Las ondas, la primera red social de la historia



En el Día Mundial de la Radio, Nacho Barrio descubre el mundo de la radioafición desde leonoticias.com:
Entrar en la habitación de Miguel Ángel Yugueros es sumergirse en un mundo en el que la radioafición abre la puerta a lugares recónditos del universo | En el Día Mundial de la Radio, algo menos de medio centenar de intrépidos radioaficionados mantiene en la provincia viva la llama de una afición que consideran que es ‘la primera red social de la historia’.

Las cuatro paredes que rodean la habitación guardan la magia de una afición que no tiene fecha de caducidad. Con el ruido típico de las conexiones por radio, alguien al otro lado confirma su número de licencia y repite el de Miguel Ángel, que atiende micrófono en mano tras atinar con la frecuencia de onda. Desde allí ha conectado con todo el mundo, incluso con astronautas en misión espacial. «Cuando lo digo la gente piensa que estoy loco, pero es real. He podido comunicarme con ellos a través de mi equipo».

Podría ser una habitación más de una vivienda en La Virgen del Camino, pero aquí se genera la magia de la radio en su expresión más pura. Los radioaficionados sobreviven en León haciendo bandera de la que aseguran que es «la primera red social de la historia».

Miguel Ángel Yugueros es el presidente de la Unión de Radioaficionados de León (URLE) y de la sección de la Unión de Radioaficionados Españoles en León (URE). En su habitación, recién reformada, reposan los equipos con los que logra conectarse con cualquier parte del mundo.

Una afición de juventud
«Por regla general yo creo que esta afición nace o bien por la inquietud en las comunicaciones, si te gusta la técnica o la electrónica, o por herencia», confiesa tras abrir su casa a leonoticias. Él recibió este ‘hobbie’ de su padre, comenzando a emitir comunicados y a ‘meter cuchara’ (como llaman en el argot a intervenir en una conversación en las ondas) a la edad de 14 años.

De hecho, como la primera red social del mundo que es, en las ondas conoció hace unos cuantos años a su mejor amigo. «Vivíamos en Gijón, yo con mi emisora y él con la suya, por lo que coincidimos y fuimos hablando hasta ser amigos del alma».

Miguel Ángel pide un saludo para los amigos periodistas que hoy visitan este templo de la radioafición en La Virgen del Camino. Un ‘paisano’ de la provincia de Cuenca recoge el guante y manda recuerdos, para seguir en la rueda hablando de todo y de nada.

La primera red social de la historia
«Cuando esto comenzó, en los años 80, consistía básicamente en conocer a gente nueva», rememora Miguel Ángel. Por aquel entonces España contaba con cerca de 60.000 licencias (es necesario solicitarla y pasar una prueba para conseguirla), mientras que ahora no pasan de 30.000.

Acompañado de Juan Carlos Llamazares, un histórico de la telegrafía, recuerda cómo contactó con los astronautas de la Estación Espacial hasta en tres ocasiones. «Es complicado en cuanto a que la Nasa o la Agencia Espacial Europea lo tienen muy restringido, pero está en su agenda el comunicarse con radioaficionados porque es un sistema que, si todo falla, sigue ahí», explica.

En la mesa se mezcla lo ‘vintage’ con las últimas tendencias. Allí reposa un equipo longevo americano que, con cuarenta años de vida «funciona casi mejor que uno nuevo». Equipos de HF para larga distancia y VHF (para comunicados más cercanos) comparten espacio con una pantalla que marca la trayectoria de la estación espacial y las zonas horarias del planeta.

El misterio añadido
La afición, como puede adivinarse, fue propicia en el confinamiento. «Yo no pude conectarme mucho por motivos profesionales porque me tocó trabajar, pero tenía a compañeros haciendo muchas horas de radio. Aprovecharon seguro para hacer comunicados pendientes, de esas de ‘a ver si consigo contactar con la Antártida’».

Con cerca de 230 entidades (los países en el mapa político), por delante siempre está el reto de establecer comunicación con todos ellos, ya sea por radio o por vía telegráfica. De hecho, coleccionan las tarjetas QSD, que certifican el contacto establecido con lugares tan recónditos como las Islas Sandwich o las bases polares militares.

Y claro, también hay espacio para el misterio. Ambos aseguran haber dado con lo que califican como «señales raras», como el conocido como ‘el zumbador’ (que emite un sonido repetido de forma constante), o esas emisoras que lanzan series de números o mensajes inentendibles. «Muchas veces son de servicios secretos, porque para las agencias de información es socorrido comunicarse con los espías de esta manera, así no les detectan», apuntan los dos amigos.

Desde un rincón de La Virgen del Camino las paredes no son barreras para conectar con todo el mundo, haciendo real la magia de unas ondas que sobreviven a todos los avances posibles.

El morse, una técnica inmortal
En su tiempo libre, Juan Carlos Llamazares se carga con su equipo y sube hasta los picos más altos de León para comunicar su posición… A través de morse. Este veterano radioaficionado, uno de los grandes telegrafistas de León, mantiene viva esta vía de comunicación con el exterior que a día de hoy sigue teniendo adeptos.

Con pulsaciones más cortas y más largas, Juan Carlos transmite mensajes a cualquier parte del globo, siendo de los aficionados más reconocidos en cuanto a cumbres conquistadas (y telegrafiadas).

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