Martín Llade (Radio Clásica) toma el relevo en el Concierto de Año Nuevo en TVE

Martín Llade

Tiene cierta lógica que quien se dedica a dar los buenos días al compás de sonatas, conciertos y sinfonías termine siendo el encargado de recibir el Año Nuevo a ritmo de valses y polkas. Martín Llade (San Sebastián, 1976) toma el testigo de José Luis Pérez de Arteaga -fallecido el pasado 8 de febrero y que puso voz a la cita vienesa desde hace décadas- en la presentación del Concierto de Año Nuevo (el próximo lunes 1 de enero, a las 11.45 horas en La 1).

“Supone algo muy emotivo, puesto que el Concierto era de José Luis Pérez de Arteaga. Muchas personas lo asocian con él. La responsabilidad es enorme, porque para mí Arteaga era mi modelo cuando yo tenía 16 años y escuchaba Radio Clásica, Radio 2 entonces. Pero, en fin, lo recordaremos con un homenaje y haremos que la gente se lo pase bien, porque estará la mejor orquesta del mundo tocando una música que gusta a todos”, explica Martín Llade, conductor desde hace tres años del programa Sinfonía de la mañana en Radio Clásica, por el que el año pasado fue galardonado con el Premio Ondas al Mejor Presentador de radio.

Ante las odiosas comparaciones que puedan surgir con su predecesor, Llade reconoce que nunca tendrá “el conocimiento musical” de Pérez de Arteaga. “Era el divulgador de música clásica ideal. Él conocía absolutamente todo. ¡Cuánta sabiduría se ha perdido!”, se lamenta.

Junto al reto de suceder a quien ha sido un referente en el periodismo musical se une la expectación que suscita la emisión del Concierto de Año Nuevo. “Es el concierto más seguido en televisión. El año pasado llegó a tener un 30% de share, oscilando entre los 2,2 millones y los 2,7 millones de espectadores y, además, para muchas personas es el único momento de acercamiento a la música clásica de todo el año, por tanto, su importancia es capital”, explica el locutor. Se trata de un evento que para Llade va unido a un recuerdo muy personal. “Para mí, el Año Nuevo siempre ha tenido sabor a champán, sabor a vals, sabor a Strauss y sabor a Viena”, asegura.

Para preparar la retransmisión, el periodista reconoce las limitaciones del formato. “Tendré que ceñirme al guión, a comentar qué van a tocar entre pieza y pieza. Espero hacerlo ameno y explicar las composiciones menos conocidas. Siempre pensamos en el Vals del Emperador o en la Polka Tritsch-Tratsch, pero cada concierto no se parece al anterior. Entre todos los Strauss suman más de 1.000 obras y a veces les gusta hacer descubrimientos”, advierte.
Réplica a los más puristas.

Ahora bien, también hay quien entiende esta cita como un acontecimiento musical de segunda. Ante el desdén de los melómanos más puristas, que consideran los valses como un género menor, el periodista los defiende. “Los valses y las polkas son música ligera, pero no por ello dejan de ser música seria. Son como el entremés de la gastronomía musical, pero en modo alguno están en condiciones de desigualdad para causar un efecto placentero”, comenta Llade. A continuación, ofrece una de las innumerables anécdotas musicales de las que lleva a gala en su programa de radio: “Brahms escribió los primeros compases del Danubio azul en un autógrafo para Johann Strauss hijo diciendo ‘¡Qué lástima que esto no lo haya compuesto Johannes Brahms!'”.

De hecho, esta cita en Viena, con años de espera para conseguir butaca, llega a ser tan relevante que puede considerarse la consagración de los directores de orquesta. «Por ahí solamente pasan los mejores del mundo. Que te escojan para el concierto de Viena es adquirir galones y subir un escalón muy alto. No podría decir si es más importante que debutar en el Metropolitan Opera House de Nueva York o en el Teatro La Scala de Milán, pero sí puede considerarse que esté a la altura», considera el presentador radiofónico.

Este año, Riccardo Muti vuelve a tomar la batuta para dirigir por quinta vez a la Filarmónica de Viena en la cita musical, que contará con las ya imprescindibles Danubio azul y Marcha Radetzky en su repertorio. Pero Llade tiene sus propias preferencias. Como director de orquesta se queda con Willi Boskovsky y sus piezas predilectas son la obertura de El murciélago y el vals Bajo rayos y truenos, ambos de Johann Strauss hijo.

Esta última pieza, de hecho, está incluida en el recién publicado segundo volumen del disco-libro Sinfonías de la mañana, que recopila los relatos sobre músicos e intérpretes que narra en su programa, acompañados de la música que los inspiró. “El primer disco-libro ha sido un éxito, vendió en torno a 10.000 copias”, explica. Por el nuevo doble álbum se dan cita 35 piezas de Bach, Dvorak, Falla, Mahler y Mozart, entre otros.

“A la hora de incorporar los relatos y las músicas en este segundo volumen he seguido un criterio que combine estéticas y épocas. También he tenido en cuenta que funcione independientemente como disco, por si alguien no quiere leer los relatos. La idea es que vaya haciendo meandros, atravesando distintas zonas de la geografía emocional. He incorporado más relatos cómicos, pero también he subido el voltaje de las narraciones dramáticas”, analiza.

Por si no tuviera suficiente con redactar un relato diario para el programa -y van más de 500-, Martín Llade acaba de finalizar la novela Lo que nunca sabré de Teresa Ann Savoy. “El argumento trata sobre una actriz de culto que murió este año y tuvo su momento de gloria cinco o seis años fugaces en los años 70, interpretando un papel en Calígula de Tinto Brass. Esta película, en último término, me convirtió en melómano cuando la vi con 16 años, con las piezas de Prokófiev y Khachaturian que aparecían en ella”, concluye.

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