Quique Peinado (SER): “Desayunar todos los días en un bar es el sumun del lujo”

Quique Peinado

Quique Peinado. Madrid, 1979. Presentador. Zapeando le ha dado la fama y Radio gaga, el prestigio y un premio Ondas. Ahora vuelve al periodismo deportivo con Leyendas (estreno el 6 de marzo en DMAX) y a la radio con Buenismo bien (los martes, en la SER). Le ha entrevistado Iñako Diaz-Guerra para El País.

  • Ya hacías ‘Zapeando’, ‘Radio Gaga’ y ‘Generación NBA+’ y ahora estrenas dos programas más. ¿No tenías suficiente con tres trabajos?
  • Me gusta dejar claro que no tengo cinco trabajos sino cinco colaboraciones: una persona que trabaja una jornada completa al día curra más que yo. Es verdad que es complicado estar en tantos proyectos a la vez porque tienes siempre un montón de cosas en la cabeza, pero si me comparo con una persona que trabaje lo habitual en España y, probablemente, por la décima parte de lo que gano yo, no me voy a quejar de cansancio.
  • ¿Ya te crees que vas a poder vivir de esto toda la vida? Porque hasta ahora has mantenido tu trabajo convencional, como guionista de ‘Zapeando’, por si lo de salir en pantalla se acababa…
  • Sí, no me atrevía a dejar el guión porque pensaba que cuando la tele se acabase, y se iba a acabar pronto, no tenía otro sitio al que ir. Ahora ya me veo un poco más asentado y por eso lo he dejado. Tener las mañanas más o menos libres me permite llevar a los niños al colegio y desayunar un rato largo en un bar todos los días, que es la base de la vida. De hecho, lo del bar es el sumun del lujo. Si tienes eso, tu vida es privilegiada. Lo disfruto y lo valoro mucho porque nunca antes lo había podido hacer.
  • Con ‘Leyendas’ vuelves a tus orígenes, porque lo que has sido casi toda tu vida profesional es periodista deportivo.
  • Claro, yo estuve en Gigantes del basket desde 1999 hasta 2006. Luego seguí haciendo deportes en La Sexta, Marca TV y marca.com hasta 2011. Luego ya empecé a hacer guión de radio y comedia y hace cinco años surgió la tele, pero yo lo que soy es periodista deportivo. Es lo que sé hacer. Lo que pasa es que siempre tuve claro que no quería dedicarme toda la vida a eso, no me gustaría estar con 50 años entrevistando a chavales de 20. Veía que eso me iba a costar, así que siempre tuve la idea de salir y la ilusión de escribir guión de comedia. Tuve la suerte de poder hacerlo y, después, llegó la tele y ya todo se fue de madre.
  • La fama te ha dado acceso VIP a grandes estrellas en vez de tener que pelearte por dos frases en una zona mixta. Otro mundo…
  • Sí, Fernando Torres vacilaba a los japoneses diciéndoles: “Este tío es una estrella de la tele en España”. Y a mí eso me hace gracia porque hace no tanto me negaba una entrevista el Akasvayu Girona y ahora hay jugadores que me dicen que les hace ilusión regalarme su camiseta. Con tantísimo acceso y una actitud mucho más receptiva por parte del deportista, es mucho más fácil que digan algo interesante. Evidentemente, las cosas han cambiado mucho, pero como tengo la suerte de que esto me ha llegado con 35 años y no soy gilipollas, sé valorar lo que pasa. Tengo la suficiente madurez como para relativizar. Yo empecé en la tele a cinco meses de que naciera mi hijo mayor. Hay cosas en las que pago la novatada, pero en general le doy a las cosas su justo valor. Nunca me ha gustado el rollo de acercarse a la fama por la fama. A mí, que alguien tenga una posición determinada me da igual. Si de manera colateral tengo amistad con famosos, será porque me guste la persona, sea popular o sea fontanero.
  • ¿Qué novatadas dices que has pagado?
