Juanma Castaño (COPE): «Para ser periodista hay que comer mierda 10 años»



Juanma Castaño

Domingo Díaz le ha entrevistado para El Español: El director de El Partidazo analiza las polémicas que le engullen. «No quiero ser el defensor del periodismo tradicional. Parece que soy un carca».

Juan Manuel Castaño (Gijón, 1977). «Un tipo humilde», se define. Un tipo «de cantera» que tiene «el culo pelado de ser trending topic». Un tipo de Gijón que se la jugó hace 20 años para venirse a Madrid a trabajar en la radio. Un tipo al que no le gusta quedar como el defensor del periodismo tradicional -«es que parezco un carca»- ante Ibai Llanos y el streaming. Un tipo al que, cuando lo entrevistan, Paco González mira con media sonrisa de soslayo por los pasillos levantando las cejas –parece pensar qué personaje–. El director de El Partidazo de Cope, en definitiva. Un tipo que, aunque esté tranquilo al final de la entrevista, sabe que cualquier cosa de las que ha dicho «ha podido ofender a algún colectivo de los que hay en el mundo».

Martes por la tarde, en Madrid. Fuera de los estudios de Cope está lloviendo. Dentro, la atención no está en el agua, sino en el Sevilla. Los hispalenses se estrenan en Champions contra el Salzburgo (1-1 al final). Suena Tiempo de Juego, con la característica voz de Paco González, pero no sólo por la radio. La puerta del estudio está abierta, aunque nosotros no tenemos que entrar aquí, esta vez somos los periodistas de al lado.

Hemos quedado con Juanma Castaño, un hombre muy criticado en los últimos tiempos en redes. De hecho, la primera vez que esta entrevista se solicitó fue momentos antes de su polémico tuit sobre Ibai Llanos y su presencia en la presentación de Messi. Castaño estaba de vacaciones y teníamos que esperar. Una vez ha vuelto, no hay problemas.

El periodista asturiano llega al estudio con el móvil en la mano. Se presenta amablemente y se pone a contestar mensajes. Faltan aproxiamadamente cinco horas para que empiece su programa. Nos enseña, antes de empezar, los nuevos estudios de Cope, que aún están de obras. Ya quisiera yo tener una cuarta parte de esto, piensa el reportero.

Castaño se sienta relajado, esperando a ver qué le preguntamos. Recientemente ha sido actualidad por su polémica con Ibai Llanos, jaleos varios y su participación en Masterchef Celebrity. Pero él, en el fondo, sabe que está de dulce. Dirige El Partidazo, líder de la radio nocturna deportiva desbancando a la SER después de 25 años. Esto último es fruto del trabajo de todo el equipo que encabeza, sin ninguna duda.

«Pero sin presumir. Aquí cualquier día puede llegar una historia que te cambia el paso. Nuestra vida no cambia mucho de ser líderes a ser segundos. Es decir, tenemos las mismas obligaciones, el mismo estrés, los mismos problemas y las mismas dificultades», dice Castaño.

No parece conformarse. «Está bien ser líderes, hay que celebrarlo ese día, eso sirve para que la entrada de publicidad sea adecuada y todos estén contentos, pero eso es pan para hoy. No tiene que ser hambre para mañana, pero es pan para hoy y el pan hay que ganárselo todos los días».

En realidad, Castaño nunca había imaginado estar donde está. No ha tenido nunca grandes aspiraciones, «no quería ser presentador ni director de nada», sólo le gustaba la radio y quería trabajar en ella. «Eso lo he conseguido», dice.

De Radio Gijón a la COPE
El inicio de Juanma Castaño en la radio arranca hace casi 30 años. Se plantó en Radio Gijón para pedir el número del Pitu Abelardo. Su objetivo era entrevistarlo para el periódico que hacían en el colegio. El joven Castaño apenas había soplado 15 veces la tarta de cumpleaños.

Fue Manfredo Álvarez la persona que le abrió la puerta, el jefe de Deportes de la emisora. «Se fijó en mí y me dio la oportunidad de colaborar en un programa que se llamaba Jóvenes y Campeones». A partir de ahí, como cualquier otro periodista, «vas cumpliendo meses, tapando algún hueco. Te van llegando oportunidades y las vas aprovechando». Eso sí, por entonces la profesión era igual de precaria que ahora parece. «Todo eso sin cobrar, por supuesto».

