Hoy 20 de mayo es el centenario de la primera emisión de radio en Canadá



Al inicio de la noche de 20 de mayo de 1920, los miembros de la Sociedad Real de Canadá, se reunieron en el Hotel Chateau Laurier de la ciudad de Ottawa, para escuchar en directo el concierto de Dorothy Lutton. Una primicia que se convertirá en un evento histórico: la gran soprano se encuentra a 200 kilómetros de allí. Lo cuenta la web de Radio Canada International.

El recital de la Diva es difundido desde la estación de radio XWA (Esperimental Wireless Apparatus) desde el edificio Marconi en Montreal. Es el inicio de la era de la radiodifusión en Canadá. Y aunque esta radiodifusión histórica era transmitida desde la estación inalámbrica de la Marconi Wireless Telegraph Company of Canada desde Montreal hacia el Servicio de radio naval en Ottawa, una estación de recepción y un gran amplificador fueron instalados en la sala de baile del hotel para esta ocasión.

Meses más tarde en 1920, la estación radial XWA cambió su indicativo por CFCF (Canada’s First, Canada’s Finest). En 1922, la estación se lanzó en la radiofonía comercial en lengua inglesa.

El 3 de mayo del mismo año, el diario La Presse de Montreal (en lengua francesa) anunció la creación de la radioemisora CKAC (Canada Kilocycle America Canada) de Montreal, que se convirtió en la primera emisora radiofónica en difundir programas en lengua francesa en Norteamérica. Su inauguración se llevó a cabo el 2 de octubre de 1922. En ese momento en la provincia de Quebec había sólo 2.000 receptores de radio.

Y aunque al principio la radio interesaba sólo a algunos radioaficionados que fabricaban ellos mismos su propio equipo, a menudo armados de una caja de madera llena de alambres y auriculares. La llegada de los tubos de vacío o bulbos a un precio aceptable que amplificaban las señales radioeléctricas y las convertían en sonido, permite a la gente escuchar la radio reunidos en una misma pieza.

El “nuevo” medio de difusión despertó muy rápidamente el interés del público en general. Dos años después del famoso concierto de Dorothy Lutton, 34 radioemisoras existían ya en todo el país. Al fin de esa década, cerca de 300.000 radios habían ocupado un lugar privilegiado en los hogares canadienses.

La demanda por la más reciente tecnología de la época comenzó a hacerse sentir entre los consumidores canadienses. A partir de ese momento, la fabricación y venta de radios se volvió cada vez más rentable.

Ni corta ni perezosa, minoristas como la T. Eaton Company, que había sido fundada en 1869, vio el potencial del nuevo descubrimiento tecnológico y comenzó a producir catálogos especializados y formó equipos de ventas expertos en tecnología. En solo dos décadas, la radiofonía transformó al país y puso a millones de oyentes a la escucha de esta nueva invención.

Cien años más tarde, y completamente invadidos por las nuevas tecnologías del Siglo XXI, la radio ha perdido su atractivo, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, pero durante todo ese tiempo los canadienses de mi edad que vivimos nuestros años mozos en la época gloriosa de la radio, nos informamos y nos divertimos escuchando la radio. En las casas, en los carros o simplemente caminando, cuando llegaron los radio transistores, no sólo en Canadá sino en todo el mundo, la gente escuchaba la radio.

En Barranquilla en aquel momento y aún hoy en día, el béisbol era, y sigue siendo, un deporte muy popular. Recuerdo y aún veo, cuando cierro los ojos, a la gente con sus radio transistores pegados a la oreja escuchando la serie mundial de béisbol estadounidense. Recuerdo que en esa época la final siempre, o casi siempre, enfrentaba a los Dodgers de los Ángeles contra los Yankees de Nueva York.

Como soy muy poco aficionado al béisbol, no escuchaba estos partidos que pasaban por la radio transmitidos por la poderosa voz de Buck Canel, pero si me gustaba escuchar las radio-novelas de las aventuras de Kalimán “El Increíble” y de su inseparable amigo Solín. Recuerdo que a las 8:00 de la noche reinaba un silencio tal en el barrio y me imagino que en casi toda la ciudad, que hubiéramos podido escuchar el vuelo de una mosca…

Aquí en Canadá, los oyentes seguían las noticias del mundo entero, de la Gran Depresión hasta los movimientos de tropas en los campos de batalla de Europa. Ya en épocas más recientes, los canadienses escuchaban las noticias nacionales, tales como el Maratón de la Esperanza del joven Thierry Fox y de los devastadores incendios forestales que borraron del mapa una buena parte de la ciudad de Fort McMurray en la provincia del Alberta, en el oeste canadiense.

La radio le dió vida a tendencias sociales y culturales. Permitió a nuevos géneros musicales volverse muy populares. La radio permitió encontrar una audiencia para los jóvenes artistas y propulsó las carreras de muchos de ellos. Además de haber despertado en todos nosotros el gusto por la instantaneidad de las noticias, la música, los programas radiales para divertirse y los eventos deportivos, como lo mencionaba algunas líneas antes, la radio es una gran pionera que a su manera ha contribuido al desarrollo de otras tecnologías como la televisión y el Internet.

Evocando el recuerdo de esa primera emisión radial de Montreal hacia Ottawa en 1929, la radio fue solo la muestra de las transformaciones que que las nuevas tecnologías aportarían después de la década de los 60 y en las 2 primeras décadas del Siglo XXI.

Nuestro amor por la radio sigue ahí. Sin hablarles del amor por la Onda corta y de la gran sorpresa que nos llevamos en Radio Canadá Internacional cuando un brutal corte presupuestario del gobierno del momento llevó al cierre de la onda corta el 24 de junio de 2012.

Ya para concluir, quiero recordarles que la Oficina de Correos de Canadá, presenta este miércoles 20 de mayo, dos estampillas en homenaje al centenario de la primera emisión de radio, planificada y difundida en Canadá. Un evento que cambió, como hemos intentado mostrarlo, la forma como los canadienses seguían las noticias y se divertían tanto en sus casas como en otros lugares, haciendo una breve pausa sobre mi experiencia personal de la radio en Colombia, en mi Barranquilla natal.

Las estampillas de la Oficina de Correos de Canadá, presentadas de “forma solidaria”, muestran el material de radiodifusión y los radio de principios de la década de 1920.