Las 10 frases más atroces de Queipo de Llano en Radio Sevilla: «Matad como a un perro al afeminado»

Queipo de Llano

Las ha recopilado Israel Viana para ABC: El famoso general franquista, responsable de la represión en la capital andaluza durante la Guerra Civil, comenzó su serial de soflamas violentas el mismo 18 de julio de 1936 y se prolongó hasta bien entrado 1937.



En la madrugada de este jueves, la familia de Gonzalo Queipo de Llano se dio cita en la basílica de la Macarena, en Sevilla, para exhumar los restos del general franquista que dirigió el golpe de Estado y la posterior represión en la capital andaluza. Se cierra así una polémica que lleva años enfrentando a los habitantes de la ciudad y llenando páginas en los periódicos españoles. En 2009 ya se eliminó de la tumba las referencias a su condición de teniente general y la fecha en que se inició la rebelión militar contra la República.

Hace un mes, con la aprobación de la Ley de Memoria Democrática, el Gobierno de Pedro Sánchez solicitó finalmente a la Hermandad de la Esperanza Macarena que sacaran de allí su cuerpo, el de su mujer y el del también golpista Francisco Bohórquez Vecina en cumplimiento del artículo 38.3 de la citada ley. Salió de la basílica a las 2.20 de la madrugada, entre los aplausos de sus descendientes, vestidos de luto, que fueron respondidos por una mujer que, en solitario y en voz en alta, recitó los nombres y apellidos de algunos represaliados por Queipo de Llano.

Los cálculos más recientes realizados por nueve universidades andaluzas hablan de 45.500 ejecutados en la Región Militar Sur. Al general se le atribuyen 14.000 civiles solo en Sevilla, de los cuales 3.000 habrían sido asesinados en el primer trimestre de la contienda. Queipo de Llano también participó en la llamada ‘Desbandá’, la matanza de otras 5.000 personas que huían de Málaga a Almería en febrero de 1937. Sin embargo, por lo que más se recuerda al militar golpista, todavía hoy, es por los discursos que pronunció desde Radio Sevilla para aterrorizar a los republicanos.

El 18 de julio de 1936, Queipo de Llano se dirigió por primera vez a los andaluces a través de las ondas. Comenzaba un serial de violentas soflamas que se prolongó hasta bien entrado 1937. De entre todas las frases que el general dedicó al enemigo desde la citada emisora, estás son las diez más atroces:

18 de julio: «¡Sevillanos! La suerte está echada y decidida por nosotros y es inútil que la canalla resista y produzca esa algarabía de gritos y tiros que oís por todas partes. Tropas del Tercio y Regulares se encuentran ya camino de Sevilla y, en cuanto lleguen, esos alborotadores serán cazados como alimañas. ¡Viva España!».

23 de julio: «Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser un hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen. ¿No han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen». Y añadía ese mismo día: «Esta mañana ha sido fusilado el comandante de Artillería señor Loureiro, por haber ordenado la entrega de doscientos fusiles y otras tantas pistolas a los marxistas a fin para asesinar a nuestros valientes soldados. La misma pena han sufrido el capitán Justo Pérez y el teniente don Manuel Cangas. También ha sido fusilado el presidente del Sindicato Obrero de la Pirotecnia por haber declarado la huelga y ejercido coacciones sobre los obreros. La misma pena han de sufrir absolutamente todos cuantos caigan en nuestras manos por coacciones a los obreros».

24 de julio: «Hay en Sevilla unos seres afeminados que todo lo dudan, incluso que en Sevilla está asegurada la tranquilidad […]. Esos seres se empeñan en propagar noticias falsas. ¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para acallar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que cuando se tropiecen con uno de esos sujetos lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré».

25 de julio: «Si algún afeminado, algún invertido, se dedica a lanzar infundios alarmistas, no vaciléis en matarlo como a un perro o entregármelo a mí al instante».

Finales de julio: «Ya conocerán mi sistema: por cada hombre de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos. Y los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta y, si están muertos, los volveré matar».

15 de agosto: «Hemos conseguido entrar en Higuera de la Sierra, punto que nos ayudará a aislar las minas de Río Tinto […]. Tengan en cuenta aquellos rebeldes que mientras mayor sea la resistencia que opongan, más duro será el castigo que reciban. Y como sé que están cometiendo crímenes, les recuerdo que tengo aquí setenta mineros de Río Tinto sobre los que puedo ejercer represalias, si lo estimase preciso».

20 de agosto: «En Barcelona, después de tener tres Gobiernos distintos, parece que se ha proclamado el marxismo integral. ¿Qué habrá sido de Companys y demás que le rodeaban? Verdaderamente todos merecían morir degollados como cerdos».

26 de agosto: «Ayer han vuelto los aviones rojos a Cádiz y en un nuevo bombardeo han causado seis muertos y veintidós heridos […]. Bien a pesar mío, he dado órdenes para que sean detenidos todos los familiares de tripulantes de la escuadra pirata, que había en la región; y serán inexorablemente fusilados cinco de ellos por cada víctima que causen los bombardeos aéreos».

Nochebuena de 1936: «Será necesario establecer también campos de concentración a los que vayan a parar todos aquellos que están envenenando España. Será la única manera de que podamos vivir en paz las personas decentes y patriotas».

1 de febrero de 1937, por la ‘Desbandá’: «Sí, canalla roja de Málaga… ¡Esperad hasta que llegue ahí dentro de diez días! Me sentaré en un café de la calle Larios bebiendo cerveza y, por cada sorbo que dé, caeréis diez. Fusilaré a diez por cada uno de los nuestros que fusiléis, aunque tenga que sacaros de la tumba para hacerlo». Y añadió: «¡Malagueños! Me dirijo en primer lugar a los milicianos engañados. Vuestra suerte está echada y habéis perdido. Un círculo de hierro os ahogará en breves horas, porque si por tierra y aire somos los más fuertes, la escuadra leal a la dignidad de la patria os quitara toda esperanza de huida, ya que la carretera de Motril está cortada».

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