Santiago Peláez (ex RNE): «Me dediqué al periodismo deportivo por consejo de la policía y por obligación»



Santiago Peláez

Dioni Garcia le ha entrevistado para La Opinion de Murcia:
Santiago Peláez Pérez (Madrid, 25 de julio de 1948) fue durante varias décadas una de las voces más acreditadas del periodismo deportivo español en Radio Nacional de España con el programa Radiogaceta de los deportes. Ahora está afincado en Murcia y próximamente, con la Editorial Seeler, publicará sus memorias, donde recoge una intensa vida en la que ha cubierto grandes acontecimientos.

  • ¿Periodista deportivo por vocación o por obligación?
  • Por obligación.
  • ¿Y qué pasó?
  • Por consejo de la policía.
  • Explíquese.
  • Me dediqué en mi primera etapa a hacer todo tipo de periodismo, entre ellos de investigación, y cuando tenía entre 19 y 20 años, como quería ir muy deprisa, como todos los periodistas, ofrecí la oportunidad de meterme en distintas cárceles españolas con los presos durante un mes para poder contar desde dentro la realidad que se vivía que, por entonces, en tiempos de Franco, era bastante fastidiada. Y cuando envié esa propuesta de acuerdo a la dirección de la revista para que se aprobara llegó un rotundo no. Pero muerto Franco, esa petición que estaba en el cajón de uno de los despachos del Ministerio de Justicia, el entonces ministro decidió que no estaría mal contar cómo habían cambiado las cárceles después de la muerte de Franco y, sobre todo, cómo se respetaban los derechos humanos de los presos.
  • ¿Y qué ocurrió entonces?
  • Para entonces mi vida había cambiado por completo, yo no solo trabajaba en Actualidad Española, también estaba en Radio Nacional y Televisión Española. También me había casado, tenía una hija y venía en camino otra. Por tanto, meterme de nuevo en la aventura de estar un mes en cada cárcel me parecía una barbaridad y mi mujer me dijo que si hacía eso se divorciaba. Entonces me propusieron visitar las cárceles que quisiera y que tendría una jornada completa con puertas abiertas para entrar por todos los espacios. Me pareció una propuesta buena y casi me exigieron que lo hiciera. Estuve en Carabanchel, en el Penal de Ocaña, donde estaban los más peligroso, y de ahí fui a Yeserías, la cárcel de mujeres para conocer su situación. Me pareció que había un mayor peligro en las cárceles de mujeres que de hombres. Después visité Alcalá Meco, que estaba considerada como en la cárcel más avanzada, y acabé en el Penal del Dueso, en Santoña, el mejor sitio porque se veía el mar y los presos tenían un pequeño huerto.
  • ¿Qué pasó a partir de ahí?
  • Hice todo el trabajo y antes de publicar me empezaron a llegar amenazas de los presos diciendo que no contaba todo lo que había en las cárceles porque había cosas solapadas. Una de las exigencias es que los textos tenían que ser supervisados por el ministro por si había cosas que podían ser malas y muchas cosas fueron tachadas. A pesar de todo, revisando los textos cuando he escrito mis memorias, me parece sorprendente que todo lo que se publicó entonces se pudiera publicar porque recogía el 85% de lo que vi. Por ejemplo me vino un preso que se había dedicado a prostituir a niños y me vino a ver para que le diéramos dinero para no seguir haciendo eso. Vino un segundo día, le volví a dar dinero y al tercero me amenazó con que me iba a poner una bomba. Las cosas se complicaron y la policía me sugirió que en lugar de dedicarme a ese mundo que me fuera al mundo de los toros o del deporte. En ese momento fui a Barcelona a hacer una entrevista a Juan Antonio Fernández Abajo, que era Dios en el mundo de la radio y la televisión, y le gustó tanto que me dijo que a la primera oportunidad me llamaría y me contrataría. Sorprendentemente una semana antes de casarme me llamó para decirme que le habían nombrado director de Radiogaceta de los Deportes y que tenía un puesto para mí.
  • ¿No tenía pasión por el deporte?
  • Me gustaba el fútbol y el atletismo. El baloncesto menos, pero no era un especialista. Entré en Radio Nacional a mi vuelta de la boda, empecé a trabajar con el equipo que él formó, donde estaban Luis de Benito, Héctor Quiroga, Juan Antonio y yo. Luego había otro equipo que ya estaba en la redacción y que se llevaba fatal con el nuevo y el jefe de deportes estaba más con ese que con nosotros. Había bastante inquina, pero la cosa no fue mal porque el primer año se ganó el Premio Ondas y a partir de ahí fue todo más fácil. Inmediatamente me llamaron para hacer televisión.
  • ¿Cuánto tiempo estuvo dirigiendo Radiogaceta?
  • Estuve catorce o quince años, lo compaginaba con Tablero Deportivo y también he hecho las mañanas y las tardes de los domingos. Fui jefe de Deportes durante dos años y pico, lo dejé para ir a hacer las mañanas y me fui porque me lo pidió Pilar Miró, pero cuando ella se fue y vino un nuevo equipo me ejecutaron.
