Carles Francino (Cadena SER): «A mí Riaño me sugiere la capacidad de resurgir»



Carles Francino

Lanuevacronica.com le ha entrevistado: El periodista barcelonés, que recientemente ha superado la covid, se desplaza con el equipo de ‘La Ventana’ para emitir este viernes en directo el programa vespertino de la Cadena SER desde el Luchódromo de Riaño
Al otro lado del teléfono suena la voz inconfundible y por suerte totalmente recuperada de Carles Francino, el conductor y director del espacio vespertino de la Cadena SER ‘La Ventana’, que este viernes se desplaza hasta Riaño para emitir en directo el programa a partir de las 16:00 horas desde el Luchódromo de la localidad montañesa con la entrada libre hasta completar el aforo de 200 personas siguiendo la normativa anticovid. De todos es sabido por la dura experiencia que el periodista barcelonés ha pasado en los últimos meses tras dar positivo por covid y tener que ingresar en un hospital madrileño y pasar casi un mes en la UCI, donde además sufrió un ictus del que afortunadamente parece que no le ha quedado ninguna secuela. Todo esto lo relató Carles Francino con visible emoción el pasado 10 de mayo en su reincorporación al programa.

– ¿Qué ha cambiado del Francino que nos acompañó por ejemplo durante aquellos meses de confinamiento y que fue testigo directo de la lucha en primera línea de los sanitarios contra el virus al Francino que ha vivido la peor experiencia de su vida al sufrir en carne propia una enfermedad que se ha cobrado en este país decenas de miles de víctimas, y que además ha querido compartir con los oyentes de ‘La Ventana’ de una manera tan sincera y emocionante?
– Yo no quería que fuera así. En todo caso, si me lo preguntas, yo creo que hay dos consecuencias muy claras para mí a nivel personal. Por una parte, reforzar lo que ya pensaba desde el comienzo de la pandemia, que la radio, que siempre es útil, en una circunstancia así es más útil que nunca, y que teníamos que acompañar, que animar y que informar, pero sobre todo que no cayéramos en el desánimo y en la depresión entre todos. Eso por un lado. Y por otro, este más íntimo aún, descubrir la fragilidad, esa que sabemos que tenemos todos los seres humanos pero que tan a menudo olvidamos. Nos creemos los reyes del mambo, los reyes del universo y a veces con un soplido, que puede ser un pequeño virus, un accidente o cualquier circunstancia de la vida, te das cuenta que en realidad no somos tan grandes ni tan fuertes como nos pensamos.

– ¿Cree que su pasado de deportista ha contribuido a superar la enfermedad en mejores condiciones?
– Sí, sí. Vamos, no es que lo crea yo, me lo dijeron los médicos. Hubo un par de días mientras estaba ingresado en el hospital –eso lo supe después– donde los marcadores eran bastante adversos y ahí podía haber tirado o a la pendiente o hacia arriba. Y tiré hacia arriba. Los médicos me lo dijeron y me lo repitieron que tenía mucha importancia la base del deporte que he hecho toda mi vida y que sigo haciendo, porque en cuanto me dieron permiso yo me apliqué a la recuperación y hoy han pasado dos meses y pico desde que di positivo por covid y estoy haciendo vida prácticamente normal. Ahora que hablo contigo llevo un Holter para el corazón, durante diez días, que me están controlando por si hay alguna arritmia por ahí medio oculta porque están haciendo el seguimiento del ictus, pero he estado yendo a un centro especializado que tiene un simulador de altitud para trabajar y hacer esfuerzo en deuda de oxígeno, que eso mejora mucho la capacidad pulmonar, y hago bici todos los días en casa porque al gimnasio no quiero ir y eso ha hecho que a día de hoy esté prácticamente recuperado. Además la voz ha vuelto, estaba acojonado con la voz cuando empecé y eso me tenía muy preocupado. Pero bueno, al final todo poquito a poco se va recolocando.

