No todo es bonito en Radio 3

Tomás Fernando Flores

Los cuenta Jimina Sabadú en elconfidencial.com
Se dice, se rumorea, que la semana que viene Alfredo Laín ya no será Director de Programas de RNE. En el programa de Gente Despierta del jueves 21 de julio, Alfredo Menéndez pronunció una suerte de despedida al comenzar su programa. En El Confidencial Digital han adelantado algunos cambios, pero ninguno relativo a Radio 3, donde desde hace diez años gobierna con mano ( o mejor dicho, puño) de hierro Tomás Fernando Flores. Y es que todos los directores pasan. Todos excepto uno. Todos saben que llegan para dirigir, y que algún día se irán. El actual director de Radio 3 es una rara avis en el mundo de la radiodifusión española. Perenne, misterioso, oscuro. Ocupa un mismo sillón público desde 2012. No lo consiguió Juan José Rosón aun habiendo logrado el triunfo eurovisivo de La La La. Pilar Miró no llegó a tres años como directora del ente. El único que permanece es Tomás Fernando Flores, quien en estos diez años se ha granjeado una enorme fama (que no celebridad). Y no toda es gracias a su programa Siglo XXI, espacio decano de Radio 3 que el año pasado 3 de septiembre desapareció parcialmente de las ondas para ser sustituido por Generación Ya.



Poca gente ha podido dar su nombre en este reportaje. El clima en Radio 3 no es agradable. A Flores se le tiene miedo, pero no respeto. He podido comprobarlo en persona cuando, tras una entrevista en el magazín de la mañana fui abordada por el propio D. Tomás Fernando para acusarme de haber mentido en una columna sobre las colaboraciones gratuitas que desde hace años se permiten en Radio 3. En dicha columna hablé sobre cómo, en nombre de la visibilidad, unas cuantas firmas acceden a colaborar gratis en una cadena de música de ámbito nacional, en concreto en una que ha formado a millones de amantes de la música. No contento con mis respuestas, me exigió de malos modos conocer cuáles exactamente habían sido los programas, quién me había dicho eso, y en qué franja horaria estaba. Le contesté que gente muy cercana a mí, incluso gente con la que había convivido. Siguió increpándome y diciendo que era mentira hasta que se fue bramando por los pasillos. Y todo ello antes el abochornado personal de su propia emisora, que miraba al suelo cuando se dirigía a ellos exigiendo que se le diera la razón. ¿Es Radio 3 el único medio en el que la gente trabaja sin cobrar? Ojalá lo fuera. Quizás, sólo quizás, sea el único del paraguas RTVE, es decir, de la radiotelevisión pública española. Pero esto sólo es la punta del iceberg…

Quién es Tomás Fernando Flores
Tomás Fernando Flores es natural de Puertollano, Ciudad Real. Con menos de veinte años debutó frente a los micrófonos en Radio Popular de Puertollano, y en 1982 entró a formar parte de Radio Nacional de España, tal y como consta en su entrada de Wikipedia. Diego Manrique (autoridad musical incontestable) se despachó así cuando Tomás Fernando Flores fue escogido para presidir la corporación RTVE: “Moncloa vuelve a equivocarse. Tomás Fernando Flores entró en R3 como recomendado del aparato franquista (lo vi, estaba allí). Un artista del trepar, incapaz de asumir críticas, un ego monumental, 2 o 3 ideas prendidas con alfileres. Como jefe, utiliza la política del terror y la censura.”

Las palabras de Jesús Ordovás, otro tótem de la radio española, no son mejores . “No creo que sea la persona indicada para presidir RTVE. He trabajado con él desde que en 1983 le impusieron en mi programa, ‘Diario pop’. La directiva de Radio Nacional, que estaba allí desde el franquismo, le colocó a dedo como recambio de Diego Manrique, que dejaba el programa. Me dijeron que había un chaval a quien tenía que incorporar. Yo no le conocía de nada. ‘Son órdenes de arriba’, me indicó Victorino del Pozo, un jefe que venía de ‘Mundo Joven’, conocida revista del Opus Dei. Ese era el modo de funcionar en la dictadura. Le pregunté a Flores qué sabía hacer y contestó que le gustaba el rap, pero enseguida me di cuenta de que no tenía cultura suficiente para el puesto, ya que el ‘Diario pop’ exigía bagaje en varios estilos”, declaraba en un artículo a este mismo medio.