Su único sueño por entonces era trabajar con Mafredo Álvarez. «Y trabajé con él». Era feliz hasta que se sintió demasiado cómodo en Gijón. Hacía las veces de periodista en Radio Gijón y La Voz de Asturias, tenía dos sueldos, vivía con sus padres y tenía ropa planchada y comida caliente cuando quería.

Quiso salir de esa zona de confort. «Llamé a Paco González y le pregunté si había posibilidad de trabajar tres meses en Madrid. Me vine en un Volkswagen Polo con una maleta, dormí en una habitación con un colchón en el suelo, ni somier siquiera, en casa de una prima. A los tres meses dije: me quedo. Y me quedé. Ilusionadísimo, contentísimo».

«Soy el más claro ejemplo de un tío de cantera», dice Castaño. Y es que para él, el periodismo «no es más que una mezcla de trabajo y talento». «Además, creo que hay un porcentaje de talento, pero sobre todo de trabajo. Es fundamental que te guste lo que haces».

Sus empleos son conocidos por muchos. Trabajó en la SER hasta 2011 y luego pasó a la Cope. En la televisión, se le ha podido ver presentando programas en Cuatro y Movistar+.

Un Castaño cambiado
Castaño sabe que ha cambiado en los últimos 24 años, como cualquier otra persona. «Ni me gusta lo mismo, ni tengo las mismas manías, ni el mismo carácter. En esencia somos como somos, pero hay cosas que cambian. Lo que con 20 años te supone un disgusto, con 40 años no te supone nada».

Ahora tiene dos preocupaciones que no tenía a los 20, sus hijos de 11 y 14 años. «Estás pensando en que tu hijo vaya por el buen camino, que no se confunda con el tema drogas, con otros temas chungos y tal…».

La conciliación familiar siendo el director de un programa deportivo nocturno es harto difícil. «Le robamos mucho tiempo a personas que merecen más nuestra atención». De hecho, el pasado mes de junio, José Ramón de la Morena, uno de los clásicos en este oficio, apagó su micrófono esgrimiendo ese porqué. Quería dedicarle tiempo a su hijo recién nacido y no cometer los errores del pasado.

Y Castaño, claro, pensó en los suyos cuando Josérra hizo su despedida. «Me di cuenta que yo estaba viviendo eso, pero es difícil cambiar. Porque para hacer un programa por la noche tengo que estar aquí por la tarde y no ceno nunca en casa. Cuando llego son las 2 de la mañana. No es momento de ver a nadie ni de despertar a nadie».

El tiempo libre de estos periodistas radiofónicos se concentra en las mañanas, «cuando todos están trabajando». «Tiene esto también sus cosas buenas. Hay menos gente en las tiendas, hay menos coches en la carretera, en los restaurantes te dan mesa porque la gente está currando…».

Se acaba de definir en estas últimas frases. El director de El Partidazo cree que uno no se puede lamentar por lo que no tiene. «No voy a estar todos los días llorando por hacer lo que hago hoy y no ir a Gijón», ejemplifica. «Me encanta vivir en Gijón, pero pienso que cuando voy disfruto de Gijón de otra forma. Si viviera allí, no me parecería todo tan bueno».

Volviendo a sus mañanas, el presentador las dedica a hacer deporte. Últimamente también cocina. «Me encanta todo lo que tiene que ver con la gastronomía, con los vinos y me estoy poniendo las pilas en ese sentido». Por algo es uno de los protagonistas de la última temporada de Masterchef Celebrity.

Además, le gustan los podcast y las series. Entre los primeros, escucha algunos de los temáticos de la competencia, como los narrados por Carlos Alsina, Hotel Jorge Juan o el realizado por Juan Pablo Arena sobre José Ramón de la Morena y José María García.

En las series, Mareofeasttown, The White Lotus o The Fall. «La novela negra me gusta mucho, en el momento en el que hay un asesinato o hay una investigación por asesinato… No estoy promoviéndolos (risas), pero eso me mola bastante».

No habla de los libros que lee. No hace falta, el último que subió a Twitter nos sirve de ejemplo. El sutil arte de que todo te importe una mierda.

Pero lo que le gusta a Castaño es escuchar a los tipos que tenemos en el estudio de al lado.

– ¿Cuál es tu programa favorito tras el tuyo?
– Soy muy de Tiempo de Juego, muy de sus personajes. Les conozco tanto que me encanta acertar con lo que va a pasar. Este va a decir esto; se va a enfadar Pepe Domingo; Lama va a levantar esto porque el partido no vale para nada y Lama levanta el programa porque el partido no vale para nada. Es un programa que, aparte de que tiene a Paco González que es el todo de la radio para mí, pues tiene un equipo impresionante».

