Mario Paramio cumple 40 carnavales como técnico de sonido de Radio Cádiz

Mario Paramio

El olor a democracia empezaba a sonar con fuerza por las esquinas gaditanas. Las abuelas movían el puchero al son de las coplas que salían del humo de las antenas. El silencio se escuchaba en cada barrio aireando Cádiz su ropa tendía para pedir la venía de la libertad.

Finales de los 70 y todavía con la desazón producida por la pérdida del padre de la comparsa, los aires nuevos venían soplando cuando en torno a una caja sonora se reunía la familia.
La banda sonora de los alquimistas de los astilleros se fusionaba con la sirena de tabacalera. Las vías del tranvía por donde correteaban a en sus últimos aldabonazos los más imberbes, mientras los cines se llenaban daba igual el horario.
Cintas, cables y magnetoscopios. Girando y girando se iban guardando las coplas de un tal Antonio Martín que alcanzaba la gloria con unos ángeles y unos demonios, junto a un grupo que tras el boom de Nuestra Andalucía, empataba con el primero.
Fantasía Rusia, Los Buhoneros, un “qué joío” desde río Iro; recogiendo un himno de toda una tierra que llegaba por la Isla: “Qué bonito, qué bonito, qué bonito está mi Cai”.
Una tal Adela empezaba con esto de los coros; un tal Ángel se iniciaba en juveniles; un tal José Ramón afilaba por primera vez su garganta por el Falla.
Y así se entremezclaba coplas con los ecos de Carmen Goya, Aurelia de la Viesca y la emblem
ática sonoridad de Arturo Paramio. Entonces, el niño llegó. Y poco a poco se hizo con el control. Un imprescindible que ha vivido golpes de estado, huelgas, cambios de gobiernos, atentados, ascensos, descensos, los que se vinieron, los que se fueron, los que no vinieron más… mil y una historias en la singladura del tiempo que en 40 años –que no son nada- le ha dado lugar a contar.
De la escuela de los imprescindibles, se notan cuando no está y está cuando no se nota. Sin dejar de mirar de reojo a su rojiblanca pasión, no sabe delimitar dónde está el compañero y dónde está para los nuevos el tutor,
A contar sin voz. Sin emitir un sonido propio, pero lanzando por torretas, campanarios, azoteas y balcones el sentir de una casi centenaria abuela. Mario Paramio suena en los golpes de las olas en Santa María del Mar, en las cuadernas de los barcos que llegan de la Bahía y que heredaron las historias de ultramar. Barcos que se intuían desde Isabel la Católica a las murallitas de San Carlos.
En las sonrisas de los niños corriendo antes de una cruz de guía o del último cohete que cierra la cabalgata. Suena a un “va telón”, suena a tanguillos de bienvenidas, suena al silencio cuando se callan las bambalinas y suenan al estribillo de sus coplillas.
Y es que Mario Paramio no suena, hace que la vida de una casi centenaria abuela suene, porque Mario ¿a qué suena?
Suena a Cádiz en el eco de sus antenas.

El momento se ha vivido en el palco de Radio Cádiz en el Gran Teatro Falla con una soprresa que se ha preparado a Mario Paramio, con la presencia del regidor gaditano, José María González, la directora de Radio Cádiz, Lourdes Acosta y de la compañera del homenajeado, Ángel Toledo.
El bueno de Mario ha caído en la trampa de escuchar un audio que aparentemente no funcionaba, mientras empezó a sonar un pasodoble en su honor, cantando por Milián Oneto y escrito por el compañero Pedro Espinosa. El momento vivido ha sido único y da fe de los cuarenta años de un excelente profesional como Mario Paramio.

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