Los radioaficionados bercianos mantienen la onda de un hobby con difícil relevo generacional



Radioaficionados del Bierzo

Interesante análisis de la radioafición en esterincón leonés el publicado por Infobierzo.
La radioafición fue un terreno muy acotado hasta los años setenta y el cambio de régimen político en España; se puso de moda en los ochenta y los noventa hasta multiplicar su masa social; y fue decayendo con el cambio de siglo y la expansión de las nuevas tecnologías hasta dejarla como un reducto de nostálgicos con difícil relevo generacional. La historia en cierta medida circular de este movimiento se reproduce a escala en El Bierzo a través de la sección comarcal de la URE (Unión de Radioaficionados Españoles), que ha reducido sus integrantes a la mitad en apenas un par de décadas pero todavía mantiene a cerca de medio centenar de apasionados por las ondas.

Muchos llegaron al mundillo de los radioaficionados por lo que ellos mismos llaman ‘cacharreo’. No era nada sencillo hacerlo durante la dictadura de Franco. “Si no eras afín al régimen, tenías muchísimos problemas para conseguir una licencia”, dice el actual presidente de la sección del Bierzo de la URE, Luis Lago, el representante en la comarca de un colectivo nacido en 1949, pero que no despegó hasta la llegada del cambio político al país al registrar en los setenta apenas 4.000 socios en toda España de un movimiento que se fue expandiendo al ritmo que se descentralizaba la administración pública.

Para otros la radioafición se presentó a través de un regalo de Reyes. “A un amigo le regalaron un walkie. Lo enchufamos. Y al rato estábamos hablando con camioneros”, explica Jordi Fernández, que descubrió de niño en Barcelona el poder mágico de las ondas, el que le sigue cautivando tras asentarse hace doce años en El Bierzo después de haber ‘activado’ como expedicionario países como Hong-Kong, Macao, Tailandia o Macedonia. “Y así se generan muchos vínculos. Detrás del hobby hay una gran amistad de gente. Yo he ido a Tailandia a gastos pagados. Y a mi boda vinieron ocho italianos”, ilustra este instalador de Telecomunicaciones.
La radioafición saltó de las aulas del bachillerato y un trabajo de manualidades de Jesús Ronda, que fue radioescucha antes que radioaficionado, una condición que ha adquirido hace apenas unos años, mucho tiempo después de aquel “choque emocional” que le supuso hacer una radio de galena y desarrollar con el paso del tiempo su afición al ‘cacharreo’. “Y vas descubriendo cosas y ahora te ves inmerso en ese mundo que antes lo conocías simplemente escuchando”, expone este músico.

Perfil heterogéneo sin apenas profesionales de la radio

El perfil del radioaficionado es tan heterogéneo como la diversidad de profesiones de sus socios, entre los que también se cuentan joyeros o mecánicos dentistas. Paradójicamente, no es relevante la proporción de profesionales de la radio, si bien en El Bierzo fue muy destacable el papel pionero y aglutinador de Ramón Carrasco, antiguo ingeniero de Radio Nacional de España en Ponferrada. “Ramón nos abrió el mundo aquí a muchos”, reconoce el presidente de la sección del Bierzo antes de citar a otro profesional del medio como el exdirector de esa misma emisora Isidro Castro o caras conocidas de la comunicación en España como el recientemente desaparecido José María Íñigo, si bien entre ellos se distinguen con su indicativo personal e intransferible, un código formado por dos letras (EA en el caso de España), un número (1 es el distrito correspondiente a la zona de los 9 en los que está dividido el país) y una combinación de otros dos o tres caracteres.

La sección del Bierzo se constituyó en el año 1982, aprovechando un momento de ebullición en el que confluyeron el cambio y la descentralización política con la introducción de un nuevo reglamento. La URE cuenta en la actualidad en España con cerca de 250 secciones, cuyo papel es clave para cuestiones del día a día. “La instalación de repetidores de aficionados, por ejemplo, sólo se autoriza a las asociaciones”, señala Manuel Benito Lago. La sección berciana llegó a rondar los 90 socios a principios de los noventa, pero ha caído hasta los 42 actuales, en consonancia con una tendencia a la baja que a escala nacional se sustancia en una reducción a un ritmo del 4% anual hasta dejar en 7.500 el volumen de radioaficionados en España.

