Miquel Giménez (COPE) denuncia la existencia de «listas negras» en Catalunya Ràdio y TV3

Miquel Giménez

Esdiario publica que coincidiendo con la publicación de la lista de nombres de periodistas afectos al pujolismo, elaborada por el propio Jordi Pujol, Miquel Giménez saca a la luz otra lista mucho más alarmante.
Este viernes Miquel Giménez se hace eco en su columna de VozPópuli de la «lista de periodistas y demás hierbas afectos al pujolismo» que ha trascendido.
Un documento elaborado en 1990 y redactado por el propio Jordi Pujol que para él no constituye ninguna sorpresa porque «no cabe la menor duda de los personajes que allí se citan han escrito siempre al dictado del régimen nacional separatista. Siempre prestos a disculpar, a ensalzar, a loar las virtudes emanadas de las consignas de Palau, bien pueden decir que se han ganado el sueldo a base de ocultar corrupciones y mirar hacia otro lado».
Muy duro, Giménez asegura que «ese y no otro ha sido su mérito. Nos conocemos todos el tiempo suficiente como para saber que muchos jamás habrían llegado a los lugares que ocupan por su propio talento. Han aupado su mediocridad a lomos del amo del cortijo, ascendiendo a lo más alto de la escala depredadora periodística sin poseer un átomo de calidad».
Pero, a su juicio, «lo interesante es que se encontrase la lista negra que Pujol poseía acerca de los no afectos a su persona, listas de las que tengo conciencia porque un directivo de TV3 me enseñó una en cierta ocasión para demostrarme que le era imposible darme un programa. Listas negras confeccionadas, hemos de decirlo, no por la mucha o poca capacidad profesional de los integrantes, sino por la nula capacidad lamedora de traseros de los que allí figurábamos».

Se le antoja que en esa lista «han de estar nombres dignos, serios, de prestigio, nombres que, solo por estar junto a ellos, te sientes honrado. Gregorio Morán, Xavier Rius o Paco Marhuenda pueden ser tres buenos ejemplos de lo que digo. Jamás los verán en TV3 debatiendo en ninguna tertulia, porque allí prefieren la nada intelectual con pátina de senectud o el vacío cósmico de la estulticia encarnado en zangolotinas teñidas de colores imposibles, con pendientes disparejos en orejas y nariz».
Pero ese no es el verdadero problema, sino «los déficits democráticos con los que el pueblo catalán se ha acostumbrado a vivir. Para la mayoría de la gente que consume los medios propagandísticos catalanes ver los mismos rostros diciendo lo mismo a todas horas deviene en cotidiano y, por tanto, en normal».
Algo que, en su opinión, «Pujol sabía, y saben también Puigdemont y Torra, que la opinión pública ha de dirigirse, ha de encaminarse, ha de manipularse, y eso solo puede hacerse cuando controlas a los emisores de opinión. Estado totalitario, lo llaman».
En este sentido, concluye, sería tan sano conocer «a quién se le ha negado la oportunidad de rebatir esas mendacidades. Aunque, si fácil es situar a los aduladores, tampoco debe serlo identificar a quienes resultan incómodos para el separatismo. Todos los que no salen en TV3 o Cataluña Radio, por ejemplo. Todos a los que nos hicieron en su día una cruz al lado de nuestro nombre».

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