Menchu Álvarez Del Valle en la memoria



Menchu Álvarez Del Valle

A.Ausín escribe en elcomercio.es: Detalles en negro. La Familia Real dejó discreta constancia de su luto por el fallecimiento hace tres meses de la abuela de doña Letizia, inspiradora de su vocación periodística e incondicional del Teatro Campoamor hasta la ceremonia de 2019

La pérdida era demasiado reciente y la Familia Real dejó ayer discreta constancia de su luto por el fallecimiento, el 27 de julio, hace apenas tres meses, de Menchu Álvarez del Valle, abuela, consejera y confidente de la Reina Letizia. En su memoria, el Rey, Felipe VI, acudió a la ceremonia del Campoamor de traje oscuro; mientras su esposa, la Reina Letizia, lo hacía de riguroso vestido negro, fiel, no obstante, a su gusto por los brazos descubiertos, mientras Leonor, la Princesa de Asturias, acudía con un vestido beis con estampado en negro y zapatos de tacón también negros, y su hermana, la Infanta Sofía, lo hacía con un cuerpo negro a juego con sus bailarinas. Una muestra de luto para quien fuera un referente familiar cercano y querido en una gala celebrada en la ciudad donde pasó, Menchu, los mejores años de su larga vida y donde fallecía, plácida, la tarde noche de un lunes del pasado julio, a sus intensamente vividos 93 años. A la salida de la ceremonia, en la platea, la Familia Real pudo compartir unos instantes con la madre de la Reina, Paloma Rocasolano.

Hace solo dos años, la abuela de la Reina acudía al Campoamor, como acostumbraba, acompañada de sus hijo Jesús, el padre de la Reina, y su nieta Telma, con los que siguió la ceremonia desde la platea del teatro. Fue el año de Peter Brook, el Museo del Prado, Lindsey Vonn, Salman Khan y la Khan Academy, Siri Hustvedt, Alejandro Portes, Joanne Chory y Sandra Myrna Díaz y Gdansk. Lució Menchu su elegancia, a sus 91 años muy bien llevados, acompañada de un bastón y disfrutó como siempre de la gala, una cita en la que se reencontraba con la Reina, su nieta, y en la que tuvo ocasión de ver a su bisnieta Leonor pronunciar su primer discurso oficial. Aquella emocionante cita de octubre de 2019 sería la última. Pocos meses después la pandemia de la covid atenazó al mundo y cuando se concretó el modelo de entrega de premios de 2020, en versión de ‘emergencia’ en el Hotel de la Reconquista, nada aconsejaba su presencia. En el último año, su salud se resintió y el pasado 27 de julio, hace apenas tres meses, Menchu Álvarez del Valle fallecía en paz en su domicilio de Oviedo, donde vivía con su hija Henar.

Retorno amargo
La vuelta de ayer al Campoamor marcaba un regreso a la normalidad, en una fase aún de tránsito, pues el aforo no estuvo aún completo. Pero para la Familia Real, muy en especial para doña Letizia Ortiz, el retorno al coliseo tenía ayer una ausencia notable, dado el fuerte vínculo que siempre le unió a su abuela, cuya pasión por el periodismo transmitió tanto a su hijo Jesús como a su nieta, en aquellos tiempos en los que a nadie podía pasársele por la imaginación lo que el futuro le deparaba.

María del Carmen Álvarez del Valle, Menchu para todos, llegó un día a Asturias procedente de su Cantabria natal (nació en Santander en 1928). Su voz alcanzó gran popularidad en los años 50, 60, 70 y 80, cuatro décadas en las que exhibió su profesionalidad como locutora en Radio Asturias, Radio Oviedo o Radio Nacional de España. Programas como ‘Coser y cantar’ o ‘Rumbo a la gloria’ acabaron por reportarle distinciones como el Premio Antena de Oro, el Premio Nacional de Radio o el Premio de Honor de ACICCA.

Si su profesión la colmó, hasta rechazar alguna buena oferta para dejar Asturias, su vida personal no le fue a la zaga; felizmente casada en 1949 con José Luis Ortiz, representante de la firma Olivetti, con quien tuvo tres hijos; Henar, Cristina y Jesús, el padre de la Reina Letizia. Una felicidad, prolongada hasta ese rincón mágico riosellano de Sardéu, a la que habría de oponer tres adversidades: las muertes de su hija Cristina (2001), de su marido (2005) y de su nieta Erika (2007), también hermana de la Reina.

Sin embargo, Menchu, haciendo balance, siempre se consideró una privilegiada, por todo lo vivido y acaso también por sorpresas como ver convertida a su nieta periodista en la Reina de España y ser ella misma quien leyera con su envidiable voz, en aquella boda en La Almudena, en 2004, el pasaje de la carta a los Corintios que culmina con ese «si no tengo amor no soy nada».

Su ausencia, ayer, a buen seguro, acongojó a esa nieta que tuvo en su abuela paterna todo un referente, en el periodismo y, más ampliamente, en la vida.

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