‘Enceste’, en el que recopilaba la información local de baloncesto, y ‘Adjetivos calificativos’. También fue el encargado de presentar el Himno oficial de la Unión Deportiva, compuesto por sus compañeros de filas: José Péon Real -música- y Gonzalo Monasterio -letra-.

Corresponsal de Radio Nacional de España
«Fue durante años corresponsal de Radio Nacional de España y estaba las 24 horas del día pendiente por si sucedía algo; luego lo fue para casi todo», recuerda el periodista y escritor, que señala como anécdota que su padre tenía una radio sintonizada en cada habitación de la casa familiar para no perder el hilo de las noticias que escuchaba, mientras atravesaba las estancias. «Tengo anécdotas muy divertidas con él. A mi y a mi hermana Dunia Ayaso- la cineasta fallecida en 2014- nos llevaba de niños a muchos de sus programas en el entonces Teatro Guiniguada, convertido en un plató de radio en el que si se rompía algo se arreglaba sobre la marcha», cuenta Chema.

Los 31 de diciembre Ayaso no faltaba a su cita con sus oyentes, «Si algo era mi padre, era periodista», puntualiza su hijo, que añade que tenía últimas cabeceras a casa, que comenzó siendo su despacho, y que terminó llena de periódicos porque compraba los tres diarios que se editaban entonces El Eco de Canarias, La Provincia y Diario de Las Palmas, estos dos últimos cabeceras de Prensa Ibérica Canaria, condenando la estancia a ser una hemeroteca. «Dormía hasta con la radio puesta; tenía sintonizado hasta Radio Moscú para poder dar noticias a Radio Nacional de España y, cuando pusieron el teléfono en casa, daba igual la hora que fuera, se levantaba y daba la noticia», explica.

Una de esas historias que dicen mucho de cómo se hacía radio y del perfil que debían tener los locutores es que el día que se fundó la Asociación Cromofílica, su padre hizo el directo desde el Estadio Insular con un magnetófono grande. Allí lanzaron una paloma que llegó a la emisora, situada en Triana; hoy el consulado de Japón, a donde la habían enseñado a llegar, mientras que Gonzalo Monasterio era el encargado de cogerla. «Yo tenía cinco o seis años. Veía aquello y pensaba así debe ser la radio», comenta.

En sus Bodas de Plata en la radio, el 13 mayo de 1972, y con un emotivo homenaje popular que se le brindaba en el Cine Avellaneda, José María Ayaso desvelaba al entonces diario ‘Eco de Las Palmas’ su relación intensa con la radio. «He llegado a todos los programas por un exceso de sentimentalismo, y he podido ser feliz en un programa que me ha hecho llorar», manifestaba a su compañero de prensa Antonio Campos. Modesto con su recorrido profesional, no quería dar consejos a los nuevos periodistas, pero admitía que era mejor ofrecer «una charla amigable» con el entrevistado que ser incisivo. «El mero hecho de estar en la radio no me autoriza a dar determinados consejos, pero puedo decirte que siempre es aconsejable que el profesional de la radio sea un engranaje cómodo, para nunca molestar a nadie, ni procurar estar muy preocupado por la responsabilidad que encierra el hacer una entrevista, teniendo en cuenta la gran cantidad de oyentes, sino que se piense que se trata de una charla amigable. En una palabra, hay que procurar adaptarse a la personalidad de quien se entreviste, para que esa persona se sienta realmente cómoda», añadía.

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