Milagros Agustina González, la primera locutora de RNE Plasencia, tendrá una calle a su nombre



Milagros Agustina González

Ana B. Hernández escribe en Hoy que recuerda que a los seis años ya hacía recados a los militares del cuartel «para sacarse unas perrillas», y con el mismo objetivo al poco empezó a subir agua cada día, en un cántaro que abultaba más que ell, al matrimonio recién casado que vivía en el piso de arriba de su casa. Y esas «perrillas» las guardaba en la bolsita de terciopelo negro que ella misma había confeccionado, porque la costura siempre se le dio bien. «Entonces también, cuando era una niña, iba a las casas de los señores pudientes y les hacía las tareas de costura que necesitaban», rememora. Porque tenía habilidades, pero también ganas de ganarse la vida y ansias por conocer y aprender. Esas que la llevaron hasta Madrid a los 18 años para trabajar y estudiar, las que hicieron que sacara su plaza de enfermera –se jubiló en 1981 en el Ambulatorio de Plasencia–, las que la han animado a viajar, incluso a residir tres años en Venezuela, por las que a los 90 años decidió matricularse en la Universidad de Mayores… Contar sus 104 años de vida, los que cumplió y celebró el pasado 26 de noviembre, es imposible en unas líneas.

La suya es una vida intensa marcada casi a partes iguales por el esfuerzo constante y las ganas de aprender. Ella ha sido una mujer adelantada a su tiempo que hoy tiene la cabeza anclada en el presente y que dice, con humildad, que el homenaje que la ciudad le hará, dedicándole una calle para que su nombre permanezca ligado a Plasencia, «es un orgullo». «No sé si soy o no digna de una calle, pero me hace muchísima ilusión», confiesa.

Esta dedicatoria es el homenaje a una mujer que también fue la primera locutora de Radio Nacional en Plasencia mientras realizaba mil y otros trabajos a la vez. «Porque lo mío siempre ha sido un no parar, creo que por mi espíritu de indagación». El que ha marcado una vida que, asegura, «volvería a repetir» y que quiere que continúe. «Yo me imagino que el Señor me pregunta: ¿Qué haces aún ahí pipiolina?’, pero yo estoy contenta y feliz y no tengo ganas de irme. Así que yo le respondo: ‘Si te olvidas de mí, te lo agradezco infinito’».

No echa de menos no haberse casado ni haber sido madre. «Tuve algunos novios, no muchos, pero la verdad es que cuando llegaba el momento de decir sí, me entraba congoja». En cuanto a los hijos, «tengo cuatro hermanas y un hermano, y sus hijos han sido los míos».

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