Sin embargo el perfil político de Tomás Fernando Flores es equívoco. Según la vieja guardia, era un recomendado del franquismo. Pero también ha sabido llevarse bien con PSOE y PP. No está de más recordar la cancelación fulminante de Carne Cruda, el magazín político dirigido por Javier Gallego; esta decisión fue de las primeras que tomó Flores como director de Radio 3. Para quienes no conozcan el programa, es un magazine de actualidad con un marcado tono de izquierdas, y al ser cancelado en Radio 3 pasó a PRISA, para luego volar por libre con dinero aportado por sus oyentes. Según Tomás Fernando Flores, no tenía cabida en Radio 3. Pero no parece ser que fuera sólo una cuestión política, sino también, según declaraciones del propio Javier Gallego, una herida narcisista en el corazón de Tomás Fernando. Hasta 2021 Tomás Fernando Flores dirigió el programa musical ‘Siglo XXI’, que incluía un mítico contestador automático en el que los oyentes dejaban todo tipo de mensajes, ocurrencias, llamamientos e incluso poemas. No era extraño escuchar, en los años del llamado tontipop, a grupos emergentes haciendo publicidad de sus propios discos y conciertos: “Blas y las astrales son fenomenales”, “Meteosat son lo más”, o soterrados anuncios de fanzines de la época. Lo que señala Ordovás (entre otros) es que nunca se escuchaban menciones ni críticas a nada que sucediera en España, así que la imagen que arrojaba ‘Siglo XXI’ de la juventud española era la de un grupito alegre, inocuo, pop. ¿Había mensajes censurados? En palabras de Ordovás “solo emitía chorradas y tonterías”. Es curioso que ese contestador fuera una idea de Ordovás que Flores retomó para meter algo de censura, tal y como cuenta el creador de Diario Pop en el número 3 de Cuadernos Efe Eme.

Víctor Lenore, en un artículo publicado en El Confidencial, señala que “[Flores] Mientras dirigía el programa ‘Siglo 21’, Flores fue editor de al menos siete discos recopilatorios con EMI, entre 1997 y 2007, bajo la marca Siglo 21. Tener un programa en la radio pública y hacer negocios con discográficas privadas supone o bien conflicto de intereses o una enorme falta de elegancia.” Este dato lo corrobora Ordovás en la revista antes mentada, aunque no es una práctica exclusiva de Flores, habiéndose dado el caso de que otro locutor denunciase a la publicación Mondo Brutto por contarlo. En verano de 2021, Flores no solo abandonó Siglo XXI, sino que reorganizó toda la parrilla de Radio 3. El resultado no fue del gusto de sus oyentes (oyentes que, en honor a la verdad, llevan desde finales de los ochenta diciendo que “Radio 3 ya no es como antes”), y así se hizo sentir tanto en redes como en prensa. La fijación de Tomás Fernando Flores siempre fue lo joven y lo innovador. ‘Generación Ya’, por ejemplo, ha sido considerada la evolución (innovadora) del citado ‘Siglo XXI’: tonadas de Marilyn Manson, Vetusta Morla, Britney Spears y quien haga falta en esa ensalada. En palabras de su directora María Taosa (quien solía sustituir a Flores en Siglo XXI y actual coordinadora de Radio 3) a ‘El País’, “Las líneas entre lo independiente y lo comercial se trasvasan desde hace tiempo”, además de poner como plato fuerte que el programa sea en directo. Y es que en Radio 3 se ha apostado más bien por el diferido, por motivos ajenos a los directores de los programas. Toda la programación nueva de Radio 3 parece responder a las hipérboles de un anuncio de telefonía móvil: ya, ahora, innovación, sin límites, digital, cambio, radical, nuevo, tecnológico, conectividad. Esta querencia de Tomás Fernando por lo innovador no le ha granjeado el cariño del público ni de los trabajadores, pero sí el reconocimiento institucional con los galardones Antena de Oro, Premio Ondas, y nombramiento como Hijo Predilecto de Castilla La Mancha. Veamos qué hay detrás de todo esto…

