La cíclica resurrección de Encarna Sánchez gracias, esta vez a Tele Madrid



Encarna Sanchez

Paloma Barrientos escribe en El Confidencial que a raíz de la emisión del programa ‘Huellas de elefante’ en Telemadrid, la figura de Encarna Sánchez ha vuelto a revivir con sus luces y sombras. La locutora fue durante muchos años una de las profesionales más poderosas. Por su programa de la COPE pasaban personajes potentes del mundo político empresarial, artístico y, por supuesto, del social. Muy pocos la decían que no. Unos por temor a convertirse en su punchingball y otros por interés. Sabían que intervenir en su programa era uno de los mejores altavoces para publicitar sus historias.

De hecho, la inauguración de La Gaviota, su casa de Marbella, fue el acontecimiento del verano. Entre los invitados importantes había directores, subdirectores, columnistas de los principales periódicos y revistas, empresarios con sus mujeres y los vips de Marbella, como Pitita Ridruejo o los reyes de Prusia, ella prima de la reina Sofía. El añorado Pepe Oneto, que en aquel momento era director del semanario ‘Tiempo’, una de las publicaciones con más peso mediático, aseguraba que pocas veces había visto tanto poder junto en una convocatoria privada y sin patrocinio.

Y hubo más reuniones de este tipo aunque a puerta cerrada. Una fue a raíz de los rumores que empezaron a filtrarse de una supuesta relación de Encarna con una dama (no era Pantoja). Otra cuando quiso visionar el especial de Martes y Trece antes de que se emitiera. Se reunió con el dueño y editor del Grupo Zeta para que ejerciera presión a través de sus medios, que en aquellos años eran los de más influencia. No hubo ningún tipo de pacto y, visto con los ojos de ahora, en realidad fue un programa blanco. Quizá el problema radicaba en la manera que tenía la locutora de tomarse la vida a la tremenda.

Uno de los aspectos más desconocidos eran sus almuerzos en el desaparecido Club 31 de la calle de Alcalá o en Zalacaín con mujeres cuyos maridos eran primeras figuras en el mundo empresarial, como Margarita Vega Penichet, casada con el presidente de Fasa-Renault; Paloma Jiménez Altolaguirre, mujer del síndico de la Bolsa de Madrid; Pilar Ruiz de Alda, del gobernador del Banco de España; Esperanza Sagues, cuyo marido fue el promotor de la elitista urbanización Guadalmina; Petra Mateos, mano derecha de Miguel Boyer, y, por supuesto, Isabel Preysler. Estas citas donde Encarna llevaba la voz cantante se repetían en los domicilios privados y nunca tuvieron repercusión porque ya se encargaba la locutora de mantener esa privacidad.

Hubo un tiempo en que era Isabel Preysler la que convocaba en su casa a todas estas mujeres, a las que al principio se unía Carmen Posadas, casada con Mariano Rubio, gobernador del Banco de España. En el caso de la escritora, acudía más por recomendación de su marido que por interés. Nunca ha querido tener ese tipo de protagonismo marcado por el título de ‘señora de’ y además tampoco lo ha necesitado. Incluso hubo una etapa en que fue todo lo contrario. La escritora dejó de ir porque no le interesaban las conversaciones banales y menos aún que el centro de atención fuera Encarna Sánchez.

Algunas de estas amigas conocieron a Isabel Pantoja y compartieron almuerzos. Acudieron invitadas por la locutora al estreno de ‘Yo soy esa’. Encarna Sánchez actuaba en la sombra, y fue su exproductora del programa de radio María Navarro quien se encargó de que este grupo elitista adornara la incursión cinematográfica de la cantante. Días después lo celebrarían por todo lo alto con una fiesta pagada íntegramente por la locutora. Estas amistades fueron desapareciendo cuando a Encarna le diagnosticaron el cáncer y se replegó a su mundo y Pantoja dejó de existir. Las únicas que la siguieron llamando de vez en cuando y ella se ponía al teléfono fueron Paloma Jiménez Altolaguirre e Isabel Preysler.

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