«No hacemos lo que queremos»
Juanma Castaño se define en casi cada una de sus respuestas. Si no lo cree, relea con atención. En la siguiente se dibuja como «muy conservador», porque no ambiciona otro programa. Ni siquiera quería El Partidazo, aunque en estos momentos no lo cambiaría. «Quiero que me dejen tranquilo con rutina».

A pesar de ello, no todo es color de rosa. «Lo más difícil es que hacemos el programa que podemos, no el que queremos». Eso no quita que le gusta el programa que hace.

Se explica. «Me encantaría hablar con el entrenador del Real Madrid, con el capitán del Barça y el presidente del Sevilla esta noche, pero no es posible porque no nos lo permiten».

La problemática que expone la tienen también el resto de medios de comunicación. Muchos de los profesionales se sienten hastiados por el oligopolio en el que se ha convertido el fútbol.

Se queja Castaño. «Cada vez hay más trabas, no tenemos hilo directo con tanta gente como antes porque los gabinetes de comunicación nos han cortado mucho el grifo. Hemos tenido que adaptarnos a un hábitat donde nos han arrebatado casi siempre a los protagonistas y hacemos otra cosa».

Muy lejos quedaron aquellos tiempos en los que el inalámbrico a pie de campo podía meter el micro a un futbolista lesionado o se podía ir tranquilamente a casa de Paolo Futre para ver quién le entrevistaba primero a las 12 de la noche.

Ibai Llanos y Leo Messi
Fue esta queja/crítica la que hizo a Castaño meterse en un lío recientemente con el streamer Ibai Llanos. El joven comunicador acudió a la presentación de Messi como nuevo jugador del PSG en el campo parisino y tenía cinco minutos de entrevista. Mientras, los medios tradicionales miraban desde casa. Castaño dijo que no lo entendía.

Afirma que se expresó «mal» o no se le entendió bien. «Yo quiero que tengamos ese acceso –del que habló antes–, porque hace falta también. Los medios de comunicación tradicionales, por decir algo, son necesarios para que se conozca un perfil de los personajes que es importante».

No está de acuerdo con que se les llame medios tradicionales. «Cuando dicen ‘los medios tradicionales tal’, yo digo: no nos deben oír mucho, porque nosotros no estamos muy cerca de ser algo muy académico. Nos pasamos y decimos cada barbaridad que a veces tenemos mucho miedo por la cadena COPE, que es una cadena seria, que ponga su antena a nuestra disposición».

Sin embargo, los jugadores ahora no hablan en la radio, sino en Instagram. «Y lo que debemos entender es que no es lo mismo lo que dicen en su Instagram (lo que quiere, cuando quiere y como quiere) a lo que pueden decir en una entrevista donde no sabe qué le van a preguntar y no sabe cómo afrontar. A mí eso me parece interesante».

Comienza aquí una defensa del periodismo casi inexpugnable por parte de Castaño. «Me gustaría que la gente hiciera un ejercicio de pensar en qué pensarían si el presidente del gobierno sólo hablara a través de su Instagram o sólo hablara a través de la televisión del PSOE. Pues eso pasa con los futbolistas».

La argumentación continúa: «Dicen: ‘No, es que les dais caña’. Es que el trabajo del periodista a veces es ser crítico. Debemos aceptar ese juego. Nosotros debemos tener a veces un papel crítico y ellos deben asumirlo porque además les va en el sueldo. A mí me critican y tengo que seguir adelante con ellos».

Es cierto lo que dice Castaño. Los programas deportivos de la radio nocturna tienen poco de tradicionales. Entretienen y tienen un ritmo divertido y moderno. Pero Twitch se lleva la atención de los jóvenes y los jugadores prefieren hablar con streamers antes que con periodistas.

— ¿Por qué cree que ocurre esto?
— Porque están cómodos. Generacionalmente tienen mucho más en común, porque les unen muchas cosas, porque es muy agradable, porque son comunicadores que llegan de una forma mucho más humana, cercana, de colegueo… Se sienten parte de ese mundo. Lo entiendo porque les han unido los videojuegos o ese tipo de comunicación.

Sin embargo, cree que «participar ahí no debe excluir participar aquí». «Hay sitio para todos. No podemos pretender que ellos lleven nuestro lenguaje y sean críticos, ni ellos pueden pretender que nosotros seamos streamers y gente que juega a los videojuegos con ellos. Para empezar es que no sabemos… Somos cosas distintas y cada uno tiene su papel en la comunicación».

