En recuerdo de José Luis Pérez de Arteaga (2)

José Luis Pérez De Arteaga

Tomás Marco le ha dedicado estas lineas desde El Mundo: En la madrugada del 8 de Febrero se nos ha ido en su ciudad natal, Madrid, un hombre de la música: José Luis Pérez de Arteaga. Tenía 66 años y había nacido en 1950 estudiando música en Madrid y Londres y licenciándose en Derecho y Ciencias Empresariales . Pero su vocación era la música, que devoraba a cualquier hora, y escribir sobre la misma desde la cultura siguiendo la línea de uno de sus maestros: Federico Sopeña.

Su actividad periodístico musical se inició con 19 años en la revista Ritmo y, desde entonces, escribió miles de artículos, críticas, notas al programa y reseñas en las más diferentes publicaciones, como la revista Scherzo, de cuyo consejo de redacción formó parte, o diarios como El País , ABC, o El Independiente, siendo en la actualidad miembro del equipo crítico de La Razón y de El Cultural de El Mundo. Publicó un importantísimo libro sobre Mahler al que, en una segunda ampliación, añadió un valioso catálogo discográfico. También realizó traducciones y colaboró en libros musicales colectivos.

Persona culta y de curiosidad extrema, su conocimiento de la discografía clásica era apabullante y no creo que hubiera una discoteca particular en España tan nutrida y variada como la suya. La cultura, la facilidad para escribir y el conocimiento discográfico basado en otro musical muy profundo le convirtió en el mejor especialista musical que la radio española ha tenido en su historia, porque desde hace 30 años su presencia en la actual Radio Clásica y sus antecedentes (Radio 2, Segundo Programa de RNE) era insustituible. Desde 1984 llevaba el programa El mundo de la discografía, seguido con fascinación por miles de oyentes por su variedad y profundidad; muchos otros programa se beneficiaron de su sabiduría y de la manera magistral con que los abordaba.

Pero, sobre, todo era impagable realizando transmisiones en directo. Miles de conciertos de diversas salas y festivales españoles e internacionales se beneficiaron de su buen hacer desde los conciertos de la Orquesta Nacional de España a las transmisiones wagnerianas desde Bayreuth o los Proms londinenses. Las hacía como nadie, situaba las obras y los intérpretes, ofrecía datos, realizaba entrevistas y era capaz de improvisar con toda eficacia cuando una transmisión tenía problemas técnicos. Le he oído solventar con brillantez incluso horas de técnica averiada en las transmisiones de Wagner. También participaba en las del Teatro Real de Madrid. Y para el gran publico su voz era el acompañamiento obligado en TVE, y también en la radio, del Concierto de Año Nuevo de Viena.

Pero si supo servir a la música clásica como nadie, podía hablar muy bien de otros muchos géneros más populares o étnicos. Además, era uno de los mayores especialistas en bandas sonoras de películas que había entre nosotros. Tenía sentido del humor, alegría y carisma. Los músicos contemporáneos han perdido también a un gran valedor y yo personalmente confieso haber perdido a un amigo muy querido. Recuerdo que hace unos años le dediqué mi obra Árbol de arcángeles y cómo lo agradeció sinceramente. Y quien pierde a alguien que no será posible sustituir es la radio a la que amó, valoró y engrandeció. José Luis Pérez de Arteaga era la encarnación de la música en la radio.

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