  • No me entero muchas veces de por dónde van las cosas, noto que todo el mundo entiende lo que está pasando antes que yo. Por ejemplo, tengo una profundísima admiración por Cristina Pedroche, por cómo controla todos los aspectos del negocio. No sé cómo puede ser tan crack. Sabe de su curro, de los programas de otras cadenas, lleva sus negocios en cada detalle, pelea hasta la última coma de sus contratos… Yo eso no lo sé hacer. Es muy inteligente y yo le pregunto un montón de cosas porque hace unos análisis de los que yo soy incapaz. Ella estará en esto toda la vida porque tiene una visión impresionante de la globalidad de su trabajo, es la más lista de todos. Aguantar mucho en la tele es muy difícil, sólo lo logra gente excepcional. Antoni Daimiel, por ejemplo, lleva 20 años en la tele porque es el mejor en lo suyo con mucha diferencia y estará tanto tiempo como quiera porque es sideralmente bueno. Yo no lo soy. Sí creo que en la radio y en la prensa tengo más capacidad a largo plazo, pero en la tele no lo termino de ver.
  • Has pasado de la popularidad de baja graduación del periodismo a la fama real de la tele. ¿Ha sido un salto muy bestia?
  • Con eso los periodistas tenéis un problema que yo también tenía cuando ejercía y me he dado cuenta al dejarlo. Hay más egos en una redacción de periódico, en gente que sale a la calle y nadie sabe quién es, que en un plató de televisión, con gente que no puede pisar la calle porque no paran de hacerles fotos. Me ha sorprendido para bien ver que fuera del periodismo las personas son muchísimo más normales. Yo estaba en ese mundo y compartía esos códigos, pero luego te das cuenta que casi nadie mira la firma de los artículos. Creo que los periodistas deberíamos bajar un poco el pistón: la democracia no está en nuestras manos, no estamos salvando el mundo y no te puedes venir arriba porque te den una columna. Ahora veo en gente con la que trabajo lo que es la verdadera popularidad, de la que yo estoy a años luz, y me río de lo que pensaba que era la fama como periodista.
  • Si esto te llega con 25 en vez de con 35, ¿se te hubiera ido la cabeza?
  • Muy posiblemente. También es cierto que yo tengo una ventaja: me tomo la fama con mucha naturalidad porque nunca me ha interesado. De hecho, nunca he querido conocer a la gente que admiraba por si era gilipollas. La mayoría de la gente que se te acerca, no te admira: te ve. Ahora manda la cultura de la foto. Le suenas y quiere el cromo, pero no tiene muy claro quién eres. La mitad de las veces que me paran por la calle es porque creen que trabajo en El Hormiguero… Ya les digo que sí. Y ahí te das cuenta que no saben ni quién eres, que sólo quieren mandar una foto al grupo de WhatsApp. Esto te ayuda a relativizar. Para perder la cabeza por salir en la tele, hay que tener muchas ganas de perder la cabeza. Como le escuché a Hovik Keuchkerian: “La fama no crea tontos, los revela”.
  • Eres una persona seria que ha triunfado haciendo humor…
  • Sí, pero es habitual. Por ejemplo, Broncano es una persona que habla poco y es bastante retraído, y luego es la bomba. Yo creo que siempre he tenido un enfoque cómico de la vida, lo que no soy es extrovertido, expansivo ni me gusta ser el centro de atención. De todos modos, de cinco años para acá ya no analizo mucho: lo que viene, viene. Si es comedia, comedia. Pero si me llega el programa más sentimental y bonito de la tele, que es Radio Gaga, pues lo hago también. Tengo la suerte de que no me he encasillado.
  • ¿Ha sido clave para eso ‘Radio Gaga’, tan lejos en principio de tu registro?
  • Sí. Yo aún me pregunto por qué me lo ofrecieron. Fernando Jerez, el director de #0, me dijo un día que me iba a mandar un programa belga para que lo viera. Era la versión original de Radio Gaga, me encantó y, con toda mi inocencia, le dije que tenía que comprarlo. Entonces me dijo que quería que lo presentase y yo en ningún momento había pensado que me lo pasase para eso. Que hay que ser pardillo, pero… Tengo la suerte de que puedo explotar todas las facetas de mi personalidad en mi trabajo y eso está guay.
