Historias de la radio: Las recetas extremeñas y el señor de Radio Nacional de España



Lo cuenta Ana Vega Pérez de Arlucea desde el diario Hoy:
En 1978 una misteriosa oyente envió a Eugenio Domingo, de RNE, un antiguo recetario familiar con lo mejor de la cocina de Badajoz.
A finales de 1977 Radio Nacional estrenó un programa hedonista y simpaticón en el que se hablaba de tres cosas básicas para el bienestar humano: comer, charlar y beber. La vida de sus dos creadores, Eugenio Domingo y Gonzalo Sol, giraba en torno a aquellos verbos que también sirvieron para bautizar su nuevo espacio radiofónico. ‘Comer, charlar y beber’ llegaría a convertirse en un programa pionero del periodismo gastronómico español y en un verdadero mito de las ondas, pasando por varias emisoras y equipos de colaboradores pero manteniéndose en antena hasta 2013.

De su larga trayectoria hoy vamos a fijarnos en un día en particular, el sábado 7 de enero de 1978. La emisión empieza a las nueve y media de la mañana y a esa hora, un poco dormida todavía, una mujer escucha desde Hornachos (Badajoz) cómo el presentador pide a los oyentes viejas recetas de cocina regional. Al día siguiente la misma mujer coge papel y boli para escribir una carta que dice así: «Disculpen ustedes si no me expreso como yo quisiera pero como he oído el programa de las comidas, pues una servidora tiene una libreta escrita con 315 páginas con recetas de comidas antiguas de mi madre que se las enseñó mi abuela. No se cómo mandarle la libreta, que sale un libro de cocina de tantas comidas como hay en ellas de modo que si le interesa pues pueden ustedes mandarme a decir cómo se lo puedo mandar pero no me lo digan por la radio porque a esas horas estoy dormida y oigo las cosas a medias pues si oí ese programa suyo fue porque estaba esperando el del horóscopo que lo oigo a medias y no me entero de él si no se me pasa del todo y tampoco quiero que pongan mi nombre en la radio» (sic).

Con esas frases comenzó la entrañable amistad epistolar entre Carmen García Hernández y el actor, locutor y escritor gastronómico Eugenio Domingo Alavedra (1934-1989). Eugenio era barcelonés de cuna, donostiarra de adopción y ciudadano del mundo: galán del cine español en los 50, pasó luego por los micrófonos de la ORTF en París y de vuelta en España fue uno de los mayores impulsores de la fiebre por la gastronomía que vivió nuestro país en los años 80. Hermano del también autor culinario Xavier Domingo, por cierto.

En edición facsímil
Al otro lado del hilo postal estaba Carmen, soltera de 73 años y natural de Ribera del Fresno (Badajoz). Nunca había viajado más allá de los escasos kilómetros que separan su pueblo natal de aquel en el que residía, Hornachos, y donde había vivido toda su vida adulta junto a su hermana Isabel, ya fallecida.

Dos décadas habían pasado desde que ambas decidieran recopilar las recetas transmitidas por su bisabuela, «cocinera de casa de estirpe», y hacer dos copias con el título de ‘La mejor cocina extremeña escrita por las dos autoras Isabel y Carmen García Hernández’ (otra vez sic). Una de ellas llegó, sellos mediante, a manos de Eugenio Domingo y es la que acabó siendo publicada en facsímil por Tusquets en 1980, con su ortografía y letra originales y añadiendo un sentido prólogo del locutor.

La única condición que puso Carmen para su publicación fue que «si ba usted a imprimirlo en la imprenta tiene que estar escrito igual que la libreta que yo le e mandado», así que sus deseos se cumplieron esmeradamente y en el libro podemos ver hasta la trama cuadriculada de las hojas que usó en 1957 para apuntar sus recetas. «Disculpe usted si no estan muy bien escritas pues no lo se hacer mejor», avisaba en sus cartas.

Resulta enternecedor sentir el orgullo que –faltas ortográficas incluidas– puso Carmen en la escritura del cuaderno. Tanto como para enviárselo a un señor que hablaba por la radio e intuir que aquellas fórmulas pasadas de generación en generación eran importantes, muy importantes. Que quizás fueran lo único que de ella y su hermana Isabel pasara a la posteridad y que valía la pena compartirlas con los demás a pesar de que aquel acto de generosidad le costara un disgusto.

A los que conozcan de cerca cómo funcionan los pueblos pequeños (y, más aún, cómo lo hacían hace 40 años) no les sorprenderá saber que la relación epistolar entre Carmen y Eugenio se truncó debido al qué dirán. Sorprendido por la calidad del recetario e interesado por las cosas que su autora le contaba, el periodista propuso visitar Hornachos para conocer a Carmen en persona y que ésta le diera opíparamente de comer.

Esta inocente proposición acabó siendo leída de extranjis por la sobrina con la que vivía nuestra protagonista. «Me dijo que no quiría que viniese usted porque iba adecir que me abia traido un amante a su casa», explicó Carmen en su última misiva.

Eugenio Domingo no supo nada más de ella. A pesar de escribirle repetidamente y de enviarle el libro publicado, no obtuvo respuesta. Nos quedan sus recetas, sus divertidos resabios extremeños, su «sopón para desayunos de los labradores en el verano» y su memoria.

Si saben ustedes qué fue de Carmen García Hernández, cuéntenmelo. Y busquen el libro, que es una maravilla.

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