El ERE de 2008
Hay una RTVE antes del ERE de 2008 y una RTVE después. “La corporación RTVE ha puesto en marcha un plan para impulsar la salida de los últimos 631 trabajadores incluidos en el expediente de regulación de empleo (ERE). Son los pocos que quedan de los 4.150 que deben abandonar la compañía antes de que termine el año. RTVE quiere evitar verse desbordada por los costes de una partida, la de personal, que engulle alrededor del 30% de sus gastos, según fuentes de la corporación”. Así empieza el reportaje que Rosario G. Gomez firmó en 2008 en el diario El País. Aquel ERE fue polémico. Se celebró un pequeño picnic en las instalaciones de Prado del Rey (yo estaba allí), junto al edificio que albergaba la enfermería donde ese mismo día me quisieron negar un analgésico por no ser yo de la plantilla. Que apareciera una joven llorando por el dolor abdominal causado por la menstruación no era suficiente para ser digna de un poco de piedad de una sanitaria. Fuera se celebraba (o algo similar) una prejubilación. En 2008 había una flota de vehículos de RTVE; hoy quedan pocos, y por lo general se pagan taxis a quienes tienen que acudir a sus instalaciones. Según el artículo de Rosario G. Gómez, un 70% de la plantilla de RTVE era contratada. Tras los ERE, los eventuales y los autónomos se convirtieron en multitud mientras los cinco sindicatos de RTVE miraban hacia otro lado.

La figura del colaborador
En el encontronazo (más bien encerrona) ya citado, Tomás Flores insistía en que “no tenemos gente que no cobra, tenemos colaboradores, como tú misma”. A lo que le respondí que no, que yo había ido a una entrevista para promocionar un libro, y que una sección semanal o diaria es otra cosa. La figura del “colaborador” no es un invento del actual director de Radio 3, sino que ha sido arrastrada por varios directores de la cadena y de otras emisoras de RNE. CCOO nos cuenta lo siguiente “Dicha figura no figura en la normativa y regulación laboral; o se es trabajador o no se es, pero colaborar es otra cosa. Es un requiebro lingüístico usado para ocultar un fraude de ley en la mayoría de las empresas, cuando se hace un servicio a cambio de un dinero es un trabajo, puede ser un trabajo por cuenta propia o por cuenta ajena, pero eso es todo el margen que da la legislación laboral y civil.” Según datos proporcionados por el citado sindicato, hay 36 informadores en Radio 3, de los cuales 20 son fijos, 10 son colaboradores con una sentencia firme (después de haber denunciado) y 6 son temporales. Y además hay 21 colaboradores que bien no han denunciado, bien están en espera de sentencia. “Cuando el 61 % de la producción se ha realizado burlando la legalidad, estamos ante un problema de gestión grave, que la presidencia ni mira ni quiere mirar., rematan desde CCOO.

Sueldos aleatorios, opacidad y terror
Si nos centramos en Radio 3, los sueldos, a raíz de la crisis de 2008, “se redujeron a menos de la mitad en cómodos plazos”, como ha declarado una fuente que desea permanecer anónima. También sucedió con los sueldos de los fijos, pero con la recuperación los asalariados recuperaron sueldo, pero no se aplicó a los colaboradores. A día de hoy, bajo el mandato de Tomás Fernando Flores, los sueldos de los autónomos oscilan entre los 20€ y los 150€ por programa. ¿El motivo? Nadie lo sabe. Desde CCOO señalan que “Es el efecto de realizar las contrataciones fraudulentas (…) la dirección realiza una distribución de los salarios según el presupuesto que se le asigna, sin tener que respetar los límites salariales del convenio”. La continuidad de los programas pende siempre de un hilo. Las decisiones siempre son transmitidas vía secretaria, y en un plazo en el que no hay manera de reclamar. Hoy, 20 de julio, los colaboradores siguen sin saber si trabajarán en Radio 3 la próxima temporada, aunque el director de la cadena está de vacaciones, suponemos que felizmente. Pero también se dan casos en los que Flores asegura que habrá continuidad mientras que un subalterno comunica, pasadas unas semanas, lo contrario. Manolo Fernández, ex director de ‘Toma Uno’ (nombre que, pese haber sido inventado por él y a haberlo utilizado previamente en otras emisoras de la casa, se ha apropiado Radio 3, llegando la emisora a cobrar derechos por los discos publicados con el nombre del programa: “Lo mejor de Toma Uno”, “Toma Uno, radio con botas”, previo acuerdo con RNE, apareciendo su logo aunque no participara en la producción de los discos) fue expulsado siguiendo un protocolo de jubilación que por convenio no atañe a los autónomos. En 2021 había cumplido 68 años, y hace unos meses 50 años en antena. Manolo Fernández es toda una institución, y así fue su despido: “No me dijeron que continuaba hasta dos días antes del último programa de la temporada, el 25 de julio, que era el día que cumplía 30 años en Radio 3 y lo hizo el director de Radio Nacional. Y el año pasado me llamó una secretaria para comunicarme que no continuaba. ‘¿Y el directo no me lo puede decir?’. Y entonces Tomás llamó. ‘Vamos, que me echas, ¿no?’. Los oyentes montaron en cólera, esperando una explicación, y la defensora del oyente de RTVE le dedicó un espacio que se puede ver en RTVE Play». Pese al destierro, Manolo Fernández sigue de locutor en Radio 1 (nombre oficial de Radio Nacional) y Radio 5, donde sigue diariamente en el espacio ‘Sin rodeos’.

