Radio Madre de Dios, una emisora peruana dirigida por el burgalés César Rodríguez

César Rodríguez

El Confidencial relata que el ruido que hace César Rodríguez al buscar entre los 6.000 vinilos que atesora cerca de la sala de control ahuyenta una rata que se escondía detrás de la estantería. «Luego echaré veneno», dice el español restando importancia al animal, y escoge el concierto n°1 para piano de Tchaikovsky por Ray Coniff. Desde que se fundó la Radio Madre de Dios, hace ya 61 años, esta canción ha sonado de apertura de todas las emisiones. Rodríguez es burgalés, tiene 37 años y se ha convertido en el director de la radio regional más importante de la Amazonía peruana.

Los oyentes que sintonizan el dial 92.5 F.M. son variados. Los profesionales y políticos desayunan con su noticiero matutino, las amas de casa se decantan por los magazines y ‘revivals’ musicales y los mayores de la ciudad escuchan escrupulosamente la misa cada día. Rodríguez dirige y locuta la emisora desde Puerto Maldonado, una ciudad a la que tilda de “fea y desordenada” pero de la que parece estar secretamente enamorado.
Desde que llegó hace más de tres años ha entrevistado a madres cuyas hijas desaparecieron por la trata de personas, mineros ilegales que se enfrentan al Gobierno o políticos que han sido salpicados por casos de “coímas” (como se conoce en Perú a los sobornos). Todo ello, dice, intentando mantener la imparcialidad. En un descanso entre emisión y emisión confiesa que nunca fue como el resto de los niños. Y no miente. Con 11 años decidió que quería ser fraile y con 12 ingresó en el internado dominico de la Virgen del Camino (León).

Prácticas de la carrera en plena selva
Su vocación de cura no desapareció y siguió estudiando en el seminario de Burgos, hasta que una crisis a los veinte hizo que naufragara en la carrera de Periodismo. Sin perder el contacto con los dominicos, inició los estudios en Valladolid y los acabó en Deusto. Por una serie de rocambolescas casualidades, tuvo la oportunidad de realizar unas prácticas de seis meses en la radio de un recóndito pueblo peruano llamado Sepahua, que contaba con ocho etnias indígenas y se encontraba en plena selva. No lo dudó. Allí conoció a su mujer Mariela, una profesora que enseñaba matemáticas en las comunidades aisladas y de la que dice haber aprendido las complejidades de este país.

Ya de vuelta en España y con bastante experiencia a sus espaldas, el obispo vitoriano David Martínez, al que había conocido años antes, le pidió que reflotase la Radio Madre de Dios y volvió a Perú. La emisora había sido fundada por el padre Joseba Aldamiz-Etxebarria, un misionero de Lekeitio famoso por llevar volando alimentos y mercancías a las aldeas remotas de la selva. El cura lekeitiarra murió en 1966 al estrellar su avioneta mientras transportaba a varias alumnas hasta el río Purús y ahora el aeropuerto de la ciudad lleva su nombre. Según el testimonio de dos alumnas que sobrevivieron al accidente, recogido por hermanos dominicos, lo último que hizo el padre Aldamiz antes de chocar fue girarse hacia ellas y darles la absolución sacramental.
Rodríguez se ha convertido en una especie de ‘Doctor en Alaska’ al estilo tropical. A pesar del tráfico desquiciante, los edificios sin acabar, la corrupción política, las huelgas mineras o el narcotráfico silencioso, Rodríguez parece haberle cogido cierto gustillo a Puerto Maldonado. Su objetivo, dice, es ayudar a la población “reporteando” temas sociales y recordando sus derechos fundamentales. El ritmo de vida frenético de la emisora—pues además de producir los contenidos diarios también lleva la comunicación del obispado— desentona con la ralentización generalizada del país. «Aquí no cambiarán las cosas si no se fortalecen los medios. Cuando sales a la calle ves todos los chanchullos», lamenta.

Un mundo de «sachaperiodistas»
Se refiere a los “sachaperiodistas”, término despectivo con el que describe a aquellos comunicadores de televisión y radio que aceptan sobornos con tal de informar positivamente sobre una institución o una empresa. Estos presentadores rara vez son profesionales y proliferan a decenas. “Si no ganan suficiente, publican notas negativas sin fuentes ni datos o les hacen el vacío hasta que les pagan la cifra que desean. Es una práctica muy normalizada por aquí”.
La alcaldía de la ciudad tiene un presupuesto de unos 11.000 soles para financiar cortes publicitarios en los medios locales. Sin embargo, dedica la mayoría de ese dinero a estos comunicadores. “A nosotros nos dan 400 soles mensuales (unos 108 euros), pues asumen que como hacemos periodismo a la europea les vamos a seguir cubriendo informaciones municipales con o sin incentivos. Y tienen razón”. Ellos, perjura, jamás han aceptado un sobresueldo.
El locutor nació en una familia de clase media, hijo de padre obrero y ama de casa. Les ve poco y no cree que vaya a volver a su tierra natal. “Se preocupan cada vez que escuchan la noticia de un asalto, pero vivimos en un lugar relativamente seguro si sabes por dónde moverte y qué sitios evitar. Aunque pase mucho turismo, por aquí hay pocos españoles asentados, yo soy una excepción”.
El dominico laico dedica toda su vida a la emisora y rara vez se le ve despegado de su teléfono. El momento más emocionante de su carrera en Puerto Maldonado fue la visita del Papa en 2016, pues le tocó organizar parte del milimétrico protocolo de bienvenida. Ahora prefiere no pensar en el futuro, aunque no descarta que siga el curso del río en busca de nuevas aventuras. Con su mujer, eso sí.

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1 Comment

  1. Gran artículo,gran persona….espero que vuelva a emitir usando los 4,950 Khz.

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