  • Algo muy común. ¿Qué cree que ha aportado al periodismo deportivo?
  • Principalmente objetividad, porque quizás había que tener en cuenta algo importante de Radiogaceta, que no era un programa solo de fútbol, como el 99% de los programas. Era un polideportivo.
  • Por eso siempre escuchaba Radiogaceta, todas las tardes a las ocho lo ponía en la Redacción.
  • Era un polideportivo donde se hablaba de la noticia del día, daba igual del deporte que fuera. El programa tenía dos misiones sagradas, informar de todos los deportes y separar por completo la opinión de la información porque la mayor parte de las programas de la época mezclaban. Tablero Deportivo era diferente, estaba dedicado al fútbol, con los goles en directo y con una especie de consagración a la narración de los partidos, algo que ahora no se hace jamás. Ahora en lugar de transmitir un Barça-Madrid se vierte más opinión de los contertulios que de narración, con lo cual, la mayor parte de las veces ni te enteras cuándo se produce un gol. El devenir de los tiempos ha aconsejado que haya tanta información como opinión.
  • El periodista nunca tiene que ser el protagonista, pero en radio noto que ha perdido su cometido, que es narrar.
  • Yo tengo una hija que ahora trabaja en TVE y hace un poco lo que hice yo. Entre Gozalo y yo, él era más protagonista que yo, pero a lo largo de la vida te das cuenta de que presumes y machacas o prácticamente no te conoce nadie. Es triste, pero es así. Mi hija está haciendo un magnífico programa y al final pone un rótulo donde aparece que está dirigido por Ana María Peláez, sin más. Yo le digo que cada periodista vive de su imagen y que su padre se equivocó no viviendo de su imagen, porque al final, pese a haber hecho cosas bastante interesantes, casi no me conoce ni mi padre. ¿Por qué? Porque nunca me pareció que yo tenía que figurar, que solo tenía que ser el semáforo que abre y cierra para que cada uno fuera protagonista mucho más que yo. Pero pasado el tiempo te digo que voy comprendiendo todo lo que va pasando, que la gente anuncia su nombre. Hasta Carlos Herrera, que no lo necesita, lo hace. Carlos Herrera es Dios porque lo es, porque desde mi punto de vista es el personaje más importante que hay hoy en día en la radio y porque le interesa a su empresa, a él y a los oyentes que sea así. Esa ausencia de querer tener protagonismo tampoco es muy recomendable.
  • Pero eso va mucho también con el ego de la persona.
  • Así es, pero con el paso del tiempo te das cuenta de que los que lo han utilizado son gente conocida, y los que no lo hemos hecho, pues nos conocen bastante menos.
  • Para mí no es un problema.
  • Pero para muchísimos compañeros sí. Castaño, por ejemplo, al que no le gusta ser mucho súper estrella, ha tenido que tender más a ser estrella.
  • ¿Le costó jubilarse?
  • Pues no porque había tanto imbécil metido en la dirección de la empresa que para mí fue como una liberación. Yo fui un tío feliz durante tres cuartas partes de mi vida profesional, pero al final, después de Pilar Miró, la gente que vino a dirigir la radio televisión pública, en algunos casos, no estaba preparada y te podría hablar con nombres y apellidos que voy a dar en las memorias. Te puedo poner un ejemplo. Un tal Manuel Ventero, que vino a dedo por algún político de turno para ser Jefe de Informativos que es un cargo muy importante. Este señor, cuando en el año 2000 España ganó por primera vez la Copa Davis y nosotros teníamos un equipo sensacional en Barcelona por si ganaba, no había previsto que si se ganaba el primer partido del domingo, España era campeona. Dada su ignorancia había que tomar una decisión y estaba yo de responsable de la redacción. Le llamé porque había que hacerlo para cualquier cosa, para decirle que si nos lo tragábamos con pan y patatas, sería imperdonable. Como los fines de semana nunca le encontrabas, llamé a la directora, María Jesús Chao, y le dije qué ocurría. Ella intentó encontrarle, no lo consiguió y me volvió a llamar y me dijo que por su cuenta interrumpiera la programación hasta que España ganara. Entré, corté emisión y vendimos la victoria de España. Seguimos toda la tarde con esa noticia por encima del fútbol y el lunes por la mañana, por primera vez en la historia, llegó una carta del Consejo de Administración felicitándonos por el magnífico trabajo realizado. Tres o cuatro días después me llamó a su despacho el tal Ventero, pensé que era para felicitarme y me preguntó por qué corté la señal y que quién era yo para hacer eso. Le expliqué todo y me dijo que supiera que venían curvas, me lo tomara como una amenaza. Y al cabo del tiempo, cuando se cambió la dirección y se nombró a Sentís, que venía de La Razón, Ventero se convirtió en el jefe y señor de la radio. Cuando llevaba tres programas de Tablero de la temporada realizados, me llamó para decirme que el próximo domingo no iba a seguir haciéndolo.