Manolo Fernández no fue el único despedido al cumplir una edad; también estuvieron Juan Pablo Silvestre (Mundo Babel), José Miguel López (Discópolis), Julio Ruiz (Disco Grande) o Javier Tolentino (El séptimo vicio). En casos como el de Ruiz, el ser fijo hace que no pueda seguir trabajando en RNE. En casos como el de Silvestre, López o o Manolo Fernández, la edad no es legalmente vinculante. No es baladí aclarar que, bajo el convenio de RNE, cuando un fijo sale de la radio por cumplir la edad de jubilación, no puede trabajar en otro sitio y cobrar por ello. Las acusaciones de edadismo (desprecio a las personas mayores) cayeron como kawasakis sobre Tomás Fernando Flores. Él, una vez más, se excusó bajo el paraguas de esa Radio Nacional en la que nadie es responsable de nada. “Toma decisiones personalistas en función de a quién le apetece poner. Está echando a la gente que siempre ha escuchado Radio3 para atraer jóvenes, pero los jóvenes no vienen», comenta una de las fuentes. Desde CCOO declaran que “cuando les interesa justificar un despido de un ‘colaborador’ (ellos lo llaman ‘una finalización de un contrato civil’), en algunos casos han argumentado que como tienen más de 65 años no les pueden volver a contratar. Y esa es una nueva torpeza de dichos directivos, pues invocar dicho motivo es un argumento claro para que judicialmente se les reconozca que la relación mantenida por dicha persona es una relación laboral”. Radio 3, de siempre, ha sido considerada una emisora prescriptora. Pero los jóvenes llegan a la música por otras vías, principalmente a través de redes sociales como TikTok. Así lo señalan muchos expertos, como por ejemplo el conocido bloguero americano Bob Lefsetz. “Había una conexión directa entre el sello y el oyente. Esa conexión está rota. El lugar número uno para enseñar nueva música es TikTok”. Así que los oyentes de siempre huyen de programas como Doble tick azul o Generación Ya, pero los jóvenes no llegan a conectar con la selección musical de las nuevas propuestas de Radio 3.

Un 5% de gravamen para los colaboradores
Las acusaciones de edadismo no llegan solas, pues las condiciones de los colaboradores han sido cada vez peores. A partir de septiembre de 2021 los colaboradores están obligados a devengar un 5% de sus emolumentos (de su propio bolsillo, vaya) en calidad de desgaste de las instalaciones en caso de que deseen hacer sus programas desde los flamantes nuevos estudios de Radio Nacional de España. Un verdadero escándalo que no ha dado que hablar fuera de los muros de RTVE. Si un colaborador quiere hacer el programa dignamente en los nuevos y remozados estudios de Radio Nacional de España, y su sueldo es de 75€ por redactar, dirigir y locutar su programa (amén de los gastos en discos), tiene que restarle el IRPF correspondiente (ahora un 24%), y un 5% por desgaste de las instalaciones. Eso significa que a los 60 días de haber hecho un programa (siempre que se emita) recibirá 53,25€ netos. Si por el contrario quiere hacerlo desde su casa, podrá cobrar un poco más: 57€. Esos 3,75€ pueden ir destinados a pagar un equipo casero que en el mejor de los casos no va a bajar de los 200€. Esta medida se ha impuesto en todas las emisoras de Radio Nacional. En Radio Clásica la medida ha sido transmitida telefónicamente a cada colaborador “con mucha vergüenza”, al tiempo que se les compensaba ese 5% en el montante, mientras que en Radio 3 Tomás Fernando Flores se ha lavado las manos como Poncio Pilatos y lo ha comunicado telemáticamente, a pesar de tener un grupo de WhatsApp con los colaboradores (no con todos, por lo visto).

