Cuando la radio necesita la imagen para ser visible en las redes sociales



Cadena SER

Borja Terán escribe en lainformacion.com que la Cadena SER no es una cadena de televisión, es una emisora de radio. Sin embargo, su programación actual está pensada para poderse ver. Todo lo relevante que sucede en la SER queda inmortalizado en vídeo. Antes el oyente tenía la paciencia para sólo escuchar. Incluso el oyente atesoraba la cualidad, sin rival, de poder imaginar a su medida a los locutores. Ahora, en cambio, el uso de las redes sociales premia la imagen para alcanzar esa visibilidad que multiplica la influencia de lo acontecido en un estudio de radio. En la SER lo saben y lo aprovechan desde hace años. De hecho, programas como ‘La Vida Moderna’ no hubieran sido tan relevantes entre las nuevas generaciones si sólo hubieran sido radio. El éxito de los programas de Broncano, Quequé e Ignatius va estrechamente unido a que se plantearon para ser retransmitidos in streaming. La radio aprovechó su inversión tradicional para, a la vez, generar contenido en Youtube. En cierto sentido, la radio se hizo ‘youtuber’. Así estos programas alcanzan dos vidas: la que se escucha como siempre y la que se consume principalmente en la plataforma de vídeos de Google.

Las fronteras de la radio tradicional y la televisión parecen saltar por los aires. La radio quiere verse, mientras que los programas de tele cada vez son más tertulias que también se pueden seguir solamente siendo escuchados. Qué paradoja de un tiempo en el que las nuevas tecnologías parecen engullir las liturgias que diferencian cada medio de comunicación.

Los estudios de radio ya cuentan con escenografías casi televisivas. Pantallones gigantes en los que proyectar señales de vídeos, mesas con luces de led dignas de un ‘Telediario’…. Sin embargo, su tamaño y la logística técnica que disponen no está a la altura de calidad visual de la televisión. Y ni siquiera quizá tiene que estarlo porque el cometido de estas emisiones online está más bien en posicionar a la emisora en las redes sociales. El sonido por sí solo no tira tanto en la manera en la que consumimos en el universo viral. Y necesitamos el poder de la imagen para retuitear con más ímpetu. Nos hemos convertido en perezosos a la hora de simplemente escuchar. Porque nos movemos en las redes sociales a una velocidad de vértigo que, hasta cuando hay vídeos, premiamos que tengan sobreimpresionados rótulos porque nuestro ojo caza los titulares al vuelo.

Son las consecuencias de la viralidad el que vivimos inmersos: da la sensación que para triunfar no hay que dejar prácticamente nada en el suspense de aquella radio en el que no sabías muy bien cómo era la persona que estaba detrás del micrófono. Ya esa magia no existe, se ha transformado. Lo que sí sigue existiendo es esa cercanía cómplice que logra la voz que te habla sin otro tipo de distracción visual. Ese sigue siendo el motor de la radio, que favorece una compañía cotidiana entre los profesionales del micrófono y sus oyentes.

Ahí se cimenta el lazo de fidelidad real entre público y profesional en el día a día. Pero, a su vez, la radio para trascender más allá de su comunidad necesita la imagen para llegar a los que no son tan radiofónicos y ser noticia. Es el marketing que extrae momentos en vídeos de la programación para que los enredados en las redes ‘retuiteen’ lo que ha sucedido en la radio con ayuda del anzuelo de la imagen. Así se visibilizan los programas, se ponen en el mapa de la conversación viral que no va conectada con la audiencia real radiofónica pero que es útil para darse a conocer, potenciar la relevancia de la emisora y ganar nuevos adeptos.

En el fondo, desde finales de los ochenta la televisión siempre ha sido un reclamo para atraer público a la radio. Con la diferencia que, ahora, la radio no depende de la televisión como tal, puede ser autosuficiente. Porque todos podemos comunicar a través del vaivén de Internet. Por eso no nos choca que constantemente en las redes veamos imágenes de la radio. También de podcast, que tienen su versión en audio y en vídeo. Todo lo queremos ver, mejor si lo vemos rápido, aunque lo especial de la radio siempre será el ejercicio de escuchar. Un ejercicio que quizá nos cuesta en la actualidad más que antes, detalle que quizá también es un síntoma de la ruidosa polarización social que nos envuelve.

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