  • Vamos, que por hacer un buen trabajo fue ejecutado.
  • Por defender a mi empresa y pegarme por ella, este imbécil, porque no se puede decir otra cosa de él, me limpió a mí y también a Julio César Iglesias de las mañanas, que había sustituido de forma brillante a Carlos Herrera. Entonces me presenté en el despacho del director y le dije que íbamos a perder 300.000 oyentes entre todos los programas. Me contestó que era lo que había. Un año después subí otra vez y le dije que me había equivocado porque habíamos perdido 600.000.
  • ¿Cómo acabó en Murcia?
  • Cuando me prejubilé con 58 años me llamaron del ayuntamiento de Boadilla para que fuera el jefe de protocolo, algo que nunca había hecho. Estuve tres años allí hasta que pensé que ya no pintaba nada y me dediqué a escribir mis memorias, pero me costaba un trabajo extraordinario. En una de esas, me encontré con una murciana que había viajado con sus amigas médicos a Madrid y de la forma más tonta del mundo empezamos a hablar. Me acabaron pasando su teléfono y cuando pasé por Murcia camino de Vera, donde tengo una casa, la llamé, pero no podía verme, pero a los tres meses volví a llamarla y nos vimos en la puerta del Parador de Vera. A partir de ese momento me enamoré de una murciana. A los dos años estaba casado y me fui a vivir con ella a Sitges, porque ella se fue allí por trabajo. Hace cuatro años regresamos aquí.
  • Aquí se llega llorando y uno se va llorando, no sé si lo sabe.
    -Fíjate si es así que hice el pacto con ella de que pasaríamos un período de tiempo, pero que luego nos íbamos a Madrid para compensar por la nostalgia que tengo. Pero después de hacer un estudio en profundidad he llegado a la conclusión de que el mejor sitio para vivir de España es Málaga, pero tengo un problema enorme, que estoy enamorado de Murcia y tengo el corazón partido. Ahora voy a ver si puedo conseguir vivir tres meses en la Costa del Sol y otros tantos en Murcia. La casa que tengo aquí no voy a dejar de tenerla y la voy a mantener con el costo que supone.
  • Decía que le costaba escribir y que no sabía para qué lo hacía. ¿Qué pasó para que lo hiciera finalmente?
  • La covid. Al final, no poder salir de casa, tener un sistema carcelario total. En medio de ese aburrimiento, pensé que era la mejor ocasión para terminarlas. Creo que puede ser interesante mi vida porque viví una época dorada de la radio y de la televisión. Sin querer establecer comparaciones, pero mirando la gente con la que yo trabajaba en TVE como Balbín, Jesús Hermida, Félix Rodríguez de la Fuente, Chicho Ibáñez Serrador, Uribarri, Amestoy y José Antonio Plaza, que eran indiscutibles, eso ya no existe. Hoy día no veo la televisión, solos los informativos y series en las plataformas. Y a nivel de radio mi época fue la de los grandes monstruos, como De la Morena, García, Juan Manuel Gozalo, gente de primerísimo nivel. Hoy por hoy, de lo que escucho me ha gustado muchísimo Castaño en la Cope por las noches. Siempre pensé que si yo fuera director de deportes lo llevaría a la noche porque tiene todos los componentes que tiene que tener. En el resto de programas me he ido desencantando. Ahora sí que veo en televisión más deporte que nunca, incluso fútbol, que aburre a las ovejas. No sé cómo la gente puede ver al Real Madrid. No sé si la covid va a traer una época donde la gente, tras perder el contacto, lo va a retomar. Cuando se acabe esto, si es que hay dinero para contratar a las estrellas, veremos a ver qué pasa. Quitando algún partido del Real Madrid, que es camaleónico porque la plantilla que tiene Zidane, si se la dieran a otro entrenador… No me parece que sea buen entrenador, el equipo no me ha gustado nunca. Hay equipos que me gustan más, como el Barcelona, que pese a que ha pasado un mal momento, pero es arte sobre el campo.
  • ¿Sale mucha gente mal parada en sus memorias?
  • Salen mal parados los que me hicieron salir a mí mal parado. Hay unos cuantos.
  • Y mucha gente que saldrá bien.
  • Hombre, el 80% de las memorias es un canto a la mayor parte de personajes que me he encontrado porque he tenido la suerte de haber entrevistado a Dalí o haber estado con Mike Powell el día que consiguió el récord mundial de salto de longitud, Carl Lewis o Félix Rodríguez de la Fuente, al que le hice yo su última entrevista antes de fallecer.
  • ¿Volvería a ser periodista deportivo?
  • Más que periodista deportivo volvería a ser periodista.
  • ¿Y nota que se ha perdido muchas cosas de la vida por este oficio?
  • Cuando tengo fantasías, digo que volvería a trabajar gratis porque era pasión, no un trabajo, un juego permanente, disfrutar las doce horas del día que estaba trabajando. Era un juego y un juego bien pagado que me permitió conocer los cinco continentes, un privilegiado elegido para los dioses.

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