— Pero son competencia…
— Indudablemente. Pero no sólo los streamers. Competimos con la SER y Onda Cero. Ellos son la directa, porque es la tarta de oyentes de Deportes. Pero si convencemos a alguien de que escuchar el programa de radio es mejor que jugar a un videojuego, ver youtube o leer un libro, ahí habremos ganado oyentes donde no los teníamos. Entonces, competencia es todo: los streamers, los juegos, la televisión, las plataformas de tv, un libro…

¿La SER vs. COPE?
Castaño se reconoce pesimista en muchas cosas, sobre todo en las propias, pero no cree que la radio esté perdiendo oyentes ni atención. «Todos llevamos una radio encima. Y hemos facilitado con los podcast que la gente no tenga que quedarse hasta las 2 de la mañana para escuchar El Partidazo. No creo que la radio esté muerta. Se nos ha abierto una oportunidad».

Mucho ha cambiado la radio deportiva nocturna de hace un par de décadas ahora. Ya no es una guerra de trincheras, como lo fuera cuando José María García y José Ramón de la Morena mataban moscas a cañonazos para ser líderes en audiencia y desprestigiar al contrario.

«Ya no se viven esos desencuentros», afirma Castaño. Obviamente, la competencia es directa, pero las tortas por ver quién tiene primero a un protagonistas ya no son tales. «Soy bastante contrario a esas peleas. No hay que ser el primero, hay que ser el mejor. A veces metes el primero, y está bien hacerlo, pero haces una entrevista a las 11 y media y es una mierda. Y luego el que se la hace a las 12 y media le hace un entrevistón tremendo. Hay que equilibrar un poco».

Habla de la competencia sin problemas. «Hay que perder el miedo a decir que hacen bien las cosas. Yo creo que eso nos naturaliza de cara al oyente. Qué credibilidad tendría yo si dijera que sólo es bueno lo que hacemos en Cope».

Eso sí, no menciona a Manu Carreño, su homólogo en la SER y otrora amigo. Se perdió la relación, como el propio Castaño reconoció hace tiempo en una entrevista, y ya está.

Habla sobre su principal rival. «Destaco la enorme marca que es la SER, lo implantada que está, tiene una programación superfirme. Es difícil luchar contra algo que está tan implantado. Esa es nuestra gran batalla: que la gente pueda cambiar el dial o que la gente haya asociado la marca El Partidazo a lo que escucha por la noche. La otra marca tiene muchos años y éxitos detrás con José Ramón de la Morena. Nosotros somos relativamente nuevos», apunta.

Autocrítica y mejora
— Si hubiera que hacer autocrítica, ¿qué diría?
— Biiiuff… Si tuviera que hacer autocrítica, tendría que hacer una enciclopedia por fascículos. Soy el más crítico con el programa que hacemos, pero es evidente que tenemos que ser más rigurosos. Tenemos que saber que algunas frases pueden herir la sensibilidad. Algo que dices como una gracia, sobre un futbolista, puede hacer que la familia o su entorno sufran o no les haga gracia. Siempre estamos en la línea y creo que hay gente a la que le puede molestar.

Esto es fácil que ocurra en la radio. Es el problema de jugar con la inmediatez y la voz. Acción, reacción, repercusión. «Jugamos en el límite porque quizás ahí esté lo atractivo de un programa, cuando sabes que hay verdad, cuando sabes que hay riesgo en los comentarios. Ahí es donde realmente se disfruta un programa».

Juanma Castaño reconoce que le gustaría poder incluir en su programa una sección con 10 noticias espectaculares. «Es muy difícil dar noticias, cada vez se dan menos», dice antes de exponer una frase demoledora para el periodismo deportivo en los tiempos que corren: «Es muy fácil decir tenemos una exclusiva, otra cosa es que sea verdad».

El nicho de las historias diferenciadas y las ‘noticias espectaculares’ puede estar en los mal llamados deportes minoritarios casi siempre. Quizás sea el problema: al periodismo deportivo le sobra fútbol y le faltan otros deportes.

«Seguramente le sobre fútbol, pero mi experiencia es que el fútbol mueve mucho más que cualquier otro deporte a nivel de interés. Y que forma parte de la estructura casi de este país. El fútbol está dentro de nosotros desde pequeños», aduce.

No obstante, «nosotros no renunciamos a ninguna historia», dice Castaño. «Pero a veces incluso con las más pequeñas también te encuentras trabas para contarlas. Nunca sabes dónde está el problema», comenta.

