26.10.2026.- Jesús Mata cuenta en marca.com que Jesús Villajos, máximo mandatario del Sporting de Alcázar, equipo manchego de Preferente, analiza con MARCA la eliminatoria ante el equipo blanquiazul.
La música, de hecho, no es una simple afición en su vida: «La música es una de mis pasiones», reconoce, y quizá por eso ha terminado convirtiendo también el fútbol en una cuestión de sonido, ambiente y emociones. Lleva más de dos décadas poniendo música y, cuando se lo recuerda, lo resume con una mezcla de orgullo y vértigo: «Para bien o para mal me viene bien decir que tengo 20 años de experiencia poniendo música», aunque enseguida admite que para otras cosas solo puede pensar «cómo pasa el tiempo».
Hay una canción que suena antes de los partidos del Sporting de Alcázar y otra que queda reservada para después. La primera es Thunderstruck, de AC/DC; la segunda, Sweet Child O’ Mine, de Guns N’ Roses. Entre una y otra caben 90 minutos de fútbol, pero también buena parte de la vida de Jesús Villajos, presidente del Sporting de Alcázar, locutor de radio, DJ, speaker y hombre de mil oficios. El mismo que un día empezó poniendo cafés y recogiendo vasos y que ahora se encuentra preparando una eliminatoria de Copa del Rey contra un Primera como el Málaga.
Mucho antes del despacho de presidente, del micrófono del speaker o de la cabina de DJ hubo una pequeña grabadora de cinta. Villajos era un niño y ya tenía claro que quería estar cerca de los medios de comunicación. La llevaba consigo y registraba lo que ocurría a su alrededor, desde lo que compraba su madre en el mercado hasta lo que hacían durante las vacaciones. «Desde entonces recuerdo que he querido estar en donde estoy», cuenta ahora, echando la vista atrás y conectando aquella primera inquietud con todo lo que vino después. También estaba el fútbol, claro: los domingos acudía al campo con sus amigos para ver al Gimnástico de Alcázar -extinto equipo de la localidad de 1930 a 2015- y, como él mismo recuerda, vivió «lo mejor y también lo peor» del deporte de su pueblo antes de llegar al momento actual, que considera uno de los puntos más altos.
Como compaginaba los estudios por la mañana, por la tarde trabajaba en radio aprendiendo y el fin de semana tenía que ganarme un duro de alguna manera.
La vida, sin embargo, no se construyó de golpe. A los 15 años empezó a poner cafés los fines de semana mientras estudiaba; en verano recogía vasos en terrazas de discoteca, vendimiaba y trabajaba en bodegas, y desde los 19 empezó a servir copas en los locales de moda de Alcázar. De lunes a viernes estudiaba y por las tardes trabajaba en Canfali Radio, donde fue aprendiendo un oficio que ya le atraía desde niño. “Como compaginaba los estudios por la mañana, por la tarde trabajaba en radio aprendiendo y el fin de semana tenía que ganarme un duro de alguna manera”, explica. Aquella necesidad de compaginarlo todo fue precisamente la que acabó empujándolo hacia la música: empezó poniendo copas y, una noche, alguien le dijo que se metiera en la cabina porque el DJ no había llegado: «Oye, ponte, que no ha venido el DJ. Ponte tú a poner música». Y se puso. Lo que podía haber quedado en una sustitución terminó convirtiéndose en más de 20 años detrás de una mesa de mezclas.
La radio, mientras tanto, siguió tirando de él. Después de Canfali llegaría El Semanal de La Mancha, que cofundó junto a varios compañeros cuando cerró la emisora, y con los años se fueron acumulando los micrófonos: secciones musicales en SER Alcázar, galas, entregas de premios, retransmisiones deportivas, partidos como speaker de Adepal y Soliss Alcázar Basket, comentarios televisivos del Gimnástico y tertulias como Pista a Pista, en la tele local. En su trayectoria hay una constante bastante evidente: contar lo que ocurre y ponerle sonido. Y quizá por eso no sorprende que, cuando habla del Sporting, también lo haga desde la música.
