18.2.2026.- Elconfidencial.com publica que a sus más de 80 años, Iñaki Gabilondo sigue reflexionando sobre la radio, el periodismo y el país con una lucidez que explica por qué su voz marcó durante décadas la forma de escuchar la actualidad en España. En una conversación pausada en el pódcast de Guillermo Vila, Gabilondo se muestra fiel a sí mismo: reflexivo, autocrítico y profundamente consciente del peso que tuvieron las palabras pronunciadas ante el micrófono. Con una salud que define como “razonable para mi edad” y una vida más activa de lo que esperaba, el histórico comunicador repasa su trayectoria sin nostalgia impostada. Habla de la radio de ayer y de hoy, del llamado estrellato de los años ochenta y noventa y de cómo aquel fenómeno respondía a un tiempo en el que la radio ocupaba un lugar central en la vida pública. Un escenario que cambió radicalmente con la llegada de internet y la multiplicación de voces, aunque Gabilondo sigue convencido de que la radio mantiene una capacidad única para adaptarse a la realidad social.
Entre los recuerdos más intensos de su carrera aparecen inevitablemente los años del terrorismo de ETA. No solo como periodista, sino como vasco. “Como vasco, me parecía un horror que aquellos disparates se hicieran en nombre de mi pueblo”, confiesa, explicando el dolor añadido que suponía ver cómo la violencia se envolvía en una identidad colectiva que él nunca reconoció como propia. A ese sufrimiento se sumaron los años con escolta y la sensación de que el país entero arrastraba una herida difícil de cerrar. Ese contexto ayuda a entender algunos de los momentos más tensos de su trayectoria profesional, como su enfrentamiento verbal con José María Aznar. Gabilondo reconoce que hubo ira, pero también que no se siente orgulloso de cómo la expresó. Siempre ha defendido que un periodista transmite dos mensajes a la vez: lo que dice y cómo lo dice. Y perder las formas, admite, fue un error del que decidió pedir perdón públicamente. “La responsabilidad ante un micrófono es enorme”, insiste.
Lejos de verse como un periodista de ruptura, Gabilondo se define como alguien profundamente marcado por la Transición y por la ilusión colectiva de construir una democracia. Asumió ese papel de forma natural y sin imposturas. Nunca quiso disfrazarse ni representar un personaje ante los oyentes. Para él, pasar seis horas diarias en antena solo es posible desde la autenticidad. Fingir, asegura, acaba siendo siempre evidente.
270 euros por tres noches de hotel en Japón: “Dicen que aquí son enanos y muy grande no parece”270 euros por tres noches de hotel en Japón: “Dicen que aquí son enanos y muy grande no parece”.
La responsabilidad es un hilo conductor en su relato. Hermano mayor en una familia numerosa, aprendió pronto a cargar con tareas y a no fallar. Esa misma actitud la trasladó a su vida profesional. Desde muy joven ocupó cargos de dirección antes incluso de ponerse frente al micrófono, y siempre entendió el éxito no como un mérito individual, sino como el resultado de la confianza de las empresas y del “gran coche” que, según su metáfora, le tocó conducir. Gabilondo también reflexiona sobre el clima político actual y no oculta su preocupación. Considera que la fractura abierta tras los atentados del 11-M marcó un antes y un después en la convivencia, una brecha que, a su juicio, no ha dejado de agrandarse. Le inquieta especialmente el lenguaje que divide entre “los nuestros” y “los otros”, entre españoles y supuestos enemigos de España, una lógica que ve más peligrosa hoy que en aquellos años de máxima tensión. Alejado ya de la radio diaria, el periodista explica que su retirada fue una decisión meditada. Cree que su generación ocupó durante demasiado tiempo el centro del escenario y que es necesario ceder espacio a voces más jóvenes, capaces de hablar el idioma del país actual. Seguir opinando, sí, pero desde otro lugar, sin monopolizar la pista central.
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