Fallece el periodista Germán Yanke, ex colaborador de Cadena COPE

Germán Yanke

Germán Yanke Greño era de Bilbao. Del centro de Bilbao. Un bilbaíno liberal. Amante de la palabra, de Unamuno y del mar. Junto al Cantábrico, en el que aprendió a nadar superando las olas bravas de Plentzia y a apenas una veintena de km. de su Botxo, Yanke falleció ayer a los 61 años en la última página de un maravilloso libro de experiencias personales y profesionales impulsadas siempre por su pasión por el saber.

Germán Yanke era un poeta que el periodismo arrancó de la reflexión para sumergirle en el día a día de la información, del análisis, de la opinión. Mimó las palabras y los gestos como sus antepasados cuidaban la arena con la que convirtieron el cristal en joyas de orfebrería. Porque Yanke era el nieto mayor del Germán Yanke que a finales del siglo XIX decidió abandonar Bohemia en la entonces república Checa para, acompañado de su hermano Urbano, probar suerte en un Bilbao que con su incipiente industria atraía a emigrantes centroeuropeos.

Yanke, el mayor de los ocho hermanos, heredó el nombre que compartía con su abuelo y con su padre, el conocimiento del alemán, la pasión por el saber y por cualquier reto profesional. Estudió en el colegio Gaztelueta y cursó estudios de Derecho en Bilbao y de periodismo en Lovaina, donde amplió su dominio del francés y forjó su  exquisita educación. Muy pronto tuvo claro que sus anhelos no tendrían cauce trabajando en la empresa de importación/exportación familiar y, como ayer recordaba compañero y amigo Federico Jiménez Losantos, utilizó el periodismo como un “instrumento” en el que canalizar su pasión por la escritura. Ajeno al dogmatismo, Yanke comenzó su vasta trayectoria periodística en Deia a pocas mesas de distancia en las que también se forjaba como periodista económico Andoni Ortuzar, hoy presidente del PNV. “Empezamos juntos a trabajar en Deia. Él quería domar mi nacionalismo radical y yo hacerle abertzale. Ambas, pretensiones imposibles”, recordó ayer el líder nacionalista que se fundió en un abrazo con Yanke cuando el periodista, ya en silla se ruedas, acudió a saludarle en un acto electoral celebrado en Sopelana hace unos meses.

Autor de cuentos, tres poemarios y libros de referencia como Ser de derechas, manifiesto para desmontar una leyenda negra se atrevió con todo y con todos. De Deia saltó a La Haya como periodista de El Correo y, ya de regreso a su hogar, el actual director adjunto de El Mundo Iñaki Gil lo incorporó a la jovencísima plantilla de la primera edición regional del diario dirigido por Pedro J. Ramírez. “Germán Yanke era un periodista versátil al que podías encargar una información, un testigo directo, la reseña de un libro o un editorial con la seguridad de que serían magníficos”, recuerda Aurelio Fernández, director general de publicaciones de Unidad Editorial y subdirector de El Mundo del País Vasco cuando Yanke se incorporó a la redacción de Bolueta que lideraba Melchor Miralles. Allí, Yanke aportó argumentos intelectuales en la lucha de la palabra contra el totalitarismo de ETA y su enorme capacidad de empatía para reconocer los argumentos del diferente. Ortuzar recordaba ayer sus almuerzos en el asador Getaria junto al alcalde Iñaki Azkuna y la empatía mutua que Azkuna y Yanke se profesaban.

El periodista no sólo se comprometió en la lucha contra ETA desde sus columnas y editoriales en Euskadi sino que fue uno de los impulsores de la Fundación por la Libertad, un grupo de intelectuales vascos de un amplio espectro ideológico que se constituyó en 2002 y que ayer recordaba Cristina Ruiz, ex portavoz del PP en el Ayuntamiento de Bilbao que aún conserva como un tesoro la carta personal con la que Yanke le felicitó y le dio ánimos cuando se incorporó al Consistorio bilbaíno.
“Me emocionó y me emociona hoy su carta manuscrita, de un hombre culto y comprometido como Germán”, señaló ayer Ruiz que como el ex presidente del PP vasco Carlos Iturgaiz siempre sintieron a Yanke cerca en los años de plomo del terrorismo etarra. “Me admiraba su sátira política que no sólo aplicaba en sus análisis sino que me divertía muchísimo cuando coincidíamos en San Mamés y la utilizaba con los jugadores de uno y otro equipo”, rememoraba el hoy europarlamentario vasco.

La sección de Opinión de El Mundo y la Cadena COPE, después, fueron sus hogares cuando se trasladó a Madrid a finales de los 90, porque el periodista vivía su profesión en un siempre complicado equilibrio con la vida familiar con Idoia, su esposa y profesional de ETB, la televisión pública vasca. Jiménez Losantos apostó por él cuando asumió la dirección de La Linterna y Yanke multiplicaba el interés de las portadas de los diarios en tiempos de scoops que hacían temblar a instituciones y partidos. “Tuvimos una relación muy estrecha que nació en las jornadas liberales de Albarracín y que creció y se consolidó en La Linterna. Yo le dije que la televisión era una cosa que devoraba a la gente. ‘Pues ya va siendo hora de probarla’, me respondió”, recordaba Losantos.

Y Yanke llegó a la tele y triunfó. Amigos como Nicolás Redondo Terreros nunca dudaron de su éxito también en Madrid. “Brillaba por su moderación, por el y por la inteligencia. Y era muy delicado para todo: en el debate, en las relaciones personales y profesionales y a la hora de enfrentarse a los problemas”, recordaba ayer el ex secretario general de los socialistas vascos, que fue uno de los amigos que visitó a Yanke cuando ya residía en Sopelana. Su experiencia y prestigio en prensa escrita -también dirigió durante dos años la revista Época- se multiplicó en televisión donde dirigió a partir de 2004 el Diario de la Noche de Telemadrid. Dos años después la cadena autonómica le exigió la salida de Pablo Sebastián y cambios en el programa que, según el propio Yanke, encubrían un
despido político con la mano de la presidente madrileña Esperanza Aguirre meciendo su salida. “La vida sigue y uno puede seguir trabajando”, explicó tiempo después Yanke, firme en sus convicciones con palabras de seda. “Ryszard Kapuscinski ya dijo que para ser un buen periodista hacía falta ser buena persona. Germán, sin duda, lo era”, sentenció ayer Antonio Rubio, ex subdirector de El Mundo y compañero del periodista bilbaíno.

48632