  • Ahora presentas, también con Manuel Burque, ‘Buenismo bien’, en la SER. ¿Cómo se os ocurre defender el buenismo en estos tiempos en que se ha convertido en insulto?
  • Es una palabra que ahora está totalmente penalizada. La ultraderecha presume de combatir el buenismo… o lo que ellos consideran como tal. No, mire, no. El señor de Open Arms que se echa al mar a rescatar migrantes es un buenista bien que se está dejando su vida para salvar a quien lo necesita. Es verdad que hay un tipo de buenismo mal que tranquiliza consciencias sin hacer nada, pero hay mucha gente que hace cosas verdaderamente importantes y a esos queremos ponerles en valor. Así que reivindicamos ese buenismo que otros estigmatizan.
  • Twitter fue importante en tu despegue, pero has salido tarifando de allí. ¿Por qué?
  • Porque me dejó de divertir. Además, económicamente no me sirve para nada. Ninguna marca quiere que pongas algo en Twitter porque es un nido de odio; quieren Instagram. Así que lo tengo para curro y poco más. Como no puedes hacer nada por filtrar los comentarios, si mi madre entra en mi cuenta y hay cinco respuestas de odio, las lee. Y no quiero que ni ella ni mis hijos aguanten eso. En realidad, Twitter tiene un número de usuarios activos muy pequeños. El problema son los periodistas, y ya lo siento. Porque es una red de periodistas que hacen noticia de anécdotas, convirtiendo 10 comentarios en un suceso.
  • Últimamente, te posicionas menos social y políticamente, ¿por qué?
  • Porque no quiero que me insulten. Tan fácil como eso. Si quiero decir algo, lo digo, pero elijo más. Por ejemplo, lo que me preocupa muchísimo ahora son las apuestas. Cuando era un tuitero antes de la tele, hice publicidad de una casa de apuestas que me daba 100 pavos por poner un tuit, y ahora me arrepiento a morir. Es un problema que se puede cargar a una generación y hacer muchísimo daño, sobre todo, en barrios de clase obrera como el mío, Vallecas. Ante eso no me puedo callar.
  • Tengo hijos y veo que están yendo a captar chavales. Puede ser un problema gravísimo si no se ataja a tiempo. No prohibiéndolo, pero regulando la publicidad, las tácticas comerciales para captar críos y el número de casas de apuestas. En Vallecas, cada local que cierra abre una casa de apuestas. Y en Tetuán, donde vivo ahora, es una cosa de locos. No puede ser.
  • Eres vallecano militante… pero te fuiste a vivir fuera de Vallecas.
  • Voy a explicar eso. Yo me compre la casa en Tetuán el verano antes de empezar en la tele, cuando no tenía ni idea de lo que iba a venir. Nos costó 118.000 euros y es un bajo en la calle más fea de Madrid. Soy la única persona que cuando gana dinero se va a vivir a un barrio peor del que estaba (risas). A mí me encanta, porque cuando llegué a Tetuán me sentí como en casa. Necesitaba descomprimir como los submarinistas: no podía irme de Vallecas a El Viso, así de golpe. Me gusta el jaleíllo, el rollo de mi barrio me mola y está más cerca de todo que Pueblo de Vallecas.
  • ¿Tienes caprichos de nuevo rico?
  • No soy de gastar por gastar, pero algún capricho me doy. Ahora, por ejemplo, estoy coleccionando camisetas antiguas del Rayo Vallecano y si veo una que cuesta 200 euros, pues igual me la compro. Y cuando vas a la compra ya no estás tan atento a echar cuentas, pero intento tener la cabeza en su sitio.
  • Lo de las camisas llamativas empezó siendo cosa de ‘Zapeando’ y ahora es tu ropa de diario, ¿no prefieres intentar pasar inadvertido?
  • Yo no tengo posibilidad de ir de incógnito. Mido 1,90 y tengo esta pinta. Si me las regalan y tengo 200 camisas de estas, pues me las pongo y fuera.
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