Si Netflix fuera una radio le llamaríamos podcast



Para muchos los podcast son la radio del futuro, pero hoy. Su fenómeno no para de crecer, sobre todo en un segmento ajeno a los medios tradicionales: millennials & centennials. En su formato «on demand» y en la amplia variedad estilística de sus contenidos radica buena parte de su notable éxito. Lo analiza Rubén Valle desde mdzol.com

No sé si llegué tarde al mundo de los podcasts, pero llegué. La cuarentena obligatoria ha sido, no sólo para mí, una excelente oportunidad para saldar deudas con aquello que íbamos postergando, desde ordenar los cajones con ropa del siglo pasado hasta leer un libro que hace años dejábamos en espera, ver una película largamente recomendada o simplemente pintar una pared de la casa.

Volviendo al podcast, ese archivo de audio que se distribuye a través de plataformas digitales, es un formato ya no tan nuevo que reúne las características de un programa de radio con las ventajas del streaming. Con las más variadas temáticas, extensión y calidades, su mayor atractivo es poder escucharlos en cualquier momento, un requerimiento básico para estos tiempos multitasking y vidrieras demasiado llenas.
Lo cierto es que los podcast vinieron a retroalimentar el añejo ecosistema de los medios, no tanto para reinventarlo porque en esencia sigue tratándose de lo mismo: comunicar ideas, historias, música, análisis de la realidad, humanismo, entretenimiento. Algunos sitúan su origen, claramente marcado por los avances tecnológicos, en Estados Unidos allá por 2004, pero su crecimiento sostenido bien se podría circunscribir a los últimos cincos años.

Para empezar a pasar en limpio su impacto, Podcaster@s (una comunidad de productores y difusores del podcast en Latinoamérica) impulsó cada año la Encuesta Pod, un sondeo colaborativo que en su último testeo arrojó algunas interesantes pistas para mensurar el fenómeno: 39% de los oyentes tiene entre 25 y 35 años, mientras que el 28% que tiene entre 35 y 45.

En cuanto a los contenidos, la mayoría de sus hacedores optan por el formato «charla» (78%), le siguen el documental/narrativo (53%)y las entrevistas (51%). Un dato que muestra el por qué de su éxito: el 53% los escucha cuando viajan a su trabajo o estudio, o cuando hacen algo en sus casas. Esto, por la simple razón de se los puede disfrutar mientras a la par se realizan otras actividades.

Informativos, literarios, musicales, deportivos, históricos, policiales, de archivo, estrenos, juegos, tecnología, ciencia, investigativos, feministas, solidarios, eróticos, cinéfilos, filosóficos… la lista sería interminable, aunque últimamente hasta el Covid-19 se hizo un lugar también ahí y hoy tiene miles de podcast específicos para intentar descifrar al maldito virus.

Con lo cual decir que hay podcast «para todos los gustos» excede la frase hecha. Es una realidad basada en la certeza de que elaborarlos es bastante económico, salvo aquellos que cuentan con una mayor producción. Hacerlos no es demasiado complejo: se requiere un buen equipo de audio (micrófono y programa de grabación en una computadora), un hosting donde cargar el audio y una plataforma para difundirlo). En base a la citada encuesta, los rubros preferidos son: Historia (49%), Arte y entretenimiento (41%), Películas y Series (41,5%) y Tecnología (37%).

Un gran impulso le dio a este formato Spotify, quien se ha transformado desde el año pasado en un espacio cada vez más buscado por los fanáticos de los podcast. Pero a esta altura del baile, hasta los canales de tevé tienen sus propios podcast con los estrenos, testimonios de los protagonistas, detrás de escena y demás avatares de un producto mainstream. También las universidades, los bancos y cualquier empresa comercial hoy producen contenidos propios para el «envase» podcast. Mientras que las radios se cuentan entre las principales productoras ya que cuentan con la ventaja de «envasar» sus programas y así lograr que lo que antes se perdía en el éter ahora tenga una sobrevida más que interesante (y redituable).

En un rápido paneo, el mundo podcast oscila entre el más genuino amateurismo y el profesionalismo de aquellos que incluyen guiones, producción periodística y artística, edición y hasta estrategias de marketing. En cuanto a su financiamiento, algunos dependen directamente de la venta de publicidad, otros del aporte de los oyentes (a través de las plataformas de financiamiento colectivo o crowdfunding) y otras tantas del pago directo de la institución que lo produce.

El mayor éxito de los podcast es estar construyendo todo el tiempo su propia audiencia. Haber ganado para sí a un segmento joven (los nunca bien ponderados millennials y centennials) que no escucha radio «tradicional» y al que sólo se le podía entrar con contenidos a través de las redes sociales. Y lo mejor: el fenómeno no parece ser pasajero. Cada vez son (somos) más los que encuentran en esta alternativa comunicacional on demand un medio a la medida de nuestros tiempos, nuestras expectativas de distracción y/o aprendizaje y, por qué no, de nuestros castigados bolsillos.

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