La respuesta de los colaboradores de Radio 3 ha sido hacer el programa desde casa, obviamente. Y ello ha repercutido de forma notoria en la calidad de los programas. No todos tienen un equipo apto para emitir en una emisora nacional, especialmente habiendo unas excelentes y renovadas instalaciones, y una plantilla de técnicos profesionales y bien dispuestos. No terminan ahí los agravios a los colaboradores; ya no pueden aparcacar en el parking de RTVE, y además no pueden acceder libremente al recinto, sino que tienen que pedir autorización cada vez que acuden allí: dar nombre, DNI, esperar una llamada de confirmación, y pasar por el arco de seguridad. Básicamente como cualquier concursante de Saber y Ganar. De este modo se reduce la vinculación del Ente con los colaboradores que sustentan la programación radiofónica.

Algunos de los consultados señalan que, desde los propios sindicatos, se quiere preconizar a los estudiantes del Máster de Radio, y sobre este tema hemos consultado también a CCOO en qué situación se encuentran los colaboradores “Nos encontramos ante una nueva limitación de los derechos laborales, porque al no ser considerados trabajadores con la categoría laboral que realmente desempeñan, no van a obtener valoración alguna en los méritos por los años de servicio en el desempeño de esas mismas funciones a las que se presentan, que son las de Informador”.

¿A quién acudir?
Los artículos publicados en prensa nacional y prensa especializada nunca han dejado bien a Tomás Fernando Flores, pero siempre han venido de gente que estuvo y ya no está. Tomás, como el Pirata Roberts de ‘La princesa prometida’, no hace prisioneros. Si hay alguna duda de su adhesión, tira de daga como Bruto, pero al igual que Julio César entona un “tu quoque filli mei” en comunicaciones unilaterales. Obviamente, el asunto más peliagudo es el de los sueldos. Paga – como se ha dicho más arriba – a ojo de buen cubero: tú 20€, tú 100€, tú nada. También, como profesor del Máster de RNE, ha dado programas a algún ex alumno como Lola Lara, que con una experiencia limitada pasó a sustituir al llorado Jota Mayúscula, cuyo Rimadero murió con él. Dice Don Tomás, que es el director peor pagado de RNE (según sus propias palabras), pero según documentos del propio sindicato de RNE, cobra 92.604€ anuales. A ese dinero hay que añadir la obligatoriedad de llevarle personalmente a fiestas y eventos en los que se premie a Radio 3. En lo que coinciden todos, sus detractores y los pocos que han querido matizar su postura, es en que Flores utiliza la emisora como una forma de crear vínculos con gente de su interés (nada que, por otro lado, no haga absolutamente cualquier mandatario).

Patricia Godes, desterrada de Radio 3 desde hace años, se queja de haber acudido a los sindicatos de RTVE (UGT y CCOO) para denunciar el contrato de falso autónomo al que estaba sometida, y haber recibido como única respuesta un “cuando acudes a los sindicatos te dicen que es que hay mucha más gente en tu situación y que no pueden hacer nada». Una de nuestras fuentes asegura que “los que están por encima de este señor se lo permiten”. ¿Es el Director de Programas el responsable del trato que Tomás Fernando Flores dispensa a sus colaboradores? No hay consenso entre fuentes, pero sí se apunta a una cierta dejación de labores. Los colaboradores “estamos indefensos porque no podemos acudir a nadie”, afirma el declarante. El organigrama de RNE (siglas que Tomás Fernando ha prohibido expresamente decir en antena) parece confuso para los propios colaboradores.

