La Liga deja fuera de los estadios a las radios locales



Cabina en Mestalla

A raíz de la limitación del número de emisoras de radio que podrán narrar los partidos desde las cabinas de los estados, José Ricardo March ha rememorado en Las Provincias y en clave valencianista los primeros años de las transmisiones desde Mestalla.

El 27 de noviembre de 1929 la Peña Radio Valencia instaló en la tribuna de Mestalla el primer equipo radiofónico permanente que existió en el estadio. Apenas unos meses atrás, en febrero, Unión Radio había colocado una línea microfónica para que toda España pudiera seguir, pegada a los hermosos Telefunken de la época, la famosa ‘final del agua’ en la que el Espanyol dio sopas con honda al Real Madrid. La experiencia, muy satisfactoria, dio alas al activo colectivo de radioaficionados de Valencia para dotar al recinto de un sistema de comunicación. Dicho y hecho. El equipo transmisor, parangonable en calidad y potencia al que había en Montjuïch, fue inaugurado durante un intrascente Valencia – Benlliure en el que los trece goles marcados por los blancos impresionaron bastante menos que el sonido que salía de los tres nuevos altavoces.

La inauguración de la estación emisora en Mestalla causó un impacto tremendo dentro y fuera de Valencia. Gracias a esta innovación tecnológica el Valencia se convirtió en el primer club de España en radiar a su público los partidos que se disputaban en la distancia. Así, cuando el primer equipo del Fe-Cé jugaba fuera, Mestalla abría sus puertas y, mientras se celebraba algún partido del conjunto reserva, se relataban a través de los altavoces las vicisitudes del encuentro verdaderamente importante, reproduciendo para ello la señal de otras emisoras o facilitando al público la información que se recibía por radio. La instalación también permitía transmitir desde el estadio, lo que permitió, por ejemplo, la emisión de mítines políticos durante la República.

Desde aquel mágico y optimista 1929 los sonidos llegados de Mestalla han formado parte de la cotidianeidad de varias generaciones gracias a la radio. A las inflexiones de Santiago Carbonell ‘Sincerátor’, primer relator de eventos deportivos para Unión Radio Valencia, se unieron tras la guerra las de José Simón Barceló, Miguel Domínguez y José Manuel Hernández Perpiñá, quienes describieron el paisaje y paisanaje local con sobriedad y originalidad. Lo hicieron, inicialmente, desde pequeñas emisoras locales que posteriormente serían agrupadas en cadenas estatales.

Hoy las instalaciones radiofónicas de Mestalla son muy diferentes a las que utilizaron aquellos pioneros. La vieja cabina, desaparecida con motivo de la macrorreforma de los cincuenta, dio paso, con las sucesivas transformaciones del estadio, a una hilera de pequeños espacios que se abren bajo el voladizo de tribuna. En días de partido es un espectáculo observar la gestualidad de los relatores al tiempo que un torrente de voces se desparrama por las ondas. Un llamativo y colorista ecosistema que la Liga busca laminar con la excusa de guardar precaución en tiempos de pandemia: la muy arbitraria selección de emisoras escogidas para narrar partidos en estos días esconde, seguramente, la voluntad de apagar voces disidentes o poco amigas y el deseo de que el pez grande se coma de una vez por todas al chico.

A la hora de seguir los partidos por la radio prefiero, lo confieso, el relato en clave valencianista, el discurso de quien no ha de someterse a los dictados que llegan desde un Madrid que se permite mirarnos con demasiada frecuencia con displicencia, altanería y desprecio. Por ello y por la impagable labor que realizan en diversos ámbitos nuestras emisoras locales, creo que la defensa de las radios valencianas y sus profesionales ante esta nueva injusticia habría de ser una causa abrazada por todos.

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