Radio Valdivielso, la emisora rural que mantiene viva la memoria de sus vecinos

Radio Valdivielso

El diario El Mundo ha reincidido en destacar el funcioinamiento ejemplar de esta pequeña radio local de la Provincia de Burgos.
“Buenos días, Valdivielso, un día más estamos aquí para compartir con vosotros la actualidad del valle”. Jokin Garmilla lleva 18 años saludando a sus vecinos a través de las ondas de radio, casi el mismo tiempo que ha pasado desde que decidió hacer las maletas y dejar su trabajo en una multinacional discográfica en Madrid para desandar el camino que le había llevado hasta la capital. Le movía el interés por reencontrarse con sus raíces y, sobre todo, el poder disfrutar de la infancia de su hija que acababa de nacer.

Jokin Garmilla, director de la emisora.
Al principio andaba un poco perdido en un lugar que poco tenía que ver con la vida ajetreada que había dejado atrás y un amigo le propuso aprovechar sus destrezas periodísticas y musicales para dar uso a un equipo emisor que andaba por ahí cogiendo polvo. “Aquellos aparatos nos permitieron compartir con el Valle la música que escuchábamos en ese momento”, recuerda el locutor. Empezaron a emitir sin saber si al otro lado habría alguien escuchando hasta que un día llamó Puri para pedir una canción. “Puri de Valdenoceda”, aclara Garmilla porque en este valle burgalés por el que se desperdigan 14 pueblos que juntos no superan el medio millar de habitantes, los vecinos llevan por apellido la aldea a la que pertenecen.

El estudio desde que emite hoy lleva por nombre el de otro oyente ilustre, Pedrito Barcina, su primer entrevistado y el dulzainero que durante años amenizó las fiestas del valle. Toda una celebrity local. “Fue un momento importante porque se acercaba el verano que es cuando, como sucede en muchos lugares del país, viene mucha gente. Todo el mundo se puso a escuchar Radio Valdivielso, se convirtió en un acontecimiento y hubo una explosión que hizo que la radio se convirtiera en gran novedad que unió a la gente del valle”, rememora Garmilla, quien hoy dirige un magazine diario de cuatro horas. “La base de la programación es la vida en el valle”, sintetiza el locutor. En este tranquilo enclave del Burgos más remoto, “a veces la actualidad pasa por que hoy al venir he recogido las avellanas que ha tirado el viento” o por “contar lo que pasa en el mundo con la mirada del valle”.

Esta radio comunitaria sobrevive gracias a los más de 500 socios que pagan una cuota anual mínima de 30 euros, una suma modesta que permite mantener viva una señal que cumple una labor fundamental: hacer compañía. “Ahora llegan el otoño, el invierno… y los pueblos pierden ese vigor pasajero que trajo el verano y la radio es esa compañía que los pocos que estamos aquí tienen siempre. Siempre saben que si sintonizan la 106.0 va a haber alguien que está contando las buenas y las malas noticias, descubriendo iniciativas que suceden en otros pueblos…”.
Esta radio comunitaria sobrevive gracias a los más de 500 socios que pagan una cuota anual mínima de 30 euros
Los vecinos, en su mayoría, sienten la radio como suya porque habla de ellos, de su pasado, de su historia, de quiénes fueron sus padres, de todo lo que les ha pasado. De vecinos como Manolín –de Hoz-, que hoy regenta el bar y que de cuando en cuando rememora, siempre con el transistor encendido, cuando con 12 años empezó a trabajar en el molino y más tarde a segar en las eras. O como Pilarín -de Arroyo- que conoció a su marido en la misma escuela que hoy ocupa el centro de mayores en el que pasa las tardes jugando con sus amigas “a la treinta y una”.
Para Jokin, en el que no queda ni rastro del urbanita que un día fue, lo más satisfactorio de su trabajo es precisamente eso: “conocer a la gente, evitar que se pierda su memoria, la memoria de una comunidad, la rural, la valdivielsana, en concreto”. “Estar aquí solo todos los días es a veces duro”, confiesa, pero “ese sentirte útil, ese darle voz a la gente” es lo que le da aliento.

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