Radio Nacional de España registró a finales de 2020 uno de sus peores datos de audiencia de los últimos 20 años



Radio Nacional de España

Fernando Cano escribe en elespanol.com:
Dos de la tarde del 8 de marzo de 2021, boletín de Radio Nacional de España (RNE). La presentadora se apresura a dar paso a una reportera que está apostada en la Puerta del Sol cubriendo una manifestación de «medio centenar de mujeres» contraviniendo las recomendaciones establecidas para cualquier acto relacionado con el 8-M.

«Medio centenar de mujeres se concentraron en la Puerta del Sol aunque ahora solo queda una docena dispersa por el lugar. Hace una hora dos personas se han puesto a cantar el Cara al Sol frente a ellas y una le ha pegado a las manifestantes», dijo la periodista y acto seguido dio paso a las declaraciones de una de las afectadas.

«Una mujer, que era una facha, se puso a cantar el Cara al Sol. Le hemos empezado a decir fuera, y entonces la señora que iba con una bandera en la mascarilla se quita la mascarilla y nos da con un bolso a cada una. Nos pone en riesgo sin mascarilla y nos ataca», concluyó la manifestante afectada.

«Ahora hay total tranquilidad y han acabado los cánticos», cerró su intervención la periodista. Esta sucesión de acontecimientos anecdóticos es un buen reflejo de la realidad actual de RNE: politización, sin rumbo, sin peso informativo y sin impacto real en el ecosistema mediático español.

Es verdad que la crisis de Radio Nacional de España (RNE) no es nueva, pero nadie duda de que ha ido a más desde la llegada de Rosa María Mateo a RTVE en verano de 2018. El mejor síntoma que refleja la gravedad de este enfermo es su audiencia: en el Estudio General de Medios (EGM) de diciembre registró 1.026.000 oyentes de media diaria.

Fue el peor dato en doce años desde que en abril de 2008 llegó a los 1.002.000 oyentes; y fue el segundo más bajo en al menos dos décadas. A comienzos de siglo, RNE superaba holgadamente los dos millones de oyentes por encima de Onda Cero, el doble de lo registrado al finalizar 2020.

Incluso en la primera ola de 2018, meses antes de la llegada de Rosa María Mateo, se quedó en los 1.518.000 de seguidores. Hoy, está a 700.000 seguidores de Onda Cero, a 2,2 millones de Cope y a 3,3 millones de Cadena SER. La irrelevancia absoluta.

No es casualidad que los oyentes se alejen de la radio pública y las razones que argumentan a Invertia cinco profesionales vinculados en el pasado y en el presente a la radio pública son similares: politización, sectarización y purgas ideológicas que le han llevado a perder credibilidad y peso en la agenda informativa de España.

«La herencia de Rosa María Mateo en RNE es clara y muy similar a la que ha dejado en TVE y pasa por audiencias históricamente bajas e irrelevancia. Para nadie es un misterio que RNE ya no está en la agenda de nadie», dice un directivo de una cadena de la radio privada que ve como en los últimos años la emisora ha ido languidecido lentamente.

Una situación con la que coinciden otras fuentes consultadas, la mayoría de ellos exdirectivos de RNE. «La politización y la cercanía de muchos redactores a Podemos y al PSOE opera en las redacciones de RNE igual que lo hace en los informativos de TVE, lo que quiere decir que las informaciones siempre favorecen y perjudican a los mismos, restando una enorme credibilidad a una cadena pública», dice uno de ellos.

«Fiscalización de contenidos por parte de los sindicatos», dice otra fuente consultada que ha trabajado en la cadena y que advierte de la «podemización» de los contenidos. «La influencia de RNE, en cuestión de contenidos informativos fue declinando y perdiendo enteros por la manipulación y purga de grandes profesionales que, a día de hoy, hacen las labores propias de estudiantes en prácticas. Un declive muy complicado de resolver y que, según muchas opiniones, no tiene vuelta atrás», dicen estas fuentes.

Estos mismos exdirectivos indican que esta manipulación no solo ha llegado a los informativos, sino también en los magacines de mañana y tarde, que son «una loa continuada a la labor del Gobierno y de sus correspondientes ministerios. Y, naturalmente, un ataque continuado a la labor de los partidos de la Oposición».

La purga ha llevado a muchos destacados profesionales, con décadas de responsabilidades importantes en gobiernos de centro (UCD), derecha (PP) e izquierda (PSOE), al arrinconamiento más absoluto. «Los purgados por el «sanchismo» en RNE son más de treinta profesionales», indican las fuentes consultadas.

El caso es que si echamos atrás la vista, la cadena de radio pública ha tenido dos equipos directivos diferentes solo en dos años y medio. Rosa María Mateo nombró en 2018 a Paloma Zuriaga como directora y a Raúl Heitzmann como director de informativos.

No obstante, en verano de 2020 el director de Información y Actualidad de RTVE, Enric Hernández, realizó una verdadera revolución nombrando a Ignacio Elguero como nuevo director de Radio Nacional de España, un hombre de la casa vinculado a sectores más progresistas.

Posteriormente, Elguero nombró a Mamen del Cerro directora de informativos, que en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero (2004 a 2008) ya desempeñó este cargo, primero como subdirectora y más tarde como directora.

Todas las fuentes consultadas por este periódico indican que estos cambios han tenido un solo objetivo: el control de Enric Hernández de todos los resortes de la cadena pública, profundizando en la politización y dejando la puerta abierta al control de las facciones afines a Podemos, que también están ganando mucho peso en los informativos de TVE.

De hecho, muchos de estos trabajadores de la casa, algunos todavía con puestos directivos añoran los tiempos de Juan Ramón Lucas, cuando la cadena de radio pública compitió de igual a igual con las privadas e incluso desde una ideología más progresista. «Era una perspectiva socialista moderada, lo que hoy hay es ‘podemismo’ extremo, que se refleja demasiado en la parrilla y aleja a los oyentes», dicen estas fuentes.
El ‘efecto’ Juan Ramón Lucas

Lucas fue el responsable de En días como hoy, matinal que se emitió entre 2007 y 2012 con 1.429.000 oyentes, 279.000 más de crecimiento (24,2% más) en su último año en antena. Una mezcla de presiones sindicales -que nunca le perdonaran que fuese un externo de la casa- y políticas -cercano al ‘zapaterismo’- hicieron que abandonara la cadena, pese a cosechar los mejores éxitos de audiencia y de credibilidad en una década.

El periodista se llegó a consolidar como tercera opción en las mañanas de la radio española, por detrás de Carles Francino y Carlos Herrera. Hoy, Iñigo Alfonso y Pepa Fernández son la cuarta opción con apenas 809.000 oyentes, a 400.000 de Carlos Alsina de Onda Cero, a 1,6 millones de Carlos Herrera en Cope y a 2,2 millones de Àngels Barceló en Cadena SER.

Es la actual realidad de RNE. El peor contexto para recuperar la credibilidad perdida y empezar a liderar la postergada digitalización de la radio pública. Será una de las principales tareas del nuevo presidente de RTVE, José Manuel Pérez Tornero. Precisamente uno de los puntos importantes de su programa es recuperar la radio pública. Tiene mucha tarea por delante.

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