31.12.2025.- Scherzo.es publica: Seguir la historia de Radio Clásica, que acaba de cumplir sesenta años, es hacer lo propio con la de la música española del mismo periodo, sus creadores y sus obras, sus intérpretes, sus instituciones y hasta su público. Aquella emisora que primero se llamara Segundo Programa, luego Radio 2 y finalmente Radio Clásica ha resultado ser un elemento imprescindible de nuestra vida musical, presente hasta el punto de que sus oyentes nunca han sido meros recipiendarios pasivos de sus ofertas sino partícipes de las mismas a título crítico, lo que, en definitiva, engrandece la labor de sus responsables —once directores a lo largo de su historia, de muy distinta trayectoria y cada uno con su personalidad volcada en las programaciones—, capaces de arriesgar unas veces, de ser otras algo más conservadores pero siempre conscientes de una responsabilidad cultural de primer orden, más aún en un país en el que de alguna manera hay que suplir esas deficiencias en la educación musical que aquejan desde siempre a sus ciudadanos.
Todas las plumas que colaboran en el dosier que este mes dedicamos a Radio Clásica han sido protagonistas de esta historia cuyo desarrollo coincide en buena medida —tengamos en cuenta un cierto retraso lógico debido a las tan especiales circunstancias españolas— con la de lo mejor y más activo del trabajo de las grandes y no tan grandes radios públicas europeas en su apuesta por la creación contemporánea. Radio Clásica se sumó, a través de la entonces UER, a esa marea imparable de apoyo a la creación contemporánea de cada país en una estrategia que llevaba aparejada una decisiva difusión transnacional a través de los programas de intercambio internacional o de las tribunas internacionales de compositores de la UNESCO. Una buena muestra de los nombres que configuran el panorama creativo de la música española ha aparecido en esos foros sin los que la irradiación de nuestra cultura musical no hubiera sido posible.
Como revelan los testimonios de quienes han hecho este dosier, no se ha tratado de un camino fácil por más que haya sido extraordinariamente apasionante. No siempre el contexto ha resultado del todo favorable ni las circunstancias en todo momento las mejores, pero de cada una de las experiencias aquí recogidas se extrae una lección de pasión verdaderamente admirable. No olvidemos que, volviendo al problema de la educación musical en España, muchas veces cada etapa de esta historia tenía algo de prueba y error, de riesgo mejor o peor calculado, más aún en un país en el que, como sabemos, cualquiera de sus ciudadanos es capaz de hacer lo que hace su vecino, pero mucho mejor.
De Enrique Franco —su primer director— a Eva Sandoval han pasado por cargos de responsabilidad en Radio Clásica gestores, compositores, funcionarios, músicos, críticos, pedagogos, intérpretes… y en su nómina de redactores y colaboradores han figurado y figuran musicólogos, musicógrafos y periodistas que le otorgan una variedad de contenidos que constituye a la vez un haber y un riesgo, pues equilibrar cada aspecto de su programación no es asunto fácil. Hay que ser divulgativo sin ser banal, riguroso sin aburrir, profundo y entretenido al mismo tiempo, atender a la gran tradición de la clásica y a su lectura contemporánea, ser amigable sin demasiada campechanía y educador sin exceso de celo.
Lo más importante —la vida es así— tras estas celebraciones de la sexagenaria Radio Clásica no es otra cosa sino la intención por dibujar su propio futuro desde las lecciones del pasado y el presente. Aprovechar al máximo la doble faz de lo que puede observar en los rostros de sus oyentes: la entrega total a su propuesta y el sentido crítico hacia la misma. Ambas son el resultado de algo que ha logrado a lo largo de seis decenios y que no es otra cosa sino eso, tan difícil, de formar parte de la vida cotidiana de muchas personas en España y fuera de nuestras fronteras. A esa imbricación se llegó por la dedicación y el trabajo de las distintas generaciones que han construido la emisora paso a paso. Ninguna mejor que la otra, no necesariamente la de hoy preferible a la de ayer. Pero siempre pensando en que la de mañana sea la mejor de todas.
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