– ¿Sintió verdadero miedo al verse solo en el hospital o realmente los sanitarios lo arroparon en todo momento?
– Los sanitarios me arroparon de una manera sensacional. Además como no llegaron a entubarme pues yo creo que eso también jugó a mi favor. Pero de lo que tuve miedo y miedo de verdad es de no ver más a la gente a la que quiero. Eso sí que me daba miedo, más que pensar que iba a palmar. Eso la verdad que me rondó poco por la cabeza. Pero el gran temor que tenía era no ver a la gente que quiero, a mis hijos pequeños, a mi hijo mayor, a mi mujer, a mis hermanos de Tarragona que hace nueve meses que no puedo estar con ellos porque no ha habido oportunidad de viajar, por una causa o por otra. De eso sí tuve miedo. De morir no porque todos moriremos algún día. Un episodio así lo que hace es simplemente recordártelo y tomar conciencia de dos cosas, una de que somos finitos y otra de que es muy importante aprovechar el tiempo. Y yo, que ya tenía eso en la cabeza, ahora lo practico más que nunca.

– Vamos a cambiar de tema y a hablar de periodismo recordando aquellos tiempos que personalmente añoro en los que usted se vio involucrado en un proyecto tan ilusionante como la implantación en España de la primera televisión de pago, Canal +, cuando en este país no había costumbre de pagar por ver televisión. ¿Qué recuerdos tiene de su paso por aquel canal cuya cabecera estaba acompañada por una preciosa melodía de Manolo Sanlúcar.
– El otro día mi hijo mayor me trajo una foto de una portada del suplemento de televisión de El País donde la semana antes de empezar las emisiones aparecía yo en portada con una sonrisa y todo de pantalla. La foto tiene treinta años y me hizo mucha gracia verla el otro día, la verdad. Canal + ha sido no sé si la que más pero sí una de las etapas profesionales más satisfactorias de mi vida, porque tuve la oportunidad de participar en poner en marcha un proyecto desde cero, que eso se tiene muy pocas veces la ocasión, y aprender. Yo aprendo todos los días en mi trabajo. Cuando me preguntan qué es lo que más me gusta de mi profesión, yo digo que es que todos los días aprendo algo. Pero ahí aprendí un huevo. No tenía ni idea de televisión. De hecho nunca había pensado trabajar en la tele. Caí ahí de puro rebote, de pura samba. Éramos una redacción de veinticinco personas y hacíamos un informativo sin ningún tipo de exigencia determinada de audiencia. Entonces hacíamos un informativo con los criterios que considerábamos oportuno, con mucha importancia para las noticias de cultura, de sociedad, con una mirada muy profunda de la información internacional… En fin, con toda la modestia, creo que hicimos unos informativos que estaban francamente bien. Aunque no tuviéramos el EGM de audiencias el público lo respaldó. Había días que teníamos un millón de espectadores, que para un canal de pago que iba ese informativo entre cerrado y cerrado es una auténtica barbaridad y creo que tiene que ver con la filosofía de lo que fue Canal +. Tú decías y con razón que en España no estábamos acostumbrados a pagar por ver la tele, de hecho había un montón de pronósticos diciendo la hostia que nos íbamos a dar, que iba a ser una ruina, y sin embargo Canal + fue un éxito porque apostó por la calidad. Y cuando tú das un producto de calidad, de lo que sea, hay siempre un sector de público que se apunta a ello.