Al boom de los años ochenta y noventa siguió una primera depresión vinculada a la expansión de la telefonía móvil. “Había gente que se había hecho radioaficionada para comunicarse con la familia. Con los móviles ese perfil desapareció. Y la gente que queda es la que realmente le gusta la radioafición, la experimentación, el cacharreo…”, apunta Manuel Benito Lago. La extensión de la telefonía móvil también ha tenido otro efecto indirecto negativo, el de la mala imagen asociada a la proliferación de antenas. “Nos salva que tenemos una Ley de Antenas específica para nosotros. Pero cada día se está volviendo más difícil ponerlas”, reconocen los radioaficionados, que se consideran víctimas de una presión social que a veces condiciona las decisiones políticas sin atender a criterios técnicos. “Y la gente automáticamente te dice que no pongas ninguna antena”, lamenta Roberto Magaz.

“Al otro lado te puedes encontrar a cualquiera”

La revolución tecnológica y la generalización de las redes sociales asestaron otro golpe a la radioafición, sobre todo en edades tempranas. “Los jóvenes se preguntan por qué utilizar una emisora si tengo un móvil. Pero la radioafición tiene algo que podríamos llamarle magia: tú, en cualquier momento, haces una llamada y alguien te responde, pero no sabes ni quién es, ni donde está, ni lo que te puede decir. Y te puedes encontrar a cualquiera”, apuntó el presidente de la sección del Bierzo de la URE, que advierte de que con ese “cualquiera” podría referirse en tiempos al anterior rey de España, Juan Carlos I, o al actor Marlon Brando, así como a hombres poderosos del mundo árabe.

No sólo de trata de la “magia” de la comunicación. La radioafición ha tenido un cariz social muy importante, especialmente en determinados momentos facilitar el contacto en medio de catástrofes como terremotos, recuerda Luis Lago. Y en el presente su actividad queda como respaldo ante una hipotética caída de la red de comunicaciones convencionales. “Si se caen todas las redes, la nuestra seguiría en activo. Y con una batería y una antena funciona”, resalta Francisco Javier Lago. “Nosotros, como poco, llegaríamos a toda España”, subraya el presidente comarcal para señalar también como soporte a la unidad de comunicaciones de la UME (Unidad Militar de Emergencias).

Adaptarse al reto de la revolución tecnológica

Los radioaficionados han tratado también de adaptarse al reto que plantea la revolución tecnológica. “Y ahora muchos tienen la estación totalmente informatizada”, enfatizan desde el colectivo con el ejemplo de Jordi Fernández, que la controla desde el teléfono móvil. Pero no ocultan que el futuro es complejo por la falta de relevo generacional. ¿Incluso hasta hacer desaparecer la radioafición? “Yo creo que sí. La gente joven no entra. Entra alguno, pero muy pocos”, responde Joaquín Díez, que el pasado mes de marzo recibió un homenaje como socio con más tiempo de continuidad ininterrumpida en el seno del colectivo, desde hace exactamente 46 años.

“Yo tengo dos hijos. Y ninguno quiere saber nada de esto”, coincide Roberto Magaz, mientras Jesús Ronda sugiere que la poca aceptación de un hobby “muy desconocido” es un “caldo de cultivo para que incluso la administración le vaya cortando más las alas”. La obligación de pasar un examen de electrónica y legislación también ahuyenta a las nuevas generaciones, de las que dependerá el futuro de una afición que propicia la fraternidad y el encuentro, como el que cada jueves realizan de manera informal varios socios de la sección comarcal de la URE, que en 2008 organizó un congreso nacional en Ponferrada, donde 42 apasionados mantienen la buena onda de la radioafición.

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