Falsos autónomos, temporalidad, incertidumbre
Los colaboradores de Radio 3 son autónomos y están obligados a estar dados de alta como tales. Ejercen (o ejercían, hasta la llegada del 5% de penalización) su trabajo en las instalaciones de RNE, con unas condiciones fijadas de manera unilateral por la emisora, y con un horario fijo como se puede ver en la parrilla. Y pese a ser solo colaboradores, Tomás Fernando Flores les aplica castigos ejemplares cuando duda de la fidelidad. El de Juan Antonio Silvestre ha sido uno de los casos más sonados, y ha sido escueto pero contundente al hablar con este medio. “Se me hizo luz de gas tanto en visibilidad como en apoyo logístico. Que el EGM me señalaba como el numero 1 que fue ocultado. Salió a posteriori a la opinión publica. Se me “desactivó” -con 4 horas de antelación- , juicio en curso.” La aterciopelada voz de Silvestre sigue online en Mundo Babel, ya que en este caso el nombre pertenece a su legítimo creador. “Tiempo para aplausos, tiempo para decir adiós. La orquesta sigue tocando en el puente. El Titanic se desliza lentamente. Cómo decirte adiós”. Una elegante despedida frente a un frío cese institucional tras veinte años en antena. “Gracias a todos los que me hacéis mejor y posible”, concluyó Silvestre antes de citar a los técnicos que habían trabajado con él en ese último programa en Radio 3.

La purga infinita
Volviendo a la interesante personalidad de Tomás Flores, los consultados le definen como “oscuro, mal compañero”, y “vengativo”. Un extrabajador de Radio 3 señala que “cuando aún no era director, pasé por su despacho y flipé porque tenía su retrato en la pared. ¡Un retrato de sí mismo!”. Aunque pocos, a día de hoy, se enfrenten a él, Flores tiene una estrategia clara: victimizarse. Nada es nunca responsabilidad suya, pero tampoco responde salvo a través de la secretaria. Incluso un expresentador dice que, para saber si continuaba en septiembre, tuvo que llamar a un técnico. Otro momento tenso fue el de la apertura de la emisora del Ayuntamiento de Madrid, M21, bajo el mandato de Manuela Carmena. Yo trabajé en esa emisora dos años, y vi claramente la admiración que su primer director Jacobo Rivero tenía hacia los programas decanos de Radio 3. Algunos exlocutores de Radio 3 recalaron en M21, algunos con programa propio (como Diego Manrique o Patricia Godes), otros en un visto y no visto (Ramón Trecet fue fichado, pero marchó antes de que la emisora se pusiera en marcha) y otros con breves participaciones dependiendo de lo que les permitiera el Convenio (caso de Jesús Ordovás, figura totémica y profesional de pies a cabeza). Aunque ni Manrique ni Godes ni Ordovás estaban ya en Radio 3, el enfado de Flores fue notorio, y en M21 se rumoreaba que Flores había amenazado veladamente con no renovar a quienes trabajasen con M21. Se conoce que con el principesco sueldo que tienen los colaboradores de Radio 3, sería deshonesto que cobrasen un poco más. Algo parecido ya había sucedido algunos años atrás con la aparición de emisora online Gladys Palmera, que Flores vivió como una afrenta personal.

Un caso conocido del control de Flores sobre la programación que supuestamente ejercen de forma completamente autónoma sus colaboradores es el de la entrevista (2015) con Los chikos del maíz, formación rapera (y grupo predilecto de Pablo Iglesias) que pasó por Radio 3 pese a las reticencias de Flores, con una entrevista grabada de la que habría de quitarse cualquier mención a la política. No hizo falta censurar nada, porque la entrevista fue únicamente sobre música, pero el programa no llegó a emitirse, tal y como declaró Nega (integrante del grupo). No es el único caso. No lo olvidemos, un “colaborador” de Radio 3 tiene las tareas de redactar, locutar, producir, poner los discos (de su bolsillo) , llevar las redes, hacer el blog para la emisora (aquellos que lo hacían) y estar al servicio de los cambios decididos por Radio 3 (es decir, por Flores) en caso de querer retransmitir festivales en directo, por ejemplo, con lo que en la temporada estival se ven obligados a prescindir de sus ingresos a capricho de la emisora. Hace cuatro años que no se celebran reuniones de equipo con los colaboradores, y la repercusión de las propias redes de Radio 3 de cada programa es más que sospechosa, habiendo programas que a efectos de las redes de la emisora es como si no existieran. También los cambios de horario, con casos de programas relegados a la madrugada profunda, y horas que no se cobran por coincidir con el día de cambio de horario de invierno a verano. Fuera de este artículo quedan un sinfín de anécdotas que no se pueden contar para no revelar las identidades de las fuentes. Todas coinciden en señalar un reinado del terror que hoy, con los nuevos nombramientos, quedan en un amargo “¿continuará?”. Lo que parece improbable es que Tomás Fernando Flores siga en la radio, porque, como se nos ha contado, “tiene demasiados cadáveres en el armario, y todos están vivos».

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