Streaming
Hubo un tiempo en el que la radio se reivindicó. Los meses del confinamiento más duro por causa de la crisis sanitaria causada por la Covid en España, la radio deportiva acompañó mucho por las noches a sus oyentes.

—La mayor traba que hemos sufrido fue cuando estuvimos dos meses y pico haciendo un programa por la noche sin deporte y ni nada, sin saber cuándo volvía. Ahí acompañamos a la gente y nadie dijo que la radio estuviera acabada, ni que el periodismo deportivo fuera una mierda. La radio cumplió con su labor de entretener, casi de forma humanitaria. Ahí veíamos los datos de nuestros oyentes simultáneos y decíamos quién nos va a escuchar si no se sabe cuándo es el siguiente partido.

Castaño piensa en por qué les escuchaban entonces. «Mi teoría es que como estaban todo el día en casa, por la noche se ponían la radio. Cuando llegaban las 23.30 horas, se ponían la cabeza cuadrada y se divertían. Al final era una historia de un periodismo deportivo que no existía».

Castaño se reconoce como un enamorado del periodismo. Cree que si no fuera director de El Partidazo estaría igualmente en un estudio radiofónico. «No sé haciendo qué, si pinchando discos, haciendo de técnico, siendo un reportero de informativos o presentador de un magazine. Mi sueño es la radio».

— ¿Qué haría si le dieran a elegir ahora mismo?
— Haría el mejor programa de gastronomía. Un programa genial, entrevistando a los grandes cocineros de este país, camareros, clientes… Lo disfrutaría ahora mismo.

— ¿Qué hay que tener para ser periodista?
— Biuuuuuf… Hay que tener ganas de contar cosas, capacidad de sacrificio y tener en la cabeza que lo normal es que las pases muy putas al principio. Al principio quiere decir los 10 primeros años, no unos meses. Vas a tener que comer mucha mierda. Pero es una mierda con la que yo era feliz. A mí que me mandaran a un entrenamiento del Madrid y estar en una rueda de prensa delante de Capello… Pues, tío, tengo la oportunidad de preguntarle a Fabio Capello. Si no te gusta hacerlo, estás muerto. Vas a considerar si no que es un marrón tener que ir a la Ciudad Deportiva, que no ves no sé qué. Tiene que gustarte lo que haces. Si no, te va a amargar todo.

Castaño no menciona el título como requisito, algo que sí establecerían como fundamental los puristas del periodismo con los que se le relaciona. Él tampoco lo tiene. «Hice dos años en la Europea y la verdad es que no me fue muy bien. Es lo que hay». Incide en que lo importante es el sacrificio.

— ¿Se ve más fácil sentarse delante de una cámara para hacer un stream? ¿Es más difícil hacer periodismo que stremear?
— No, no, no. No me voy a meter en ese charco. Cada uno hace lo suyo y cada cosa tiene su dificultad. Como yo es un mundo que no controlo, será tan difícil o más como lo que yo hago. Si ellos convencen a tanta gente será por algo. Pero igual que cualquier otra expresión de comunicación como el teatro, como la tele, como pintar un cuadro o como lo que sea. Puede que yo no entienda cosas, pero otra cosa es no valorarlas y no respetarlas. Esta gente si le siguen millones de personas en todo el mundo será por algo.

— ¿No le gustan los charcos?
— Yo siempre he estado en charcos. Vivo en un charco. Pero hay charcos de los que ya quiero salir. Lo que no me mola es quedar yo como el defensor del periodismo tradicional, como si fuera yo aquí José María García que lleva 80 años en la radio. Ni de coña. Es que parezco un carca. Soy un viejo al lado de los streamers, pero habría que decirles que con 44 años estoy en plena capacidad física y mental (bueno, mental no mucha). Y, es más, hacemos un programa muy atrevido en muchos momentos y que está muy bien. Pero si está Siro de streamer y es un comentarista nuestro. Yo le veo y a veces no le entiendo, porque dice palabras que dicen en Twitch. Me has baneado, no sé qué. No estoy habituado. Tendría que hacer un curso de adaptación al medio.

«Soy tan conocedor de los charcos que ya no sabes hasta qué punto los evito», incide.

Termina la entrevista y Castaño no se ha metido en ningún lío. Al menos, aparentemente. «Pero eso no es seguro. Ya me ha pasado de decir: bah, de puta madre, ha ido bien…», comenta antes de poner el pero. «Cualquier cosa de las que he dicho ha podido ofender a algún colectivo de los que hay en el mundo. Así que me preparo para un Trending Topic y palos por doquier».

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