Julia Massó se recupera de una depresión clínica gracias a un programa de Ràdio Salt (GI)



Julia Massó

Olga Merino desde El Periodico nos descubre la historia personal de Julia Massó, una de las presentadoras de «Ens patina l’embrague» de Ràdio Salt.

¿Hay algo más terrible que la pérdida de un hijo? Julia Massó González (Barcelona, 1961) conoce la respuesta. Pese a la cicatriz imborrable, empezó a recuperar la autoestima el año pasado, cuando entró a formar parte de la Fundació Privada Drissa, de Girona, una entidad asociada al programa Incorpora de la Obra Social la Caixa, cuya misión consiste en mejorar, a través del trabajo, la vida de quienes padecen enfermedades mentales.

-Mi trastorno es de tipo nervioso, después de unos cuantos palos que me dio la vida.

-La escucho, por favor.
Todo empezó el 9 de mayo del 2005 cuando tuve un accidente de moto; trabajaba de reponedora, y pasó cuando iba de un súper a otro. Ese mismo año, solo cuatro meses después, mi padre falleció de cáncer, y mi madre se dejó -los dos eran uña y carne-. Todavía no había hecho el duelo de mi padre, cuando ella falleció de un ictus.

-Apareció entonces la primera depresión.
Caí en picado. Tuve que dejar de trabajar. Mi marido, mi hermano y mis hijos me ayudaron a levantarme y, justo cuando empezaba a mejorar, al cabo de un año y poco, se mató mi niño de un accidente. Tenía 15 añitos. Fue delante de casa, en la urbanización.

-No hay palabras de consuelo.
Quise suicidarme para marcharme con mi hijo. Me dio un trastorno, me nublé y tuvieron que ingresarme porque no reconocía ni a mi marido ni a mi hermano. Solo decía que tenía un hijo y una hija. Al cabo de dos días, comencé a recordar.

-Qué trago tan amargo.
La psicóloga me ayudó muchísimo. He tenido bajones en fechas concretas, como las Navidades o su cumpleaños. También el 9 de mayo: ambos tuvimos el accidente de moto exactamente el mismo día, con seis años de diferencia.

-Es comprensible que se hundiera.
No salía de casa, lo veía todo negro. Mi marido lloraba pidiéndome que me sobrepusiera, que mi hijo no habría querido verme así. El pobre le hizo el boca a boca y se sentía culpable por haberlo dejado ir.

-Empezó a levantar cabeza en julio, dice.
Desde que entré en Drissa. Con ellos he aprendido informática y, además, me ayudan a buscar trabajo. Soy locutora de nuestro magazine en Ràdio Salt, los jueves de cinco a seis de la tarde. ¿Sabe cómo se titula el programa? ‘Ens patina l’embrague‘.

-Bueno,
¿y a quién no a veces? [Se ríe] Está muy bien el programa. Un compañero, Jordi, presenta las ‘patinoticias’, su lectura particular de la actualidad. Todos padecemos algún tipo de trastorno mental y lo sobrellevamos con la medicación. Me siento muy a gusto allí, tanto con mis compañeros como con los asistentes.

-¿Por qué?
Me siento arropada, me comprenden. Si tengo algún problema, me buscan solución. Son como ángeles que han pasado por mi vida. He vuelto a respirar un poquito; no del todo, porque es imposible.

-Fuera de allí, ¿nota cierto recelo?
En mi entorno, no, porque saben lo que he pasado. Pero la gente debería entender que todos estamos expuestos a padecer algún tipo de trastorno mental.

-¿Me deja ver el tatuaje de su muñeca?
Es el símbolo del infinito, como un ocho horizontal, con los nombres de mis hijos, Xavier y Aroa. Mi hija es bióloga, ¿sabe? Le ha dedicado la carrera a su hermano.

-¿Qué le ha devuelto la sonrisa?
Yo sé que a mi hijo ya no lo voy a ver más porque se ha marchado, pero tengo a mi niña, que es otro tesoro. Son buenos los dos; les enseñamos a que fueran honestos, trabajadores y respetuosos.

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