– El viernes ‘La Ventana’ va a estar en Riaño, un pueblo que para León tiene un especial significado y que ha sido contado por literatos y periodistas. ¿Como profesional de la comunicación, qué le sugiere Riaño?
– A mí Riaño me sugiere la capacidad de resurgir, de resucitar. El viernes me imagino que podré hablar con personas que lo podrán contar con mucho más conocimiento de causa. Pero por lo que he ido siguiendo y sé a día de hoy, creo que lo que fue un drama hace más de treinta años y una mierda para muchísima gente que vive aquí, se ha ido convirtiendo, porque no quedaba otro remedio, en la búsqueda de oportunidades y que hoy esta parte de la montaña de León pues sea un reclamo de aventura, de eso que llaman turismo sostenible, de naturaleza y que eso pueda beneficiar a la gente que vive ahí o que ha vuelto a vivir o que sigue viviendo, creo que es una magnífica noticia. Creo que Riaño es un símbolo de que nunca debes darte por vencido, y que debes echar todo el ánimo que puedas para resurgir. Yo voy con esa idea y luego ya veremos qué me encuentro y qué podemos contar. Pero mira, siempre que sacamos los programas de la SER fuera de los estudios, y sobre todo en esta época de pandemia, lo que tratamos es de trasladar al conjunto de la audiencia historias locales pero que sean de interés general. De la misma forma que el viernes pasado estuvimos en la Ribeira Sacra, que están pendientes de si les declaran Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO y es una zona absolutamente desconocida por gran parte de los españoles, entre los cuales me incluyo, u otra semana estás haciendo el programa en Alicante o en Málaga para pulsar los problemas del sector de la hostelería, pues yo creo que en Riaño el mensaje que a mi me gustaría trasladar es que es un territorio donde se ha hecho realidad esa teoría de que de las peores desgracias se puede resurgir. Es verdad que han pasado treinta y pico de años pero yo tengo la sensación de que se está en una etapa mucho más luminosa de lo que prometía o pronosticaba aquel drama que se vivió.

– Una última cuestión. Los programas estrellas de la Cadena SER como ‘Hoy por hoy’, ‘La Ventana’, ‘El Larguero’ o ‘A vivir que son dos días’ cuentan con formatos consolidados que les ha hecho ser durante años líderes de audiencia. ¿De qué manera los comunicadores que han pasado por ellos han logrado dejar su huella, en su caso ahora con ‘La Ventana’?
– La radio no admite trampas. El que se pone delante del micrófono tiene que mostrarse tal cual es y tiene que aplicar las ideas y los criterios en los que cree y en los que tiene confianza. Tiene que trabajar en equipo pero seguir una dirección que es la suya. Yo creo que las imposturas en la radio tienen muy poco recorrido y yo tengo una forma de comunicar, de hablar, de entrevistar, de emocionarme, de reírme que es otra distinta de la que pueda tener otra persona. Y eso acaba impregnando no solo el espíritu sino el formato de los programas. Y luego tengo una serie de intereses, de inquietudes o de prioridades incluso que no serán iguales que los de otro compañero u otra compañera, que eso al final acaba dándole una marca, una huella, una seña de identidad. Porque al final la radio, en mi modesta opinión, es lo que más se parece a la vida real. Y por lo tanto si a ti te gusta el cine de Woody Allen y a mi no y lo podemos discutir eso en la radio tendrá brillo. Y tú lo habrás elegido porque pensarás que es interesante. O si un día hablamos de fúlbol o de montañismo. Yo a lo mejor preferiría hablar de otras cosas, bueno pues esa huella, esa seña de identidad se traslada a la antena aunque tú no quieras y acaba dándole a los programas una firma especial, una marca para entendernos. La gran marca es la SER, sin ninguna duda. Pero luego dentro de la gran marca que es la SER cada uno aporta su grano de arena. Nadie dice ‘son las dos de la tarde’ como José Antonio Marcos, porque él lleva veinticinco años haciéndolo. Entonces cada uno ahí aporta lo que es y lo defiende y eso no admite trampas ni disimulos. Además, yo estoy rodeado de gente que es infinitamente mejor que yo. Pero creo que eso es lo que tiene que hacer alguien que dirige equipos, porque si no qué mérito tiene. Carlos Boyero en cine, Benjamín Prado en literatura, Mariola Cubells en televisión, Paco Nadal con los viajes, Elvira Lindo con su mirada especial del mundo, eso los colaboradores, pero luego está el equipo de redactores, de periodistas. Todos son mejores que yo en algo. Todos, absolutamente todos. La suma de todos esos talentos es lo que hace que luego lo que sale a la antena tenga calidad. Porque si te rodeas de gente valiosa para destacar solo tú eso no sirve de nada. Al menos eso pienso yo.

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