Antonio Vázquez Capilla (ex RNE Sevilla) publica sus memorias



Antonio Vázquez Capilla

Félix Machuca escribe en ABC Sevilla que a sus 90 años ha decidido poner negro sobre blanco lo que ha sido su vida. Desde las malas hambres de la guerra a sus días al frente del gabinete de prensa de la hermandad rociera de Almonte.

  • Su libro se titula «Mi universidad fue la vida». ¿Qué aprendió y nunca olvidó?
  • He aprendido muchas cosas. La primera, sacar mi casa adelante, procurar que mis hijos no pasaran las necesidades que yo pasé y no volver a vivir unos tiempos tan difíciles. Y he procurado olvidarlo todo.
  • ¿Pasó mucha necesidad en su infancia?
  • Mucha. Pasé mucha hambre. Muchas veces me iba a la cama sin comer. Y de ahí sacaba fuerzas para buscar comida otra vez, guardándole el sitio en las colas de la carbonería o en las tiendas a clientes que luego me daban unas perritas.
  • ¿Y miedo?
  • Mucho. Con diez años tenía que salir a la calle para buscar comida para mí y las mujeres que vivían en la casa de vecinos. Los hombres estaban en la guerra y la puerta de la casa estaba siempre cerrada. Entraban los falangistas o los milicianos. Se escuchaban disparos por todas partes.
  • Se dice que fue un tiempo de comer algarrobas y freír mondas de patatas…
  • Hasta las cáscaras de plátanos se freían. Las cogíamos de un almacén que había en la calle Luna. Y había unos sobres con polvos que le llamaban tortillas del Tío Nelo. Se disolvía en agua y se comía la masa.
  • ¿Nunca se ha acordado de aquellos tiempos cuando ahora, por ejemplo, se tira tanta comida a la basura sin tocarla?
  • Claro. Nunca en mi vida he tirado la comida. Siempre tengo en la cabeza que habrá personas que la necesitan y estén pasando mucha necesidad.
  • En esa universidad de la vida usted tuvo que ser un alumno aventajado. Porque llegó a ser técnico en Radio Nacional de España.
  • Así es. Aquel trabajo cambió mi vida por completo. Y pude darles carrera universitaria a mis tres hijos. Algo que nunca pensé poder hacerlo.
  • Y en Radio Nacional de España vivió la operación Clavel. Que día más negro fue aquel ¿no?
  • Fue una de las primeras retransmisiones que hice. Y fue un día negro para Sevilla. Tengo en la memoria el sonido de las sirenas, los isocarros con los heridos y cómo los dejaban en el ambulatorio que había en el Prado.
  • También le pilló la muerte de Franco.
  • Aquella noche hubo servicios especiales, toda la noche en la radio pendientes de qué noticias podían surgir y fue una madrugada repleta de nervios.
  • El 23-F le cogió en Jaén haciendo un programa de Semana Santa.
  • Así es. Pero también estuvo presidida por los nervios. Hablé con el director, con José María Durán, que me dijo que me tranquilizara, que todo se estaba controlando. Yo iba en un coche oficial que dejamos en Capitanía en Jaén. Lo recogimos al día siguiente.
  • Déjeme que recordemos algunos de los grandes profesionales de aquella radio. Empecemos por Agustín Embuena.
  • En la servilleta de un bar te hacía un guion de radio. Creó el Tenorio en varias versiones y fue un profesional como la copa de un pino.
  • Con Agustín Navarro en el campo del Betis firmó usted una tarde gloriosa
  • El árbitro pitó un penalti. Agustín era muy bético y no estaba de acuerdo con el árbitro. Me pidió que le abriera el micrófono y dijo: yo Agustín Navarro, con DNI tal y tal, digo que este árbitro es un hijo de puta…
  • Usted estuvo al frente de dos gabinetes de prensa de evidente trascendencia. El primero el del Consejo de Cofradías. ¿Sigue pensando que l o de las carreritas fue sólo una gamberrada?
  • Sí, sí, por supuesto. Muy bien organizada pero una gamberrada. No creo que tuviera carácter político. Fueron gentes críticas con la Semana Santa.
  • Y fue también responsable del gabinete de prensa de la hermandad rociera de Almonte. ¿Qué recuerda de Juan Pablo II?
  • Yo organicé su llegada al Rocío. Concedimos no sé cuántos permisos de prensa y colocamos una infinidad de máquinas de escribir en la casa hermandad. Te puedo decir que el presidente de la hermandad matriz, Ángel Díaz de la Serna, fue el bastón del Papa, sobre él se apoyó Juan Pablo II para subir las escaleras de la ermita.
  • Lo más extraño que ha vivido con la Blanca Paloma…
  • Una noche, con la ermita cerrada y sentados los santeros, escuchamos llamar a la puerta y era un señor mayor que quería entrar porque su señora quería hablar con la Virgen. ¿Y su señora dónde está? le preguntamos. En casa, dijo. Le dieron paso, se arrodilló, sacó un móvil del bolsillo, marcó y se le oyó decir: habla que la Virgen te está escuchando.

Vendió leche para desayunar gratis; trabajó en una tienda de alimentación haciendo paquetes de garbanzos y chícharos; fue chico para todo en un bufete de abogados y se defiende de los durísimos recuerdos de su infancia olvidando. Radio Nacional de España cambió el signo de su vida. Y como técnico trabajó al lado de las grandes figuras de la época: con Emilio Segura, con Agustín Embuena, con Agustín Navarro. Con Jesús Quintero «El Loco» vivió en una carretera de Aracena cómo olvidaba un sobre abultado de dinero en la baca del coche y el viento lo echó a volar. Dice que en San Lorenzo, su lugar preferido de Sevilla, tiene su médico, su consejero y su Cristo: tres en un Cisquero. Suma noventa años y una vida repleta de días de radio.

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