Más de una década ligado al fútbol
Villajos empezó a ayudar al Sporting en 2015, cuando el club todavía estaba dando sus primeros pasos. Redes sociales, música, megafonía, papeleo, lo que hiciera falta. No llegó pensando en ser presidente ni con una hoja de ruta que acabara en el despacho que hoy ocupa; llegó, sencillamente, a echar una mano. Para él, además, el proyecto necesitaba reconstruir varias cosas a la vez. «El Sporting arrancó un poco de culo», admite con una sinceridad muy suya, porque la situación inicial era complicada y pronto tuvieron que corregir la trayectoria. No había demasiada masa social, los patrocinadores llegaban después de una época difícil para el deporte local y faltaba recuperar una confianza que, en Alcázar, había quedado tocada tras la desaparición de otros proyectos deportivos.
El Sporting arrancó un poco de culo
La solución, explica, pasaba por conseguir que todas las piezas funcionaran a la vez. «Tiene que haber cuatro patas importantes para que un proyecto salga adelante y, si una pata falla, pues algo cojea», cuenta, enumerando entre ellas la masa social, los niños, la cantera, la continuidad de la directiva y la confianza de la gente. Aquello se convirtió en el trabajo de cada día y también en la razón por la que terminó asumiendo la presidencia en 2020. Desde entonces, el presupuesto del Sporting ha pasado de unos 30.000 euros a alrededor de 160.000, pero Villajos mira esas cifras con los pies en el suelo porque sabe que hacer crecer un club no consiste únicamente en gastar más. «El dinero es efímero», advierte; puede desaparecer «en un año, en una mala gestión de un momento determinado», y entonces toca volver a empezar. Por eso, cuando piensa en lo que puede dejar la Copa, no se queda solo con la taquilla o los derechos de televisión: quiere que aquello que llegue pueda convertirse en una base para seguir creciendo.
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Ahí aparece otra de las claves de su forma de entender el Sporting. El presidente no habla de un proyecto profesionalizado en el sentido más frío de la palabra, sino de un grupo de gente que pone su tiempo y sus conocimientos al servicio del equipo de su pueblo. «Los que estamos aquí es por amor al arte», dice, antes de explicar que son personas a las que les gusta el fútbol de Alcázar y que intentan aportar «un granito de arena» desde las distintas facetas de sus vidas. Esa mezcla de voluntariado, pasión y ambición es la que ha permitido que el club avance hasta una situación que, hace unos años, parecía mucho más lejana.
El fútbol copa ahora la mayor parte de su tiempo
El precio, claro, son las horas. Ser presidente de un club mientras se mantiene una vida profesional al margen significa que siempre hay algo pendiente: una llamada, un patrocinador, un papel, un partido, una gestión o una decisión que tomar. La Copa ha multiplicado todavía más esa sensación. «Ahora mismo yo creo que está copando todo mi momento de vida, de organización, de todo, está siendo el fútbol, sin lugar a dudas», reconoce. Y, sin embargo, cuando se le pregunta por el esfuerzo, no parece especialmente interesado en hacer una lista de sacrificios. Prefiere hablar del objetivo: «El reto es mucho más bonito que el sacrificio».
El reto que tengo en el club es mucho más bonito que el sacrificio que hago por él
Ese reto, además, no nació con el Málaga. El Sporting llevaba tiempo intentando construir una masa social más fuerte antes de pensar en acelerar los resultados deportivos. Villajos cuenta que incluso miraban otros proyectos como referencia y que, aunque pudiera sonar pretencioso, no querían precipitar el ascenso. «Queríamos hacer por lo menos este proceso de 2-3 años de enganchar a la gente”, explica. La idea era conseguir que el público volviera al campo, que creciera el número de socios, que los patrocinadores recuperaran confianza y que todo eso acabara formando una base suficientemente sólida como para que, cuando llegara la oportunidad, el club pudiera aprovecharla. «Que se cree una masa social más importante», insiste, porque ese crecimiento es el que permite que después una plantilla competitiva, una cantera y una estructura directiva tengan dónde apoyarse.
La Copa ha llegado como una consecuencia de ese camino y, al mismo tiempo, como una aceleración inesperada. De repente, todo aquello que se había ido construyendo durante años se concentra en un partido contra el Málaga. El premio económico importa, por supuesto, pero Villajos no quiere que el dinero de una noche resuelva únicamente una temporada. Su objetivo es que “no caiga en saco roto, que no se vaya en un año o en dos» y que sirva para continuar una trayectoria ascendente.
Optimismo, sin miedo y mirando hacia adelante
Todo ese proceso tiene una frase que parece escrita para resumirlo. Villajos la pronuncia casi con naturalidad, como quien habla de una ley básica del deporte: «Para ganar una vez hay que perder 500, y nosotros hemos perdido 500 y estamos a ver si puede ser ahora. Estamos buscando ese día”. Lo interesante es que ni siquiera él sabe si ese día será contra el Málaga. Puede ser ahora, puede ser dentro de unos meses, puede ser en otro momento. “No se sabe cómo va esto”, reconoce. Lo que sí tiene claro es que el Sporting sigue exactamente en el camino que imaginaba cuando empezó a trabajar en el proyecto: “Estamos en el proceso de seguir fraguando lo que me imaginaba hace unos cuantos años”.
Para ganar una vez hay que perder 500, y nosotros hemos perdido 500, y estamos a ver si puede ser ahora
Por eso el sorteo del Málaga no le asustó. Había rivales con más nombre, claro, pero Villajos dice que cree en lo que puede ocurrir y que veía con buenos ojos enfrentarse a un equipo de una ciudad con la que, además, el Sporting mantiene algunas conexiones. Uno de sus patrocinadores es malagueño, conocen a gente de allí y recuerda que en otra eliminatoria, contra Talayuela, las relaciones entre ambos clubes también terminaron convirtiéndose en un pequeño talismán. Y de ahí sale otra de esas frases que solo funcionan porque, al mismo tiempo que parece consciente de la dificultad, se niega a cerrar la puerta al sueño: “Pues lo mismo se puede repetir, ¿por qué no?”
La prudencia vuelve enseguida. Sabe perfectamente que el Málaga es un rival de mayor categoría y que, en condiciones normales, la lógica está del otro lado. Pero también sabe que una eliminatoria de Copa tiene algo de juego de posibilidades, de puerta abierta. “Lo mismo podemos dar una campanada y entonces ya sería el hito histórico”, desliza, antes de rebajar el tono con una sonrisa y reconocer que todo eso también es una manera de permitirse soñar: “Estamos soñando, pero también hay que decir que estas cosas de vez en cuando no vienen mal porque esto se trata de disfrutar».
El recuerdo de Maradona de hace 34 años
En Alcázar, además, saben que una noche de Copa puede quedarse en la memoria mucho después de que desaparezca el resultado. La referencia está en 1992, cuando el Gimnástico se enfrentó al Sevilla de Bilardo -y de Diego Armando Maradona- en una eliminatoria a doble partido. Villajos tenía diez años y pertenece a esa generación que creció con aquella historia. Ahora mira a los niños que acompañan al Sporting y reconoce en ellos una parte de lo que sintió entonces: «Veo lo que ahora pueden sentir los niños que acompañan al equipo y que pueden venir y disfrutar de un ambiente como aquel del cruce ante el Sevilla».
La memoria sigue viva, además, en quienes estuvieron allí. Los socios más veteranos le recuerdan anécdotas, le hablan de cómo se vivió aquella eliminatoria y le ayudan a reconstruir una atmósfera que él recuerda desde la mirada de un niño. «Siempre me recuerdan constantemente, anécdotas de ese día, de lo que se movía”, cuenta. El fútbol ha cambiado y él lo sabe: la Primera de entonces y la actual «no tienen absolutamente nada que ver», pero hay algo que sí permanece. El aficionado veterano sigue sintiendo aquello “con nostalgia y con ilusión”, y Villajos reconoce que escucha especialmente a quienes acumulan décadas de fútbol a sus espaldas: “Yo siempre estoy, soy todo oídos para gente con tanta experiencia y con tanta vivencia”.
Queremos que esto sirva para volver a retomar lo que en Alcázar se había perdido, que era esa afición que está habiendo ahora por el fútbol.
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